INFORME | NIÑOS GENIOS | #177 AGO 2013
Pequeñas mentes brillantes

Para la OMS el 2% de la población infantil tiene un coeficiente intelectual por encima de la media.
Uno de cada 50 chicos califica como superdotado. En lugar de percibirse como un beneficio,
muchas veces los “niños genios” suelen tener dificultades para relacionarse con sus pares
porque sus intereses no son compartidos por los chicos de su misma edad.
Además, en la mayoría de los casos, el aburrimiento y la dispersión son moneda corriente.

Cuando se piensa en niños superdotados, la imagen es la de un pequeño rodeado de libros, con anteojos, resolviendo en un pizarrón una ecuación larguísima repleta de números, letras y símbolos. Probablemente también se asimile a la idea de una pequeña persona tímida, de pocas palabras, aisladas en su propio mundo. Las noticias y la ficción así suelen ilustrarlo. Un “niño genio” terminó su primer año de la universidad a los 13 en Córdoba, anuncia Clarín. Se trata de Kouichi Cruz, quien cursaba, en aquel entonces, tres carreras: Licenciatura en Computación, Licenciatura en Ciencias Económicas e Ingeniería en Computación. Mientras tanto, sus amigos del barrio se adaptaban al desafío de pasar del nivel primario al medio.
Para los cinéfilos es inexorable la referencia a “Una mente brillante”, que narra la vida de John Forbes Nash. Si bien la película protagonizada por Russell Crowe toma como punto de partida el ingreso a la universidad del ganador del Premio Nobel de Economía 1994, la lucha entre su genialidad y la esquizofrenia se inicia mucho antes.
Sin embargo, si se dejan de lado esos mitos, se puede ver que hay muchos más niños superdotados de lo que creemos. Según la Organización Mundial de la Salud, el 2% de la población infantil tiene un coeficiente intelectual por encima de la media, lo que los convierte en superdotados. Este organismo considera que las personas con superdotación son “aquellas que cuentan con un CI superior a 130”.
“Estamos hablando de que hay un chico cada 50 que califica como superdotado”, explica Héctor Roldán, fundador de Creaidea, uno de los pocos espacios de contención para los niños y sus padres. “Sobre este tema no hay muchos lugares para aprender e informarse”, sostiene y agrega: “Hay muchos chicos de los que ocuparse y cuantos más profesionales y docentes haya sería mejor”.

Pequeños curiosos

Cassandra tiene ocho años. Le gusta mucho aprender idiomas. En este momento está estudiando japonés. “Desde muy chica empezó a buscar en internet las palabras y la fonética”, cuenta su mamá, Flavia. La nena mira los dibujitos sin subtítulos y a través de lo que va aprendiendo y las expresiones de los personajes sabe de qué se trata la historia.
Alex tiene siete años y hace cuatro decidió que quería ser “científico inventor”. Es admirador de Albert Einstein y de Tomas Edison. “Está todo el tiempo experimentando cosas, es medio peligroso”, advierte Lorena, su mamá.
Fabriccio tiene diez años y lo que más le gusta es leer. No lo hace obligado por las tareas del colegio, sino por interés. “No quiere estudiar, de hecho no lo hace, se instruye por placer y de acuerdo a sus gustos”, indica su mamá, Ana Paula.
Las tres madres coinciden en señalar que sus hijos desde muy pequeños buscan información de los temas que les interesan, son muy curiosos y no paran de preguntar.
Precisamente la curiosidad es una de las características de los chicos superdotados, y aquí nuevamente hay que aclarar un poco de la mitología alrededor de ellos. “La gente tiene la idea de que estos chicos saben todo, pero no. Son chicos ávidos de conocer cosas, no es que nacen sabiendo”, explica Roldán.
La curiosidad y las preguntas constantes son un rasgo que las tres madres remarcan en particular. “Fabriccio es sobre todo un cuestionador nato, él descree o refuta casi todo argumento, siempre hay algo que no le cierra, y eso me hizo dar cuenta que había algo poco corriente en mi hijo”, dice Ana Paula.
Por su parte, Lorena sostiene que Alex “se cuestiona todo, cosas que quizás uno nunca se preguntó. Por ejemplo, a los tres años me dijo que Dios era un invención de la gente para que las personas se porten bien”.

