PERSONAJES | ELEONORA CASSANO | #181 DIC 2013
La pasión en sus pies

Eleonora Cassano es la bailarina clásica argentina de mayor reconocimiento internacional. En esta entrevista, a un año de su adiós al ballet, recorre su carrera y sus nuevos proyectos.

Considerada la primera bailarina argentina, Eleonora Cassano egresó del Instituto Superior del Teatro Colón; comenzó su carrera profesional en 1983 -contratada por la Fundación Teresa Carraño de Venezuela-; fue durante años la partenaire estable de Julio Bocca, con quien actuó en numerosos festivales y galas por el mundo entero e incluso con quien compartió una sesión de fotos para la revista Playboy. También se animó a dejar de lado el ballet por un tiempo para encarar géneros más populares en espectáculos como “La Cassano en el Maipo”, “Cassano dancing” y “La Duarte”, con los que incursionó en la actuación y el canto. El 22 diciembre de 2012 se retiró oficialmente de la danza clásica con un espectáculo ante unos 30 mil espectadores que se realizó en el Obelisco porteño.
A meses de la última presentación, Eleonora recibió a Metro en el Teatro Maipo y contó cómo atraviesa el retiro; afirmó que la convocaron para participar en el programa Bailando por un Sueño y que aceptará la propuesta si el ciclo vuelve al aire. Además, reveló cómo aconseja a las nuevas bailarinas; y que escucha junto a su hijo a la banda británica de heavy metal Iron Maiden ofrecerá este mes en el estadio de River. “La gente se sorprende pero yo disfruto y bailo cualquier ritmo”, dijo Eleonora, quien publicó en el sitio Youtube un video de ella bailando el popular Gangam Style.

¿Qué aspectos considera claves en su formación? ¿Cómo combinó la carrera profesional y la vida familiar?
Hay un poco de todo, algo de autoexigencia, de querer lograr lo mejor, sin caer en la obsesión. Si yo me hubiera obsesionado con el ballet no hubiera tenido la familia hermosa que tengo. Hay muchas bailarinas que se les pasa el cuarto de hora para conseguir novio o marido y tener hijos. Cuando se quieren dar cuenta, termina su carrera productiva como bailarina y están vacías. Yo igualmente no lo hice para sentirme llena, pero en el momento que mejor estaba bailando con Julio (Bocca) por todo el mundo tenía como nueve o diez años de casada y la necesidad de ser mamá. Entonces dije “no puedo seguir esperando” y tomé la decisión de quedarme en mi casa un tiempo para ver si quedaba embarazada. Entonces hizo un vuelco mi carrera porque al estar tiempo en casa me puse a estudiar teatro y canto. Ahí (el productor teatral) Lino Patalano me propuso hacer un ‘espectáculo nuevo y diferente’. Yo creo que ya demostré que me gusta tirarme a la pileta (ríe).

¿Ahí dio un vuelco su carrera y adquirió una mayor versatilidad?
Sí porque dejé de bailar con Julio para quedar embarazada, no lo logro y salió el espectáculo de ‘La Cassano en el Maipo’ donde cantaba, hacía zapateo americano, jazz, y un poco de todo. Resultó un espectáculo musical bellísimo, cosa que nunca estuvo en mis planes. Pero bueno, se dio, me gustó, el momento fue el ideal. A los cuatro meses de temporada quedé embarazada. En cuanto a la formación, creo que tiene que haber un poco todo. Tiene que haber tenacidad, condiciones naturales y un toquecito de suerte para estar en el momento adecuado para que se den determinadas situaciones.

¿Tuvo que romper ciertas estructuras de la formación del Colón?
Yo rompí un montón, rompí todo (ironiza y sonríe). Yo salí del país a 16 años por primera vez a bailar con Julio y éramos muy chicos. El Teatro Colón me aportó lo mejor. Para una bailarina clásica da la mejor formación. Es muy completa porque trabajas todo: contemporáneo, jazz, teatro, música, francés, historia del arte, maquillaje. Son cosas que en un instituto privado no se pueden hacer; son 10 años de escuela en los que además tenés el vínculo constante con las compañías. Yo a los nueve años hice mi primera función en el Colón. Era totalmente inconciente de que estaba con bailarines invitados de todo el mundo. Era normal ir a ver sus ensayos.

