DIARIO DE VIAJE | ITALIA | #176 JUL 2013
Venecia y sus canales

El viajero llega hasta la mítica ciudad italiana que recibe 20 millones de turistas al año y está entre las cuatro más visitadas de Europa. Los vaporettos y las góndolas son los atractivos de un lugar inolvidable que resiste al ascenso de las aguas.

San Marcos realizó varios milagros en Alejandría, donde también evangelizó, estableció una iglesia y su famosa escuela cristiana. Murió allá, como mártir, en el año 68, un 25 de abril. Sus asesinos trataron de quemar su cadáver, sin conseguirlo. Los cristianos rescataron su cuerpo intacto, lo envolvieron y le dieron sepultura. En Venecia se veneran, en la catedral que lleva su nombre, los restos mortales del evangelista que está representado por el mítico león alado.
Hasta esa hermosa ciudad italiana que lo tiene como a San Marcos, llega el viajero para descubrir los secretos de una metrópoli ubicada en una de las islas de la laguna de Venecia, que se comunica por medio de algunos canales con el mar Adriático.
El viajero pisa suelo veneciano para sumarse a la lista de los 20 millones de turistas que visitan anualmente esa ciudad situada en la región de Véneto y ubicada sobre 120 islas formadas por 177 canales en la laguna existente entre los ríos Piave y Po ¿Su principal atractivo? La estructura de canales unidos por pintorescos puentes y las tradicionales y románticas góndolas.
La ansiedad le gana y luego de alojarse en el hostal y arrojar las maletas dentro de un armario, decide tomar un vaporetto (colectivo fluvial) e iniciar un recorrido imperdible a través de los canales. “Ésta es una ciudad que vive hoy exclusivamente del turismo”, le explica un ocasional y fugaz compañero de travesía. El lugar atraviesa una situación paradójica en la actualidad: anualmente incrementa el número de visitantes al tiempo que padece la fuga de residentes autóctonos debido al elevado costo de vida. “Venecia va a morir de ‘turismo’”, le arroja el hombre con mirada acusadora. Junto a Paris, Roma y Londres, encabeza el ranking de los destinos más visitados de Europa.
El visitante desciende del vaporetto para recorrer las calles adoquinadas y contemplar las pintorescas casas de dos plantas que alternan los tonos ocre, rosa viejo, bordó y beige, todos alterados por grandes manchas negruzcas, secuelas de una intensa humedad.
Pronto se da cuenta de que las instituciones, los comercios… la vida se mueve en barco en Venecia. Así divisa el barco ambulancia, el barco escuela, el barco policía y también el barco almacén. Los transportes fluviales cumplen un papel protagónico. Su primer recorrido es corto y sólo sirve como botón de muestra. Es hora de regresar al hostal en busca de una ducha y comida.
El albergue tiene un gran pórtico de color verde del que se destaca un llamador de bronce con forma de león. Fabrizzio, el conserje, no ofrece signos de hospitalidad ni amabilidad ya que por la gran demanda de turistas se muestra desbordado. Luego de un par de horas vuelve a las calles.
El primer día en cualquier pueblo italiano, sugiere pizzas, pastas o pescados. Así el viajero llega a la pizzería L’Angelo, un lugar difícil de encontrar porque no tiene carteles en la puerta. “Una de mozzarella y salami”, le recomienda el mozo. En el lugar hay un susurro plurilingüe que evidencia la invasión de visitantes de todo el planeta. Luego de saborear un imperdible café veneciano seguirá camino al centro histórico de la ciudad.

San Marcos, patrono de Venecia

La construcción de la Plaza de San Marcos data del siglo IX. El lugar se encuentra ubicado en una de las zonas más bajas de Venecia, por lo que padece las inundaciones en los períodos de “acqua alta”. Cuando se producen las crecidas, las autoridades colocan sogas para que los turistas no accedan. Por suerte, en esta oportunidad, el acceso al casco histórico no está restringido.
Los atractivos turísticos en la Plaza son la Basílica, el Palacio Ducal, el Museo Correr, el Campenile (Campanario de la Basílica) y la Torre Dell ´Orologio. Esta última fue diseñada por Mauro Coducci y edificada a fines del siglo XV, en estilo renacentista. Descansa sobre un arco de triunfo que da acceso a la calle Mercería, la más comercial del lugar. Alberga el reloj más importante de la ciudad. Bianca, una guía local, le cuenta al viajero que también es conocido como “El reloj de los moros” por las dos figuras de bronce oscurecido que tocan la campana cada hora.
“La construcción de esta basílica se llevó a cabo, en manos de comerciantes venecianos en el año 832, para albergar el cuerpo del evangelista San Marcos procedente de Alejandría”, instruye Bianca. Pero en el año 976, el edificio original fue arrasado por un incendio que terminó con la vida de las únicas personas que sabían dónde se encontraban los restos de San Marcos.
La estructura actual data del año 1064. “En la inauguración de la nueva iglesia se produjo un milagro – explica la guía-, se desmoronó una de las columnas y se encontraron los restos mortales del patrono de Venecia, que son guardados en una cripta desde aquel entonces”.
La fachada principal de la basílica se ve recortada por una terraza donde se alzan los cuatro caballos de bronce, copia de los originales traídos de Constantinopla expuestos en el museo de San Marcos para su conservación.
El viajero abandona el grupo liderado por Bianca en busca de un recorrido más desestructurado. Junto a la basílica se encuentra el majestuoso Palacio Ducal, que fue sede del Dux y del Gobierno de Venecia. El palacio es el ejemplo más importante del arte gótico en Venecia.
Todos los lugareños conocen con precisión la historia local. Genaro, un comerciante veneciano que está de paseo con su familia, se muestra propenso a la divulgación y le cuenta que allí también funcionaron los tribunales y las prisiones hasta que se produjo la caída de la República, en 1797. El visitante siente que todos los locales hicieron el curso de guía. La fachada está decorada de mármol rosado y blanco, lo que le da un aspecto impactante al ser iluminada por el sol.
El viajero siente envidia por toda la información que poseía el comerciante sobre aquel edificio. Mientras, camina por las calles empedradas con destino al Puente de los Suspiros.
El mítico puente debe su nombre a los lamentos de los condenados a muerte que al atravesarlo veían Venecia por última vez. La historia sobre los últimos minutos de los presos se cuenta en el lugar en diferentes idiomas.