Los primeros indicios

Una de las razones por las que es tan importante la difusión de esta temática es que la falta de información conspira contra la detección de la superdotación en los niños. Muchas veces se suele confundir con el autismo, una enfermedad de la que tampoco se sabe demasiado. Ése fue el caso de Cassandra. Su maestra de sala de 5 le recomendó a la madre que la llevara al psicólogo porque no lograba integrarse con sus compañeritos.
“La maestra me llama para decirme que Cassandra era una nena con unas características diferentes, que no se integraba al grupo, que era muy poco sociable, que no respondía a las consignas, que las entendía y podía resolverlas pero las hacía de manera diferente. Ahí me sugirieron que podía tener algún nivel de autismo por lo que la derivaron al psicólogo”, recuerda Flavia.
“El diagnóstico descartó el autismo y demostró un percentil mucho mayor a la media y con un coeficiente bastante más elevado que lo esperado para su edad”, indica Flavia.
De todas formas había indicios para saber que la pequeña Cassandra era una nena “fuera de lo común”, como les dijo el doctor Carlos Allende, psicólogo especialista en esta área, cuando la llevaron a la consulta.
“A los 4 o 5 meses tenía voluntad de incorporarse sola, de mantenerse sentada, balbuceaba letras y hacía conexiones entre vocales y consonantes, trataba de expresarse mediante la palabra”, rememora su madre.
El caso de Alex fue parecido: hubo señales desde bebé, pero tuvieron que esperar para confirmarlo. “Él hizo cosas muy avanzadas, antes que los demás nenes, pero no nos dábamos cuenta porque es hijo único y no teníamos con qué comparar”, recuerda Lorena. Alex pudo sentarse a los dos meses y medio, cuando el promedio de edad para lograrlo es de seis, y aprendió a leer con sólo tres años.
La confirmación llegó nuevamente con el jardín. “Cuando empezó se la pasaba llorando todo el tiempo y no se quería quedar porque decía que se aburría”, describe su madre y agrega: “Él entró sabiendo las letras en imprenta y creyó que en el jardín le iban a enseñar las cursivas. Pero le dijeron que no, que ahí iba a hacer amigos”.
En salita de 4 una maestra le sugirió a Lorena que le hiciera al nene una prueba de coeficiencia intelectual. “Siempre me decían que lloraba porque tenía problemas emocionales y que estaba muy pegado a mí”, relata. “Empecé a averiguar y salió una nota en el diario y recurrí a Creaidea. Lo llevamos al psicólogo que nos recomendaron y le hicieron las pruebas. En la primera consulta ya me había dicho que era brillante”.