¿Cómo hizo para ingresar? ¿Cómo complementó la formación clásica?
A los siete años y medio di el examen entre 600 nenas. No se podía ingresar con menos de ocho años. El estudio no importa tanto, ahora que estoy del otro lado, uno se da cuenta si tiene condiciones naturales. Podrás estudiar mucho pero si no tenés la capacidad física para bailar, no sirve. No es como medicina que si te tragás un libro…
A mi lo que me sucedió es que no me quise quedar sólo con esa formación (clásica, del Colón) y me puse a estudiar canto y teatro. Mis compañeros me cuestionaban que cómo hacía eso. Parece que si una es bailarina clásica no puede ser otra cosa. En Argentina somos así; en otros países, los actores saben cantar, saben moverse y los bailarines del American Ballet o el New York City también.

¿Considera que se salió del estereotipo de la bailarina clásica?
Con Julio fuimos haciendo bastantes rupturas como por ejemplo salir en Playboy, que fue una revolución, un escándalo, en principio para mí también cuando me lo propusieron. Después las fotos fueron maravillosas porque parecían esculturas bailantes. Quedaron bellísimas y elegimos qué fotos quedaban. El resultado fue toda una revista nuestra. Partiendo de ese punto fuimos rompiendo muchas estructuras. Finalmente, creo que lo que terminó de desestructurarnos fue el hecho de acercar la danza a la gente; de hacer funciones en la cancha de River y de Boca, en el Luna Park donde hicimos 60 funciones y jamás se habían hecho. Al principio, algunos compañeros nos criticaban.

¿Cree que lograron acercar la danza a un público distinto?
El sentido es que todo el mundo pueda disfrutar de la danza o el ballet, que antes era para un mundo muy pequeño, los que tenían abono en el Colón. Pero la danza está desde el principio de los tiempos y la gente se comunicaba a través de ella y el ballet nació un poco elitista pero la idea es que la gente pueda disfrutarlo, sin necesidad de entender demasiado. El que entiende un cuadro a lo mejor lo disfruta más porque aprecia muchísimas cosas más que el neófito, pero yo puedo disfrutar de un cuadro de Picasso sin ser una entendida. Además funciona como inspirador.

¿Qué le dio la danza que nunca había soñado?
Si tuviera que nombrar sólo uno o dos casos sería injusta con el resto porque bailé en lugares increíbles. El otro día miraba en Youtube un video en las escalinatas en Plaza España, donde se hacen los desfiles de moda y armaron un escenario y bailamos ahí, con tres grados de temperatura. Estaban todos ahí con tapados de piel y yo casi desnuda bailando. A pesar de la exigencia muscular por la temperatura, fue una función maravillosa. A veces yo me olvido de todo lo que hice o las cosas que viví. Ahora terminé y soy una mamá más que va a hacer las compras. Ver ese tipo de cosas me hace tomar conciencia de todo lo que hice. Levantaron toda la platea de tiro para hacer un teletón, que es una transmisión de 24 horas de baile. Nosotros bailamos a las 2 de la mañana y las imágenes fueron para todo el mundo.

¿Qué recuerda de la transmisión por el cambio de milenio de la que participó?
Fuerte otra anécdota fuerte la de Ushuaia, fue una vivencia especial. Después noté la magnitud de lo que se estaba generando y el hecho de saber que estábamos en ese paisaje bellísimo teniendo frío de nuevo y sabiendo que íbamos a ser filmados en directo para todo el mundo.
Si en ese momento que estaba por bailar me ponía a pensar que me iba a ver (literalmente) todo el planeta y que no me podía pasar nada. Me estaba congelando y Julio estaba frotándome los brazos por el frío antes de que largue la música. Después, una vez que comienza la música es la magia del escenario y es maravilloso. Fue una sensación bellísima.
Con los comentarios que tuve después me di cuenta que a veces no somos concientes de lo que generamos en la gente. Una mujer que me encontré casi dos años después me dijo ‘mi mamá se murió y estábamos en el hospital, te vimos a vos, y le hiciste pasar un momento de tanta emoción que se murió tranquila’. Es muy fuerte que te digan algo así. No me podía imaginar que aunque sea una sola persona causé eso. Me puedo morir tranquila.

