POSTALES | TEATRO COLISEO PODESTÁ | #177 AGO 2013
De historia y de magia

El histórico teatro, uno de los símbolos arquitectónicos de La Plata, fue inaugurado el 19 de noviembre de 1886. Creció al ritmo de la ciudad de las diagonales, fundada apenas cuatro años antes. En la actualidad, en su escenario se presentan tanto obras como grupos musicales.
En 2006 fue restaurado respetando su estilo original.

Si el teatro y su gente tienen un espíritu particular, éste vive en el subsuelo del Teatro Coliseo Podestá. No podría sobrevivir en ninguna otra parte mejor que allí. El olor, las texturas, los colores y la iluminación, los materiales de construcción y la arena, las imágenes, la maquinaria: todo es original. Todo es huella viva de un pasado que expresa el origen circense del teatro. Es testimonio mudo pero significante de toda la prosa y los gestos de una identidad milenaria. En la calle 10 de La Plata –entre 46 y 47- reposa este emblemático tesoro de la ciudad de las diagonales.
Se trata de un teatro en herradura a la italiana obra del uruguayo Carlos Zehndorf, que fue formalmente inaugurado con el nombre de Politeama Olimpo, el 19 de noviembre de 1886, apenas cuatro años después de la fundación de la capital de la provincia de Buenos Aires. Su presentación oficial se produjo con la ópera de Gioachino Rossini “El barbero de Sevilla” interpretada por el tenor Roberto Stagno y la soprano Gemma Bellincioni.


Los inicios y las reinauguraciones

En los inicios el complejo del teatro llegaba hasta la esquina de la calle 47, donde ahora hay un restaurante, y se prolongaba hasta la mitad de la otra cuadra. Toda la esquina era el hotel del teatro. “Las compañías venían en carreta a quedarse un mes, no es que venían una noche y se iban. Se quedaban en el hotel que el propio teatro tenía aproximadamente por un mes. Se subía la famosa banderita roja arriba, en la sala de banderas, para avisar que esa noche había función en el teatro. Y este edificio en aquel momento era uno de los más altos de La Plata. Entonces de toda la ciudad se veía la bandera roja”, explica Mauro Baldino, asistente del Director del Teatro.
Como si se tratara de huellas, sobre los muros del Coliseo Podestá relucen las placas de las diferentes inauguraciones del teatro. En 1886, cuando fue inaugurado, se llamaba Politeama Olimpo (la reinauguración como Coliseo Podestá data de 1920 y se observa la placa original). Tuvo el centenario en 1986, y se lo puso en valor definitivamente en 2006 conservando partes originales del teatro.


La última remodelación

En 2006, en el marco del centésimo vigésimo aniversario del teatro, la Municipalidad de La Plata encaró una refacción completa de las instalaciones. La intervención -particularmente en las áreas más significativas desde los puntos de vista histórico y arquitectónico- se realizó siguiendo los principios teóricos internacionales sobre la conservación del patrimonio, según la Carta de Venecia (1946) para la conservación y restauración de monumentos.
En ese sentido, se respetó la autenticidad del diseño y materiales originales y se tuvo en cuenta que el edificio, en su situación actual, es el resultado de dos instancias básicas, la construcción original de 1886 y la remodelación de 1920. Ambas fueron consideradas y respetadas. No se previó el agregado o incorporación de nuevos componentes, excepto aquellos exigidos por cuestiones y estándares contemporáneos de seguridad, habitabilidad y confort. La intervención se orientó a considerar al edificio en su doble significado de testimonio histórico y expresión arquitectónica y artística de un momento determinado de la historia de la ciudad. Considerando que la intervención de 1920 produjo algunos cambios respecto a la situación original, y que de tal superposición quedan testimonios, puestos en evidencia en 1986, los mismos fueron conservados, de modo de ilustrar acerca del proceso desarrollado a través de los años y permitir, de este modo, una mejor comprensión de la historia y evolución del edificio. En lo que concierne a pintura, se buscó una aproximación a los colores correspondientes a, según los casos, la construcción original de 1886 o la remodelación de 1920.
La estructura del teatro es la original. Lo que se realizó con las refacciones fue cambiarle las chapas. La araña principal de la sala es gigante y se baja con un malacate. Al menos una vez por año la descuelgan para limpiarla y cambiarle las lámparas.
Arriba, se ubica la denominada “parrilla”, que contiene y sostiene las varas de luces del escenario. “Para cada función se prepara y se baja antes a la altura adecuada para la presentación, se dirigen los tachos y durante la función quedan fijos. Esta es la estructura más alta del teatro, arriba de lo que recién describíamos como parrilla”, relata Mauro.

