TESOROS DE BS AS | VILLA CASTELFORTE | #181 DIC 2013
El túnel

Una familia de arquitectos genoveses, caracterizados por imponer “el toque italiano a sus obras” erigió un castillo en la localidad de Adrogué. Como si fuera poco, la obra incluyó una capilla
y una red de túneles cuya finalidad aún se desconoce. Durante los ’90 se inundaron
y se realizaban prácticas de buceo. En la actualidad funciona un museo.

Los arquitectos italianos Nicolás y José Canale -además de ser padre e hijo- fueron considerados de los más vanguardistas y destacados de su época. Sobresalían en estas tierras por imponer “el toque italiano” en edificios como la famosa Parroquia Inmaculada Concepción del barrio porteño de Belgrano, en la Catedral de Lomas de Zamora, y en la tradicional ‘Cucaracha’ de Adrogué.
En 1874, tras la muerte de su padre, José inicia la construcción de su propia casa, un edificio que con el paso del tiempo daría origen a la leyenda y se transformaría en un mito. Luego de cinco años de intensa labor nace “Villa Castelforte”, la obra más excéntrica de este reconocido genovés.
El castillo era el reflejo de un palacio veneciano del siglo XIII limitado por una combinación de muros y rejas, con dos entradas principales: La Porta Principe -frente a la plaza Brown- y Porta Brindisi en la esquina, frente a plaza Espora.
Cada uno de los jardines en que se dividía la villa poseía el nombre de alguna de las provincias de Italia. Se distinguía una construcción distintiva bautizada como “El Arca de Noe” que consistía en una especie de jaula repleta de formas de animales.
Sobre la pared lateral de la fosa había una abertura que accedía al baluarte que ocultaba la entrada a unos extraños túneles, a través de los cuales se podía transitar bajo tierra con total seguridad.
Tras el fallecimiento de José, el predio fue dividido en tres quintas. Una de ellas fue adquirida por Juan Ovando, quien fue el encargado de levantar el castillo que hoy se conserva. Del castillo original no quedan muchas referencias, a no ser por un álbum fotográfico encargado por Canale.
A pocos metros del castillo se ubica la capilla de “San Nicoló”, justo al lado de un aljibe. Y a pocos pasos, la entrada al mundo subterráneo. El acceso es a través de una escalera caracol que se encuentra en lo que alguna vez fuera otro aljibe. Allí aparecen dos túneles con ladrillo a la vista.
Por uno de ellos se llega a una escalera muy angosta, con el techo tan bajo que prácticamente los visitantes deben caminar encorvados. Siete metros bajo tierra se encuentra “La Sala”, un ambiente rectangular de 15 metros cuadrados, en el cual se ven todavía elementos del 1800 como una estatua de tipo hindú, jarrones, lámparas y botellas.
Durante décadas, el paseo histórico padeció la falta de subsidios para conservarlo, usurpaciones y saqueos hasta que la inundación terminó por ganar la partida. El ascenso de las napas dañó las estructuras y llenó los túneles de agua cristalina. Entonces, la creatividad hizo que ese inconveniente se convierta en la atracción que ayudaría a recuperarlos. En la década del noventa, se organizaron expediciones de buzos como una forma de recaudar dinero.
Si bien no se conoce con certeza la finalidad de los túneles, hay cuatro hipótesis. La primera dice que pudieron ser una representación de catacumbas. Otra indica que se podrían haber usado para transportar municiones en fechas patrias. La tercera se refiere a una milicia de inmigrantes italianos que se entrenaban allí. La última y más intrigante, habla de que se practicaban ritos iniciativos masónicos.
También, se dice que comunicaban el castillo con la comisaría, la iglesia, la municipalidad e incluso la estación, aunque todavía nada de esto fue probado.
Actualmente funcionan en el lugar el Museo y Archivo “Castelforte”, que fue fundado en 1995 por la Asociación Nativos de Almirante Brown, una institución que surgió en 1947 dedicada a conservar los hechos históricos del partido. ©

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