¿Cómo es tu vínculo con los admiradores?
Es otra cosa que no puedo creer. Me crucé a una mujer por la calle y me dijo que le puso mi nombre a su hija y que esa nena se llame Eleonora por mí. U otra que vino con un tatuaje gigante en la espalda de la foto de Playboy. A mi encima no me gustan mucho los tatuajes y le dije que estaba loca (vuelve a reir) pero me va a tener de por vida en su espalda. Es una locura pero por el otro lado me hace sentir súper orgullosa.
En todos lados siempre recibo de la gente una cuestión de admiración y respeto. Nada de esa locura de tirarse encima ni nada así de todo eso que, creo yo, genera la televisión. Quizás tengo otro público. Igualmente tengo una forma de ser en la que saludo, firmo autógrafos después de las funciones, me saco fotos, doy besos. No huyo de la gente que me admira y viene a dar una función. Hay gente a la que le molesta, a mí para nada.

¿Cómo fue la relación con Julio?
Creo que él eligió bailar conmigo porque se sintió cubierto, me consideró una persona fuerte y podría haber elegido cualquier bailarina del mundo. Enseguida se generó un vínculo especial con él y se incrementó con el transcurso del tiempo ya que fueron 20 años bailando juntos. Era almorzar, desayunar, dormir, viajar, estar arriba del escenario… era como mi marido profesional.
Nunca tuvimos grandes discusiones, más allá de algún roce. Él tuvo momentos en los que estaba medio rayado y nosotros por ahí con Lino nos íbamos a comer por nuestra parte y él comía solo. Igualmente, nunca estuvimos mal ni dejamos de bailar.

¿Cómo ve a la danza argentina en cuanto a su desarrollo y posición en el mundo?
La imagen que se tenía de la Argentina respecto al ballet cambió a partir de lo que pasó con Julio. Después de él creo que empezaron a mirarnos con otros ojos. Algo así como sucedió con Maradona. El ballet está evolucionando en todo el mundo y acá, aunque más lento, también evoluciona y va mostrando cambios. Lo que pasa acá con las figuras famosas del ballet que son reconocidos por la calle, no pasa en otros países. Julio y yo nos sentimos responsables de eso. En cambio (el bailarín y coreógrafo de origen soviético Mijaíl) Barýshnikov, por ejemplo, es sumamente reconocido, pero puede caminar tranquilo por la calle.

¿Cómo fue interpretar a Evita en La Duarte? ¿Ya la conocías o la descubriste con el espectáculo?
Experimenté sensaciones gracias a Evita que jamás había vivido hasta ese momento. No estaba muy involucrada con el personaje en sí, más allá de la idea de cualquier joven que no vivió en esa época. Uno no tiene mucha conciencia más allá del mito si no sos peronista. Yo me enamoré del personaje, me cambió la cabeza. Leí, capté todo lo que pude y mi trabajo fue tratar de pasar lo que capté al cuerpo para poder manifestarlo con el cuerpo porque no tiene palabras. Todos los movimientos estaban puestos para contar la historia con una manera de sentir y no con movimientos sueltos.

En ese espectáculo decidió conservar la voz original de Evita a través de audios. ¿Por qué?
Con la coreógrafa decidimos no competir con la voz de ella. No podíamos darnos el lujo que yo dijera una palabra sobre el escenario. O hablaba y no se ponía la voz de Evita, pero la voz no es lo mío por ahora.

¿Cómo evalúa la respuesta del público en sus obras más populares que incluyeron géneros como el tango?
Un taxista que conocí fue a ver a Juan Carlos Copes, prestigioso bailarín de tango en el espectáculo “Los Grandes de la Danza” y se encontró con que lo veía bailar a Copes pero también a mí haciendo un acto de ballet, algo de jazz y un montón de cosas distintas. Cuando me habló, años después, el taxista me agradeció porque ‘nunca hubiera ido a ver un espectáculo de ballet’. Qué me diga eso un taxista que iba a ver tango, me llegó porque se notaba que lo había disfrutado.
Por ahí hay mucha gente que se pierde estas sensaciones por el hecho de decir no voy a verlos porque no entiendo, porque no es para mi. Los ballets que duran tres horas ni yo me los banco a esta altura de la vida y me resultan un plomo. En todos los casos si no se le encuentra la vuelta de cómo ofrecer un espectáculo va a ser difícil.

