PERSONAJES | LAURA AZCURRA | #176 JUL 2013
"Valoro más el camino que el resultado final"

Es actriz y conductora, baila flamenco, es madre y porteña orgullosa. Protagonizó novelas de gran éxito en televisión, como Campeones, Son amores y Soy gitano. En esta entrevista con Metro, Laura Azcurra transita su vida y su carrera profesional, y afirma que desde la llegada de su hijo “hay un entender el mundo desde otro lugar”.

Camila enternece, tímida y adolescente. Camina tranquila, mira a su alrededor con lentitud y hasta temor a que su mirada sea divisada. María, en cambio, pone su piel y su fuego, su sangre y su pasión gitana. No quiere pasar inadvertida, ni lo hace. Las dos se fusionan, se entremezclan. También se suma al embrollo Amelie de Fritezenwalden, y los chicos más pequeños se cautivan.
“El artista debe ser mezcla de niño, hombre y mujer”, expresó alguna vez Ernesto Sábato con suma precisión. Y en Laura Azcurra conviven y se enmarañan unas con otras Camila, María y Amelie -personajes a los que dio vida en las novelas televisivas Campeones, Soy Gitano y Floricienta respectivamente, algunos de los éxitos en que participó- y muchos tantos otros. “Nosotros los actores decidimos encarnar, como se decía antiguamente, almas inexistentes, no corporizadas”, asegura Laura con firmeza.
La actriz de teatro, cine y televisión, bailaora de flamenco y conductora recibe a Metro en Colegiales, en un restaurante de comida vegetariana minuciosamente seleccionado para manifestar, con toda la ampulosidad y expresividad de sus gestos, su frescura y salubridad. “Lo groso no está en el laburo, sino en casa, en lo que trasciende. En lo que sembramos nosotros, en lo chiquito, lo cotidiano y lo verdadero”, reflexiona la ex co-conductora de Pura química y polifuncional artista de nacimiento.

-¿De qué manera influyó en la elección de su profesión el entorno artístico familiar en que creció?
Yo creo que en casa siempre estuvo este permiso de poder expresarnos, más allá de cuál era la forma de esta expresión. Mi vieja siempre dibujó y mi viejo daba clases de teatro, escribía sus obras, y tenía su entorno de amigos artistas, de locos bohemios que se quedaban hasta tarde en mi casa. Entonces mi hermana y yo empezamos un poco a mamar eso. Fue algo totalmente natural y orgánico. Yo me incliné para el lado de la interpretación porque me divertía mucho actuar, me gustaba esto de poder desdoblarme y ser varias personas. Lo de mi hermana fue la danza, el cuerpo, la expresión.

-Y sumado a esa cuna del arte, los éxitos llegaron desde temprana edad. ¿Qué pasa con una adolescente que se encuentra de repente viéndose en cine a los 14 años y en televisión a los 15?
Eso fue contradictorio, fue de mucha revolución. Porque por un lado yo tenía muy claro que verdaderamente quería ser actriz, esto lo sabía desde muy chica. A los 14 años ya estaba metida en un mundo absolutamente adulto, porque estudiaba teatro con gente que tenía 50 años, que iba a hacerlo para sacar sus inhibiciones, pero yo iba a formarme como actriz, no iba para dejar de ser tímida. Además, sabía que para tener esa edad era un poco rara. No me gustaba salir en plan de descontrol, incluso hoy me descontrolo en una clase de canto, no tomando 18 cervezas. Pero no podía saltar esa etapa que estar con mis compañeros, copiarnos, hablar de tonterías, el recreo. Además mi viejo, que era mi cómplice, se estaba yendo a vivir a España porque se había separado de mi vieja. Creo que por eso también me refugié en el laburo y en estar cerca del ambiente de él. Era difícil el momento. Tenía dos o tres amigas que eran mi cable a tierra súper fuerte.

-¿La expresión artística ayuda a superar las dificultades con que uno se encuentra?
Se trata de contar desde lo que uno es y desde lo que uno sabe, no se puede inventar lo que uno no tiene o lo que uno no es, por eso llevo la bandera de que tratemos de expresarnos. Cada uno es un ser individual y tiene un montón de cosas para ofrecer, y nunca vamos a poder ser como el otro. Rompo los esquemas de las comparaciones, voy en contra de todo tipo de comparación. Nunca vamos a poder ser como otras personas, o poder ser como otro país. Se trata de valorarnos con lo que somos y con lo que tenemos. Por eso también lo que me pasa con el flamenco, que es una danza en la que se reluce lo que uno tiene.