ENTREVISTA A CARLOS ALLENDE*
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¿Cómo se diagnostica a los chicos con superdotación?
El diagnóstico se realiza a través de evaluaciones acordes con cada edad,
otorgando así un perfil intelectual expresado en Percentiles o Cocientes.
¿A qué edad es conveniente hacerlo?
Para realizar un buen diagnóstico deberemos considerar un piso de dos años en adelante. Obviamente a mayor edad más certeza diagnóstica.
¿Cómo son los tests?
Los test se realizan a través de juegos específicos, rompecabezas, laberintos, juegos numéricos, dibujos y juegos verbales.
El concepto de “inteligencia” es relativo, así como el CI, ¿es correcto hablar de coeficiente intelectual o se toman diversos aspectos?
Al hablar de CI estamos pautando un perfil. El CI se establece a partir de las evaluaciones, siempre considerando factores emocionales y afectivos. Para eso es necesario hacer un relevamiento familiar.
¿Cuáles son los principales inconvenientes que presentan estos chicos?
Estos chicos son sumamente sensibles, son ávidos de información, requieren mucha atención de familiares y docentes.
¿Cuál es la importancia de que se realicen las pruebas?
Estas pruebas son muy necesarias para poder descartar falsos diagnósticos, como problemáticas conductales, déficit de atención etc. Esto muchas veces es producto del aburrimiento del chico, y si se da dentro de la superdotación se descartan patologías, sólo necesita mayor atención y dedicación del medio.
¿Puede un niño superdotado perder sus capacidades si no es correctamente acompañado durante su crecimiento?
Las capacidades no se pierden, sólo se pueden estancar ante la falta de estímulo y atención de su medio. Luego estos chicos  pasarán desapercibidos en su entorno.
Suele confundirse el aislamiento de algunos niños superdotados con autismo, ¿cuáles son las diferencias para identificarlo?
El autismo es una patología diferenciada. Los chicos con altos CI son sociables e integrados a su manera. En el Autismo y el Asperger, los chicos pueden tener algunos aspectos de alto intelecto pero sus conductas generales son pobres.


















*Doctor en psicología y presidente honorario de Mensa Argentina, Sociedad de alto CI.

La escuela

Con la edad escolar llegan los problemas. Los niños superdotados suelen tener dificultad para relacionarse con sus pares, dado que la mayoría de las veces sus intereses no son compartidos por otros chicos de su misma edad.
“Fabriccio entró a sala de 3 y eso ya fue un problema. Los compañeros lo excluían porque no hablaban el mismo idioma”, cuenta Ana Paula y ejemplifica: “Este año cuando empezó el cole Fabri quiso llevar todos los libros que leyó en vacaciones para mostrarles a sus compañeros y no obtuvo respuesta, les decía ¿Querés que te preste éste o aquel? y a nadie le interesó”.
A Cassandra no le fue mucho mejor. “Desde que empezó el jardín con un año hasta ahora, cambió cinco veces de escuela”, destaca su mamá. Es que entenderse con sus compañeritos no le resultaba fácil. “Una vez, en sala de 5, fui un rato antes a buscarla y cuando paso por la salita no estaba y la maestra no sabía dónde se había ido. Resultó que estaba en segundo grado porque su grupo de amiguitos eran nenes más grandes”, recuerda. La primaria no cambió las cosas: “Cuando comenzó el primer grado no formaba vínculo con la maestra y salía llorando todos los días. Pero ahora pudo relacionarse con la maestra y a partir de ahí con sus compañeros”. “Aún así no es amiga de todos, pero tiene con quien jugar en el recreo”, dice Flavia.
La integración con los pares no es el único problema con el que deben convivir padres e hijos. El aburrimiento y la dispersión son moneda corriente.
En el jardín Alex se aburría mucho. “Él buscaba leer cosas en los momentos que salía al patio y las maestras le insistían en que juegue. Se apartaba mucho de los chicos”, cuenta su mamá. “Cuando empezó la primaria también fue terrible porque esperaba otras cosas y cuando vio que empezaron a enseñarles las letras, se quería morir. El primer mes se angustió mucho porque no soportaba el aburrimiento”, grafica Lorena.
Para Fabriccio tampoco fue fácil: “En sala de 4 Fabri ya entendía lo que era el sistema solar y sus planetas, quería saber más pero sus compañeros no lo seguían. En sala de 5 ya leía y escribía y solo se aburría. En el jardín ya había muy poco de su interés”, comenta su mamá.
La actitud que los docentes o el sistema educativo en su conjunto debería tomar respecto a los chicos con superdotación es motivo de debate constante. Algunos padres reclaman un mayor compromiso con la problemática: “la falta de preparación es notoria en toda la escolarización”, se queja Ana Paula.
La realidad es que el sistema no prepara a los docentes para trabajar con alumnos superdotados, por lo que chicos y padres dependen de la voluntad y el compromiso de cada maestro. “Después de primer grado el colegio empezó a colaborar ayudándolo porque lo vieron sufrir -cuenta la mamá de Alex-, le redujeron el horario y lo mandaban de visita a otros grados. Lo dejaban expresarse más, le dieron más espacio para que sea él”.
Para evitar problemas “lo ideal es mandarlo a una escuela de jornada simple en la que se sienta cómodo”, recomienda Roldán y aclara que “no tiene sentido crear una escuela de genios porque todos debemos vivir en este mundo”. “No tiene sentido para ayudar a los chicos a integrarse, lo ideal es que esté en una escuela común porque el mundo es común. El chico va a tener que vivir toda su vida en este mundo, entonces es mejor que cuanto antes aprenda a convivir”, opina.
Algo de esta tarea es la que realiza la Fundación Creaidea. “Los chicos participan de una ludoteca en la que buscamos darles un espacio de contención, un grupo de pertenencia, donde no tienen que asumir ninguna pose ni disimular nada”, remarca Roldán. “Acá pueden hablar con el vocabulario que les gusta”, algo importante, dado que la riqueza de su léxico suele ser motivo de burla en la escuela.
Los chicos aprenden con el tiempo que deben hacer un esfuerzo para acercarse a los compañeritos de la escuela. “A Alex todavía le cuesta integrarse con los chicos de su edad, dice que se siente distinto, porque a los otros nenes no les llaman tanto la atención los temas como la energía nuclear, el comportamiento de las moléculas o civilizaciones antiguas como la de Egipto”, comenta Lorena. Sin embargo, resalta el esfuerzo que su hijo hace para integrarse a un mundo que, según el propio Alex, “no se hizo para él”.

