ARQUITECTURA INTERNACIONAL | EL MERCADO DE ROTTERDAM | #173 ABR 2013
El mercado de la vida

Rotterdam Market Hall, un híbrido de mercado y bloque de departamentos se erige
como un intento por parte de esta ciudad holandesa por repoblar y dar más movimiento
al centro urbano, relegado a ser habitáculo de oficinas desde la destrucción sufrida
durante la Segunda Gran Guerra.

Las bombas destruyen, aniquilan cosas. Dejan mansuetos paisajes y perplejas caras, además de muerte por doquier. En el amanecer de la Segunda Guerra Mundial, el 14 de mayo de 1940, casi todo el centro de la ciudad holandesa de Rotterdam fue devastado por un bombardeo alemán que duró poco más de 15 minutos. Más de 24.000 edificios fueron reducidos a cenizas. Alrededor de 800 personas fallecieron y 80.000 perdieron sus hogares. Pero, de algún modo, los tiempos corren y hasta las ruinas más desoladas pueden usufructuar el paso de los años y convertirse en grandes ciudades. Así sucedió con Rotterdam, la Manhattan del Mosa, que de la nada se ha ido transformando en la ciudad más moderna de Europa. Una urbe parlanchina.
Al menos es símbolo de esta búsqueda revitalizadora el proyecto Rotterdam Market Hall, un híbrido de mercado y bloque de departamentos en manos del estudio MVRDV y Provast, que cuenta con una inversión pública de 175 millones de euros. Esta innovadora y representativa idea se erige como un intento por parte de esta ciudad holandesa por repoblar y dar más movimiento al centro urbano, enajenado y relegado a ser habitáculo de oficinas desde la destrucción sufrida durante la Segunda Gran Guerra.
Emplazado al lado de la iglesia Laurens -único edificio medieval de estilo gótico hecho con piedra entre 1449 y 1525-, el Market Hall se comenzó a construir en noviembre de 2009 y se espera que sea finalizado en 2014. Se trata del primer mercado cubierto de Holanda, que tendrá una superficie total de 100 mil metros cuadrados.
Debido a la debilidad del terreno, para el trabajo de cimentación de este complejo destinado al mercado de alimentos, vivienda y ocio se utilizó cemento subacuático y 3.500 camiones. Además, el proceso de excavación y saneamiento fue realizado a un ritmo pausado, ya que se encontraron numerosos restos arqueológicos. Superadas estas dificultades, el director del emprendimiento arquitectónico, Jacob van Rijs, aseguró que “la parte más dura del proyecto ha terminado y gracias a ello, la ciudad empieza a ver los primeros pisos del conjunto”.
La vieja y variopinta Rotterdam, fundada a mediados del siglo XIII luego de que una presa fuese construida en el río Rotte, no escatima en arquitectura de calibre. Allí, entre los rascacielos y Europort, el puerto más grande de Europa y el segundo en tamaño del mundo, nace el enorme arco de 40 metros de altura que hace las veces de rostro de este mercado-vivienda de 10 plantas y que contiene 228 departamentos (102 serán destinados a alquiler). En su interior se crea una gran sala que aloja 100 puestos del mercado de alimentos, locales comerciales y restaurantes, además de contener un estacionamiento para 1.200 autos en el subsuelo.
Este arco-fachada está cubierto desde ambos extremos por una delgada lámina de vidrio flexible que, sumado a los tratamientos aislantes, cumple la función de evitar la propagación de efectos no deseados sin perder transparencia ni luminosidad. Durante el día, esta sala techada encierra el mercado, mientras que por las noches se transforma en una plaza urbana donde se lleva a cabo la actividad de los restaurantes y locales del primer piso.
Las paredes interiores del edificio serán recubiertas con cerámica y pantallas de televisión LCD en que se reproducirán grandes imágenes cambiantes de frutas, verduras y diversos productos que se venderán en los puestos.
En cuanto a los departamentos, estos dispondrán de una zona orientada hacia el exterior, en la que se encontrarán los dormitorios y salas de estar; y otra con las cocinas y servicios hacia el interior del mercado, con la intención de vincular ambos conceptos. Aunque los pisos superiores tendrán jardín privado y resultarán más caros, la intención del proyecto es que sean accesibles para lograr el objetivo de repoblar el centro urbano.
Rotterdam no es cualquier ciudad. Poco queda en pie de la arquitectura anterior al bombardeo de la Segunda Guerra Mundial. Casi nada material es antiguo allí. Su relación con el pasado, sus tradiciones y su cultura originaria no se pueden percibir con la vista o el tacto. Si siguen vivas, perviven en el Museo de Historia y, fundamentalmente, en el espirítu de sus habitantes.
Allí, en medio de esa mixtura medieval, moderna y posmoderna que modela una ciudad que está a la cabeza en arquitectura, como Rotterdam, se está construyendo el Market Hall. Entre la iglesia Laurens, las altísimas torres Euromast y Maastoren, la famosa escultura símbolo de la posguerra “La ciudad destruida” -de Ossip Zadkine-, el puente Erasmo y el gran Europort, justo ahí.
Contradicción aparente, lo nuevo para recuperar lo viejo. Este posmoderno mercado y hogar parece buscar revivir la sinergia de las ciudades de la antigüedad -en las que los mercados al aire libre significaban una actividad pública de vínculo ciudadano- a partir de integrar y dinamizar las funciones comerciales del mercado y cotidianas de la vivienda en un mismo espacio cubierto. ©




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