En Internet hay un video suyo bailando la coreografía de la canción Gangam Style. ¿Le gustan otros ritmos?
La gente por ahí no sabe que yo soy una persona normal que baila de todo. Yo escucho música y empiezo a mover el piecito y mi marido me dice que ‘me quede quieta’. Escucho de todo. La otra vez me preguntaban si iría a ver Iron Maiden, mi hijo es fanático. Y sí que iría. A veces no pueden entenderlo pero en mi casa no escucho música clásica. Mis hijos no saben lo que es escuchar música clásica. Igual, me encantaría que la escuchen porque creo que te eleva. Yo cuando escucho algo me lleva a otro lugar. Es lo mismo que me pasa cuando bailo: cuando hago ballet me siento en el aire; cuando bailo tango me sale una cosa de adentro, de sentimiento, son cosas muy distintas. Con la música me pasa lo mismo.

¿Cómo maneja la exposición televisiva? Ya participó como jurado en Bailando por un Sueño, ¿iría como bailarina?
Me llamaron para ir al Bailando y dije que sí. Al principio dudé porque me preguntaba ¿quién me iba a calificar a mí? Pero después hablé con uno de los productores y me planteó que si bien me conoce mucha gente, por ahí no son tantos los que me vieron bailar porque no pudieron ir a un teatro. Ahí me ‘picó el bichito’. Yo puedo bailar el caño y demostrar que pueden hacerse las cosas bien sin caer en lo chabacano.

¿Cómo manejó los meses posteriores al retiro de la danza clásica?
No es fácil porque se cerró una etapa que había comenzado a los ocho años y es lo mío. Sé que no voy a volver a bailar “El Lago de los cisnes” o “Cascanueces” y es duro. Pero creo que es bueno saber decir ‘hasta aquí llego’. No soy ninguna jovencita y el Clásico es la danza más difícil. Yo quería terminar sin que digan esto lo hacía mejor antes.
El retiro lo vengo llevando bien porque lo manejo pensando por el lado de que no me voy a bajar definitivamente del escenario. Sino me hubiera afectado mucho. Igual de diciembre a esta parte ya me puse a trabajar a ver si el año que viene podemos presentar algún espectáculo sin bailar clásico, haciendo cosas distintas.

¿Ve su futuro ligado a la formación de nuevas bailarinas?
Se pueden seguir haciendo cosas y manteniendo abierta esa puerta que se abrió. Muchas veces me consultan por quiénes son los sucesores de Julio y mía y creo que ya se abrió un espacio que hay que mantenerlo para que surjan figuras y que la gente siga consumiendo para que no se cierre. En lo personal, me interesa enseñar y trasmitir a la gente joven lo que fui aprendiendo a lo largo de casi 40 años de carrera.

¿Qué recomendaciones y consejos da a quienes comienzan?
Que nunca hay que dejar de trabajar y hay que sobrellevar los problemas que se presentan. Si se presentan a una audición y no quedan, tienen que superarlo y no tomarlo como la definición de una carrera. Lo más importante es saber que las cosas no caen del cielo, que hay que romperse bien ‘las uñas’ y cuidarse, sin obsesionarse tampoco porque es malo.

¿Esas obsesiones pueden dañar incluso la salud de una bailarina?
Nunca pierdo la oportunidad de hablar con las jóvenes por el tema de la bulimia y la anorexia porque las bailarinas estamos al límite. Las bailarinas tenemos que ser delgadas y tener una figura agradable de ver sobre un escenario. Casi que ser gordito y bailar no van de la mano, pero eso no significa de ninguna manera que alguien se enferme para estar arriba de un escenario. Hay que cuidar primero la salud y hay gente cuyos físicos no están hechos para ser delgados y deben luchar toda su vida con eso si deciden ser bailarines. Julio por ejemplo no tenía un físico ideal para ser bailarín y tenía tendencia a engordar. Se tuvo que cuidar siempre sin cruzar ese límite. Siempre hay que cuidar la salud y el bienestar. Depende mucho de en manos de quien se cae. Los maestros y las Direcciones de las compañías tienen mucho que ver. En mi compañía cuando veía una chica que bajaba de peso le preguntaba si estaba comiendo y prefería que se la viera un poquito gorda con tal de que estuviera bien.
No son enfermedades que sean fáciles porque en un 80 o 90 por ciento son psicológicas y es muy difícil de manejar. No es que un médico te medica y te curás, sino que se miran al espejo y están consumidas y se siguen viendo gordas. Como no es fácil de trabajar, no hay dejar que caigan en eso. Yo tengo muchísimas compañeras que son anoréxicas. ©





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