La familia

Los chicos no son los únicos que tienen que aprender. Muchos padres se encuentran perdidos y angustiados ante la situación. “La familia tiene que reconocer esto y ocuparse”, recomienda Roldán. “Los padres por lo general lo reconocen, pero en algunos casos tratan de que se les pase como si fuera una especie de enfermedad”, añade.
La experiencia de Flavia fue contradictoria. “Esperábamos que nos dijeran que no era autismo, pero cuando nos confirmaron que era superdotación fue un baldazo de agua fría porque es algo con lo que va a haber que luchar para integrarla socialmente durante toda la vida”, reconoce.
Los niños con superdotación son más demandantes, buscan realizar distintas actividades, preguntan todo y de todos los temas.
“Hay que brindarles información confiable”, dice Lorena, que también remarca que “no es que una vez que lo detectas es más fácil”.
La tarea es de todos los días. Surgen problemas, pero como dice la madre de Cassandra “vamos a ocuparnos en vez de preocuparnos”. ©





TXT: Grupo Editorial Metro

ALGUNAS PAUTAS PARA IDENTIFICAR A LOS CHICOS CON SUPERDOTACIÓN
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Según la Fundación Creaidea, algunas de las características para reconocerlos son:
-Lee precozmente.
-Suele utilizar metáforas para expresarse.
-Puede manejar cuestiones que requieren un elevado poder de abstracción.
-Posee una gran curiosidad.
-Siente interés por temas muy diversos.
-Se interesa por comprender la naturaleza de las cosas.
-Aprende con rapidez.
-Disfruta de armar rompecabezas.
-Suele tener ideas originales.
-Toma objetos comunes y les da usos insólitos.
-No tolera la injusticia y realiza planteos
ante la misma.
-Los problemas de la humanidad le
resultan angustiantes.
-No le interesa trabajar sobre temas
que ya domina.
-Es un gran soñador, suele soñar despierto.
-Las obras de arte y la música lo movilizan.
-Es en extremo sensible: percibe
sutiles diferencias en los tonos de voz
y en los gestos.
-Puede tener una elevada intuición.