DIARIO DE VIAJE | EL CALAFATE | #181 DIC 2013
Tierra de glaciares

El viajero llega hasta una de las ciudades que es símbolo del turismo nacional.
Se trata de un pueblo que se muestra como un oasis en medio del desierto y que emerge entre las orillas del lago Argentino y las laderas del cerro Calafate.
Se encuentra ubicado a 80 kilómetros del Parque Nacional dominado por témpanos e imponentes lenguas de hielo.

"El que come calafate siempre vuelve”, reza una antigua tradición tehuelche que sobrevivió a la invasión cultural. El calafate es el fruto típico que nace de un pequeño arbusto patagónico de hojas pequeñas, espinoso, que florece de amarillo en primavera y que da unas bayas muy dulces que tiñen de morado la lengua. Pero además, ese fruto da nombre a una de las ciudades símbolos del turismo argentino. Hasta allí llega el viajero, luego de una travesía internacional, para disfrutar de la tierra de los glaciales y el cordero asado.
Ubicada a 316 kilómetros de Río Gallegos, la ciudad de El Calafate se presenta en la actualidad como una villa turística que besa las orillas del Lago Argentino y es conocida como la capital de los glaciares por su cercanía al parque nacional homónimo.
Desde las alturas, el pueblo se muestra como un oasis en medio del desierto. Los 22 kilómetros que separan el aeropuerto de la zona urbana confirman con su aridez lo que anticipó la vista aérea. Luego de años de plantar árboles y sistematizar el riego artificial, El Calafate, con el verde intenso, entre otras especies, de sus álamos, pinos y sauces le marca el límite a la estepa.

El parador que visita el mundo

A principios de Siglo XX, los caminos de la Patagonia, donde sólo se podían encontrar estancias aisladas, tenían paradores que se emplazaban aproximadamente cada tres leguas, distancia media para una jornada en carreta de bueyes. Los lugares de detención se emplazaban cerca de arroyos y lagunas, buscando también el reparo del viento. Las grandes matas de calafate, ubicadas a orillas del arroyo ofrecían el reparo que necesitaban quienes debían realizar esos extensos trayectos.
Con los años se instalaron almacenes de ramos generales, hospedajes de paso y talleres para reparaciones. Así la zona de lo que hoy se conoce como El Calafate se fue poblando cada vez más, hasta alcanzar a una población de unos 300 habitantes.
Un decreto del Gobierno Nacional con fecha 7 de diciembre de 1927, dispuso crear nuevos pueblos en esta zona que históricamente había sido habitada por los tehuelches. En 1930 la entonces Dirección de Tierras realizó la mensura y 43 años después se declaró Municipio a la localidad de El Calafate.
Con los años, por su diseño urbano, por su entorno natural, por su amplia oferta hotelera y por ser la ciudad más próxima al Parque Nacional Los Glaciares, El Calafate se convirtió en uno de los polos turísticos más importantes de la región patagónica. En 2012 recibió a 460 mil visitantes que fueron en busca de sus encantos.