-¿Cuándo nació en usted esta pasión y este significado del flamenco?
Empecé a estudiar hace muchos años, en el 98´, como curiosa que soy. Un actor es eso: un inmenso cofre lleno de recursos. Una productora de la tira en que trabajaba tomaba clases de flamenco ahí cerca y decidí probar. No tenía ni idea. Encontré otro lenguaje. Pero había algo que me atrapaba. El flamenco tiene toda una idiosincrasia y un folklore que no tiene nada que ver con nosotros, pero sí tiene que ver. Más allá de los gitanos, más allá de los moros, más allá de todo un océano que nos separa, hay todo un espíritu transgresor y marginal que yo siento que como argentinos tenemos. Y el valor de sostener el silencio. Es la vuelta de tuerca donde está la llave de todo. El flamenco es como el mar: crece y crece para romper con fuerza y después espumita. No es todo el tiempo ahí arriba el flamenco, así como no está todo el tiempo ahí arriba la vida. Tiene que ver con esa búsqueda en la que estoy que, como diría mi amado poeta uruguayo Jorge Drexler, es “amar la trama más que el desenlace”. Valorar más el camino que vamos transitando que el resultado final. Y generalmente el humanoide y no sólo el argentinoide está con mucha necesidad de éxito.

-El éxito llegó a su vida antes de que pueda reflexionar estas ideas. ¿Qué pasó en ese momento?
Hay sentimientos encontrados. Hay momentos en que el hecho de que te llamen en la calle por el nombre de un personaje es muy hermoso, y otros en que es muy incómodo. Trabajar en televisión tiene la inmensa magia de que llegás a un montón de personas que pueden verte y que prácticamente te invitan a sus casas, y entiendo por eso que después doña Rosa se cruza con vos en el supermercado y te abraza. También la abrazo y entiendo que doña Rosa me invito durante un año a cenar con ella todas las noches. Entonces, ¿cómo esa persona no va a tener una sensación de afinidad conmigo? Es muy fuerte encontrarse con eso de un momento a otro. A mí la gente me encanta, y es por eso que nunca fue una cosa pesada para mí el hecho de encontrarse con las consecuencias de la exposición y el éxito.

-¿Por qué algunos artistas chocan con la fama?
Nosotros los actores contamos una historia, armamos un personaje y todo eso le llega a alguien. La fama y sus vínculos son una consecuencia que viene después, y que de alguna manera también está buena. Un actor no se puede enojar por eso, porque parte de esa popularidad es que la gente acepte el laburo que hacés. Creo que tiene que ver con parte de las contradicciones de nuestro país, que tenemos como argentinos. Hasta hace poco me enojaba con eso. Pero después me di cuenta de que por eso somos los seres creativos que somos y tenemos la calidez humana que tenemos. En la Argentina todo es posible, pero de verdad todo es posible. No lo digo con ironía, sino que hasta lo digo con esperanza. Veo a los chicos crecer y pienso que son ellos los que van a tomar decisiones el día de mañana. Por eso también mi obsesión con temas como la ecología y el consumo. Siempre fui curiosa con esas cosas, pero desde la llegada de Marco hay un entender el mundo desde otro lugar.

-Así llegamos a la maternidad y su actual trabajo teatral en la obra Posparto. ¿Cómo es poner su propia experiencia personal en este trabajo?
La obra Posparto llega escrita a nosotros por tres buenísimos autores y dirigida por Ignacio Apolo. Dentro de la obra, nosotras tenemos un momentito muy personal cada una en el que cuenta algo que tiene que ver con su propia maternidad, por fuera de los personajes que estamos interpretando. Yo, por ejemplo, interpreto a una arquitecta que nunca paró de trabajar y le llega la posibilidad de ser madre. Ya tiene el reloj biológico muy en rojo entonces decide seguir adelante con ese embarazo. Piensa que traer un hijo al mundo es como construir un edificio, cuando en realidad es mucho más complejo y eterno que eso. Ése es mi personaje, pero después está el testimonio que yo cuento como Laura Azcurra, como madre y como persona. Generalmente se trata de momentos complicados que hayamos tenido durante nuestra maternidad.

-¿Les sirve como catarsis?
Totalmente. Por eso es que también la seguimos haciendo, porque nos divertimos un montón, pero también para el que está sentado en la butaca que dice “a mí también me pasó esto”. Transmitimos que es cierto que hay algo que sucede, pero que es un momento y después pasa. Después se puede volver a hacer las cosas que te gustan. La vida no vuelve nunca a ser lo que era, pero está buenísimo. Se transforma en otra cosa, en donde también es válido que haya un duelo. Uno se hace responsable de que es adulto cuando tiene un hijo, y a un grado tan profundo y fuerte que, cuando te cae la ficha, te largás a llorar.


-Luego de ese crecimiento personal que implica la maternidad, ¿cómo ve a los personajes que le tocaron durante su carrera?

