ARQUITECTURA INTERNACIONAL | SETAS DE LA ENCARNACIÓN | #176 JUL 2013
Setas de la Reencarnación

El Metropol Parasol es un espacio de casi una hectárea y media de superficie. Está situado en pleno centro histórico de Sevilla. Fue inaugurado, con mucha polémica, en marzo de 2011.

Algunos espacios mueren una y otra vez a lo largo de su historia, pasan por distintos purgatorios, para así volverse míticamente lugares sobre los que recae algún tipo de maldición. Se vuelven sitios “malditos”. En otros, sobreviene la esperanza del rescate celestial que los reviva y les devuelva la vigencia. A veces, esa supervivencia se da a partir de una cosa que sustituye a otra llegando hasta a modificar el entorno, un elemento que se “come” al otro para darle nueva vida. Es el caso de algunos esporocarpos o cuerpos fructíferos, más bien conocidos como hongos o setas, que se alimentan de materia en descomposición y, con algo de suerte y condiciones agregadas, la renuevan. Quizá sea éste el caso, y en Sevilla unas setas se hayan comido a la Encarnación.
Es que en la plaza de la Encarnación de la ciudad de Sevilla, en la comunidad autónoma de Andalucía, “brotó” una enorme estructura de madera en forma de hongos. Tal vez llegó para sacar del olvido mortuorio del purgatorio a un lugar de gran tradición que, entre siglos de cambios traumáticos y trágicos que incluyeron albergar la puerta norte de la muralla romana y otra de la muralla abadí de Isbiliya, se encontraba abandonado desde 1973, convertido por muchos años en estacionamiento de autos o parada de colectivos.
Se trata de un espacio de casi una hectárea y media de superficie situado en pleno centro histórico en el que en marzo de 2011-tras una fuerte polémica que aún persiste basada en su alto costo económico, su aspecto y su ubicación- fue inaugurado el Metropol Parasol, conocido popularmente como las Setas de la Encarnación.
Sevilla, la cuarta ciudad en población y la más importante del siglo de oro español, contiene el casco antiguo más extenso de España y uno de los más grandes de Europa, y allí se concentra una gran cantidad de monumentos arquitectónicos de gran valor patrimonial. Ése es el paisaje en el que se erigen las Setas, una estructura de madera con dos columnas de hormigón que albergan los ascensores de acceso al mirador. Tiene unas dimensiones de 150 por 70 metros y una altura aproximada de 26 metros. Fue el proyecto ganador -diseñado por el arquitecto alemán Jürgen Mayer- del concurso abierto por el Ayuntamiento de Sevilla para llevar a cabo la rehabilitación de la plaza en la que se ubica.
Sus instalaciones incluyen un mercado con locales comerciales y de restauración, una plaza de espectáculos, un mirador y el museo Antiquarium, que se organizan en cinco niveles. El que contiene el mencionado museo con restos arqueológicos está situado bajo la rasante original del terreno donde se asienta la galería comercial. Por encima se encuentra la plaza. Más arriba se observa otro nivel con una zona de restaurantes a unos veinte metros de altura y, finalmente, la pasarela con función de mirador que atraviesa la parte superior.
Son más de 3 mil piezas de madera con diferente altura y ancho variable –en cuyo diseño hubo que realizar complejos cálculos informáticos- unidas entre sí mediante barras de acero encoladas con un producto específicamente producido para resistir las altas temperaturas de la zona, que constituyen esta escultura. Se dice, aunque aún sin confirmaciones oficiales, que se trata de la estructura de madera más grande del mundo.
Las obras comenzaron en junio de 2005. El valor inicial estaba estimado en 50 millones de euros, pero se atravesaron serias dificultades que retrasaron los trabajos hasta 2010. Luego de superarse los inconvenientes financieros y tras haber elevado el costo del proyecto hasta, según la versión, aproximadamente 100 millones de euros de inversión pública -equivalente a 143 euros en impuestos de cada uno de los 700 mil habitantes sevillanos-, fue inaugurado con bombos y platillos a pesar de fuertes críticas y fallos judiciales contrarios respecto de su ubicación.
En enero de 2013, ya con un año de rodaje que incluso colocó a las Setas de la Encarnación como lugar de manifestación de los indignados españoles, el Metropol Parasol fue seleccionado, por encima de otros 335 proyectos candidatos, como uno de cinco finalistas del Premio de Arquitectura Contemporánea Mies van der Rohe, otorgado dos veces al año por la Fundación homónima y la Unión Europea.
Unos cinco siglos de historia nunca son gratuitos, y menos cuando tantos hechos componen su larga vida. La plaza de la Encarnación es el resultado de diversas modificaciones urbanísticas ocurridas en la zona desde el siglo XVI hasta nuestros tiempos. Su nombre se debe al desaparecido convento de la Encarnación, de la Orden de San Agustín, edificio construido en 1591 que ocupaba parte de la plaza.
Previamente, eran dos las plazas que convivían en el territorio. Desde el año 1580 se menciona la plaza de Regina, en la parte norte de la actual plaza, mientras que en lado sur se ubicaba la plaza de don Pedro Ponce. Renombrados personajes habitaron el sitio, como los duques de Medinaceli, los marqueses de Ayamonte y una de las ramas de los Ortiz de Zúñiga.
En 1587 el ayuntamiento de la ciudad compró varios edificios ubicados en la zona, para luego derribarlos y ampliar el espacio. En el siglo XVIII se colocó la fuente que actualmente existe y que fue históricamente el alma de la plaza. Ya al inicio del siglo XIX, durante la invasión francesa, el paso de Napoleón Bonaparte dejó su sello y aniquiló el convento de la Encarnación. Se construyó en el centro un mercado de tres calles cubiertas de galerías. En 1948 se derribó el tercio meridional del mercado, lo cual produjo el renacimiento de la plaza ajardinada con la fuente. Los restos del mercado, en estado catastrófico, fueron demolidos en 1973.
De allí en adelante el abandono, el ostracismo y la falta de decisión dejaron moribunda a la plaza hasta que, finalmente, en la década del ‘90 llegó la idea de un mercado con estacionamiento subterráneo que provocó que se encuentren restos arqueológicos correspondientes a los períodos romano y andalusí de la ciudad. Las obras se pararan en la fase de cimentación. ¿El resultado? Las Setas de la Encarnación.
Nada ni nadie es indiferente a la gran estructura de los hongos desde entonces. Probablemente el alto costo del proyecto, la polémica generada en cuanto a su ubicación y otros factores y argumentos enumerados por sus detractores sean legítimos. Pero el Metropol Parasol, las setas que se alimentaron del olvido al que había sido sometida la plaza de la Encarnación después de su sufrida vida, son un nuevo símbolo de Sevilla. Al menos y quizá en algún tiempo lejano, se hable de las setas de la reencarnación. ©





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