Carnaval, esa tentadora fiesta pagana

Luego de contemplar la puesta de sol sobre uno de los canales, decide volver al hostal, pero antes se acerca a un muelle y decide sentarse para sacar algunas fotografías y así contemplar la puesta del sol entre vaporettos, góndolas y gaviotas. La noche descubre a Venecia viva, con ritmo y un sinfín de sonidos que la convierten en atractiva.
Al llegar al hostal, Fabrizzio se muestra más tranquilo y amable que la última vez. Dos españoles en el hall mencionan las máscaras y estatuillas de cristal de Murano. A pesar del cansancio, el viajero decide ir a tomar algo y salir a contemplarlas.
El carnaval veneciano y sus máscaras son muy famosos. Les servían a los representantes de las clases más pudientes de la ciudad para camuflarse y disfrutar de la fiesta popular sin ser reconocidos por los sectores más pobres, creadores de aquella celebración.
Se declaró como festividad pública en el siglo XIII y alcanzó su máximo apogeo en el XVIII. En aquella época acudían aristócratas procedentes de todas partes, y no era nada raro que los príncipes se escapasen a Venecia para divertirse en aquel festejo pagano bajo el anonimato que les brindaban las máscaras, que estaban elaboradas con papel maché, con predominio de los colores blanco, dorado y plateado y eran decoradas con lazos de telas y piel con gemas. El viajero piensa en aquellas ceremonias callejeras y se le presenta la voz de Joan Manuel Serrat interpretando “Fiesta”. “Hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha. Juntos los encuentra el sol a la sombra de un farol empapados en alcohol magreando a una muchacha”, reza con sabiduría el catalán. La jornada culmina con un plato de risotto de pescado en Bacco Canaregio.

Góndolas, entre el luto y el amor

El nuevo día encuentra al viajero en plena caminata hacia el Puente Rialto y mercado callejero. Dicho puente, era el único que conectaba las dos orillas del Canal Grande. Es el más antiguo de los cuatro que atraviesan el Canal Grande. En esta zona se encuentra el mercado de Rialto que se construyó en el siglo XI y le aportó una gran importancia económica a esta zona. Allí se concentraron talleres y mercados para la venta de oro, tejidos y especias. También se asentaron bancos y aseguradoras marítimas. Cinéfilo, el viajero recuerda la película “El turista”, con Johnny Deep y Angelina Jolie. En el film se ven escenas de los actores corriendo y saltando desde hoteles lujosos hacia los techos de los mercados. El viajero observa máscaras, remeras y objetos de decoración. Compra algunos recuerdos y chocolate.
La despedida de Venecia es con un viaje en góndola. El visitante interroga a Gino, su gondolero, sobre su vestimenta y el significado de las góndolas. “Existe un mito que dice que las góndolas son negras por la peste. Pero la verdad es que las góndolas sólo las tenían las familias ricas y empezaron a decorarlas cada una a su gusto, existiendo góndolas muy diferentes en color y decoración. El gobierno pensó que esto no daba muy buen aspecto a la ciudad y decidieron que, como símbolo de elegancia para la ciudad, las góndolas tendrían que tener un solo color. Votaron entre el rojo y el negro, y este último salió más votado. Hoy todas las góndolas tienen que ser negras como símbolo de elegancia”, cuenta.
Los gondoleros deben aprobar un examen de arte e historia para conseguir su licencia, así se transforman en los guías perfectos. Visten la tradicional camiseta a rayas, pantalón negro y un sombrero de paja con una cinta. “Esta embarcación es muy romántica, aquí hay declaraciones de amor permanentemente”, asegura Gino.
Venecia vista desde una góndola es aún más hermosa, piensa el viajero y se termina de enamorar de la ciudad que resiste al ascenso de las aguas y a perder su esencia. La partida llega con la certeza haber visitado un lugar inolvidable. ©



TXT & FOTOS: Grupo Editorial Metro


El mítico Puente de los Suspiros.
debe su nombre a los lamentos de los condenados a muerte que al atravesarlo
veían Venecia por última vez...
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