Hay parecidos y hay diferencias totales. A mí me gusta pensar que todo trabajo relacionado a lo artístico tiene muchas cosas místicas. Tiene como un halo de sensaciones que uno no puede ver pero que siente. Siempre entendí, después de pensar y de reflexionar, que todos los personajes que me fueron tocando en diferentes momentos de mi vida lo hicieron en el momento en que tenía que ser, porque yo les podía dar algo y ellos podían enseñarme algo a mí. Me ha pasado con muchos personajes, como es el caso de María Callejas, la yegua colorada que hice en Soy gitano. Pero María llegó a mi vida para enseñarme un montón de cosas, con toda esa brutalidad y esa maldad, con todo ese fuego que ella tenía en su interior. Así como también llegó Camila Grande, el personaje que hice en Campeones, para armonizarme con su estado zen absoluto, de timidez, en que todo le daba vergüenza, y que no quería ni que la mire Valentín (Mariano Martínez). Me hacía a mí misma entrar en introspección.

-¿Qué le aportó la llegada del rol de la conducción?
Fue una experiencia zafada a la que me lleva el desafío, que es algo que me mueve mucho. Me divierte mucho conducir, me encanta. Hay trabajos que yo sé que los puedo hacer muy fácilmente que tienen que ver con cosas que ya hice y que las puedo volver a repetir. Pero como soy una curiosa, me voy metiendo en espacios en los que no estoy tan segura. La conducción tiene todo un lenguaje que no conozco, sobre todo la televisión en vivo. En Ciudades y copas yo estaba agarrada a mi papel, como una actriz, y sabiendo que cualquier cosa que salga mal se podía editar o volver a grabar.

-Después llega el éxito absoluto y la televisión en vivo con Pura química.
Claro, que todavía era más arriesgado para mí. Era meterme en un canal, en un espacio con el que verdaderamente no tengo nada que ver. Meterme a trabajar en ESPN o en canal Rural para mí era exactamente lo mismo. Tenía una dinámica de humor y de complicidad total, pero no dejaba de ser un espacio masculino en donde generalmente las mujeres no saben de qué se trata el universo del deporte.

-¿Y cómo fue acoplándose como mujer?
No se sabía qué íbamos a hacer, lo fuimos haciendo nosotros sobre la marcha. De verdad que Pura química es nuestro hijo. Al principio éramos nosotros cuatro mirándonos la cara con el productor diciéndonos: “¿Y? ¿Qué hacemos?”. Y así es como surgen las ideas más maravillosas, porque salen de la espontaneidad. También el hecho de que sea una dama hace que se responda de otra manera. Por ejemplo, nadie hablaba de qué había pasado entre Diego (Maradona) y Coco Basile, y yo se lo pregunté. Basile en lugar de contestarme cualquier cosa fue muy sobrio y me dijo “Mirá, Laurita, de eso mejor no comments”.

- Laura modelo 2013 busca
¨Combinar el papel de mamá, el trabajo y el disfrute de la vida sólo se puede resolver haciendo malabares”, afirma Laura Azcurra ante nuestra consulta respecto de cómo armonizar su rol materno con sus actividades actuales y proyectos laborales.
Y aparentemente las acrobacias también le salen bien a la ex villana de Lobo, ya que actualmente encabeza la conducción de un proyecto televisivo, La búsqueda, programa que debutó al aire el 25 de junio por Ciudad Abierta, el canal de la Ciudad de Buenos Aires. Se trata de un grupo creativo de teatreros, los chicos de Random Creativos, jóvenes que empezaron a trabajar juntos y a crear sus propios proyectos. Son seis: un director, una coreógrafa, un director de arte, un director musical, y dos actores y guionistas que también producen. Fueron a buscar por distintos sitios de la Argentina jóvenes actores que también sepan cantar y bailar para traerlos a Buenos Aires, crear una obra de teatro y montarla en el teatro 25 de mayo por tres meses.
“Es una delicia. Es darle una oportunidad a un montón de talentos que hay en la Argentina, de chicos que están estudiando y que son bárbaros. No es todo solamente Buenos Aires, así que esta posibilidad de que se les abra una puerta me parece muy buena”, asegura Laura con orgullo. El ciclo le viene como anillo al dedo, ya que se muestra la cocina de lo que se trata el teatro, poniéndole el agregado de que transcurre con actores que están viviendo esta experiencia profesional por primera vez.
Desde su rol de conducir, pero también rodeada de pares, la actriz que protagonizó Contradicciones en el teatro madrileño salta de la felicidad y no duda en decir: “Es algo muy genuino. Se trata de una idea que me seduce: buscar lo que nosotros somos, lo que nosotros tenemos. Que salga la piedra preciosa que todos tenemos dentro es lo que me interesa, por eso me enganché en el proyecto”. ©






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