Los gigantes de hielo

El viajero llega a la ciudad que fue bautizada como “La capital nacional de los glaciares” y que emerge entre las orillas del Lago Argentino y las laderas del cerro Calafate. Camina por Avenida Libertador General San Martín, la principal, y aprecia las típicas construcciones del sur argentino, que se conjugan con pinos y sauces. Las montañas están siempre presentes y el lago se pierde en el horizonte. La caminata le abre el apetito. La oferta gastronómica es muy variada, pero la región tiene sus “imperdibles”: el cordero y la trucha. El viajero opta por la primera opción, con la seguridad que no regresará hasta probar el pescado. Un helado de sauco es el postre.
La caminata y el cordero al asador son argumentos suficientes para regresar al hotel y descansar. Lo esperan los glaciares con todas sus propuestas. Decide comenzar con una navegación entre témpanos. El sol acompaña. Sube a la embarcación amarrada en el Brazo Norte del Lago Argentino. La lancha comienza a pasear entre enormes bloques de hielo de tonos azulados, son desprendimientos de los glaciares que flotan a la deriva.
El viajero divisa el Upsala, una imponente lengua de hielo de 50 kilómetros de largo -en retroceso por el cambio climático-, 10 de ancho y varios cientos de metros de espesor. En el centro, el glaciar muestra una larga franja oscura, que es una morrena, es decir fragmentos rocosos que fueron arrastrados por glaciares tributarios y quedaron atrapados en la mitad al confluir dos columnas de hielo. La lancha apaga sus motores y deja escuchar el estruendo permanente que provocan los desprendimientos. El Upsala se muestra majestuoso a pesar de las consecuencias que generó el calentamiento global.
El viaje sigue con destino a la Bahía Onelli. Es el momento de descender y realizar una caminata de un kilómetro y medio por el interior de un bosque austral hasta llegar a la laguna Onelli. Allí confluyen los glaciares Agassiz, Bolados y Onelli. El lugar deslumbra por su serenidad y su belleza. El viaje seguirá entre témpanos hasta llegar al glaciar Spegazzini, la tarde regala un sol brillante que juega con los pedazos de hielo que se deslizan sobre el agua.


Caminata sobre hielo

Un nuevo día en El Calafate. Otra vez rumbo al Parque Nacional. En esta oportunidad el viajero espera con ansias una experiencia única: trekking en el Glaciar Perito Moreno. Nuevamente recorre los 80 kilómetros que separan la ciudad del paraíso de hielo.
Luego de una nueva navegación que lleva hasta las pasarelas ubicadas en el lado opuesto al Perito Moreno, llega el momento esperado. Ya frente al mítico glaciar las alternativas que tiene el viajero son dos: el Mini Trekking, que es ideal para familias con chicos, y el Big Ice, una excursión más larga y que requiere un mayor esfuerzo físico. Opta por la primera.
Luego de colocarse los grampones en las botas, recibe de uno de los guías un breve instructivo sobre cómo caminar en una superficie desconocida. Luego inicia una experiencia inolvidable: se desplazará por casi dos horas sobre el hielo del glaciar y atravesará un paisaje de arroyos, pequeñas lagunas, sumideros y formaciones de hielo de los más increíbles y variados azules. El viajero observa uno de los hoyos “sin fondo” del glaciar y la imagen lo intimida, lo empequeñece.

El glaciar activo

La despedida de El Calafate, la “capital de los glaciares” es de cara al popular Perito Moreno, la estrella del Parque y el de más fácil acceso. Mide unos 5 kilómetros de frente por 60 metros de alto. Se trata de unos 257 kilómetros cuadrados de superficie de puro hielo. Nace en el inmenso campo de hielo ubicado al Oeste de la provincia de Santa Cruz, que es la cuenca de alimentación de muchos de los glaciares de Chile y la Argentina.
El glaciar se puede ver y disfrutar desde unas pasarelas que fueron ampliadas y remodeladas en 2008. En la actualidad hay 4000 metros de miradores, que ofrecen diferentes ángulos para apreciar la impactante masa de hielo.
Es uno de los considerados “glaciares activos”, es decir uno de los pocos del mundo y el único de la Patagonia que avanza y al hacerlo genera otro fenómeno de estremecedora belleza: el rompimiento del dique que forma en el brazo Rico del Lago Argentino. Es que al avanzar y tocar la costa opuesta, el Perito Moreno forma un dique natural que interrumpe el paso del agua. Sin embargo, ésta se filtra bajo el glaciar y comienza a socavar su base hasta que derrumba por completo el puente de hielo en un maravillo espectáculo natural.
El viajero observa con un silencio respetuoso a la masa blanca que está frente a él. Lo conmueve la imagen de ese gigante gélido que, casi en un homenaje al mito de Sísifo, se esfuerza por tocar tierra para caer y volver a empezar nuevamente. El atardecer cae sobre el Parque. Es hora de volver. Es hora de decir hasta pronto. ©





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