La base del teatro

Originalmente, el teatro era un circo y el escenario no existía, según cuentan los responsables del teatro. “Era todo platea alrededor de la arena”, aseguran.
“Acá vivían originalmente José “Pepe” Podestá y su familia. Era su casa. Esto se fue restaurando a pulmón y todo es original”.
De hecho y con inocultable orgullo señalan que “la tela del techo es la original del teatro” e informan que se conservó a pesar de las remodelaciones.
Durante la recorrida, la Jefa de Prensa del Coliseo Podestá, Susana Quiróz, narró que antes de constituirse como un teatro, “era un circo que se fundó en 1884 propiedad de la familia Podestá” y destacó: “Abajo podemos ver los engranajes que, ya formado el teatro, hacían el movimiento para que el proscenio (parte del escenario más inmediata al público) se corra y se pueda ver la orquesta. Todo eso acá se mantiene, a diferencia de otros teatros. Abajo todavía se mantienen el olor, las texturas, los ladrillos originales e incluso hay fotografías. El origen del teatro es en general el circo, no sólo acá, y los Podestá eran una familia que eran una compañía de circo. Es así que eso se mama, se palma, y eso llevó a que se construya todo lo demás. Toda la gente que viene y visita el teatro, tanto sean las compañías teatrales como el público en general, queda admirado porque es difícil mantener por tanto tiempo y con tanta perfección el estado del teatro. Tiene un olor muy particular, de identificación teatral absoluta”, indicó.

La madrina, China Zorrilla

Dentro del Coliseo Podestá se encuentra el “Salón Dorado China Zorrilla”. Lleva el nombre de la actriz montevideana “porque ella es la madrina y vino a inaugurarlo el 11 de marzo de 2008”, cuenta orgulloso el guía.
El espacio se utiliza para conferencias de prensa, inicios de temporada, presentaciones de libros y hasta pequeños conciertos. “China vino a inaugurarlo con toda su felicidad. Ella es maravillosa. Cuando se dan funciones con los presos de (la cárcel bonaerense de) Gorina -hacen espectáculos una vez por año-, ella está siempre presente en un palco y aplaude de pie. Ella es la madrina de la unidad 12 del penal”, cuentan.


Un museo apto para todo público


Actualmente, el Museo del teatro presta el servicio de visitas guiadas dirigido a todo público y, en particular, a alumnos de todos los niveles con el objeto que se conozca y trascienda la historia de este patrimonio cultural.
Más allá de todo lo que se conserva original, el teatro tiene muchas modernizaciones, como un aro magnético para que las personas con hipoacusia reciban dentro de la sala el sonido directamente en sus audífonos. También fue colocado un telón ignífugo para evitar incendios.
Por el contrario, las maderas son originales del teatro, así como las butacas. Solamente las que se rompieron fueron reemplazadas por butacas de pana, tal como se fabrican actualmente.
“Conservar todo esto de este modo es un trabajo duro del día a día pero se hace con ganas y vale la pena. Para que nos demos una idea, las guardas fueron renovadas pero se hicieron tal cual eran las originales, y por eso ahí tenemos un pedazo de guarda antigua para que se vea que son iguales”, resalta el guía.
La visita al museo consiste en un recorrido no sólo por sectores que utiliza el público de manera regular sino también por aquellos espacios vedados al mismo y que encierran la historia y la magia que posee este lugar, como lo es el Picadero, ubicado por debajo del piso de la Platea (ver recuadro).
“Donde fue la casa de la familia Podestá, ahora funciona el museo. Se pueden ver en pinturas, fotos y esculturas a los dos personajes más famosos de Pepe Podestá, que eran el gaucho Juan Moreyra y Pepino el 88, un payaso que hacía los monólogos políticos de la época. Fueron sus dos personajes más representativos. El museo es la identidad del teatro de la época que cobra vida. El olor, las esculturas, cortinas, butacas, vestuario, premios, placas y homenajes: todo lo que abundaba en el teatro en aquel momento ante cada noche con bandera roja en que Pepe se subía al escenario. Hasta la cocina y el baño de la familia se conservan tal cual eran. Todo tiene al menos 100 años de historia de vida cotidiana y teatro. Resuenan las risas y abunda la atención”, señala.
Por su parte, la Jefa de Prensa del Coliseo Podestá, Susana Quiróz, cuenta que “se está trabajando para recuperar la casa, porque en la década del ‘70 la casa sufrió un incendio. Entonces quedó separada la vivienda de la sala de bandera, esa tan famosa”. “La escalera se hizo nueva, para recuperar el acceso. La original, que era de madera, se perdió”, lamenta Susana.
El paso del tiempo no pasó inadvertido para el Coliseo Podestá, aunque su belleza es imperecedera. Los años lo añejan y lo consolidan. Desde aquel 19 de noviembre de 1886, cuando abrió sus puertas al mundo, se transformó no sólo como un símbolo arquitectónico, sino también como un eterno refugio de la cultura. ©




TXT & FOTOS: Grupo Editorial Metro

MAS FOTOS