INFORME ESPECIAL | OBESIDAD INFANTIL | #175 JUN 2013
Alerta: Obesidad infantil

Los cálculos más recientes indican que casi 45 millones de chicos en todo el mundo
padecen sobrepeso. Como consecuencia, por primera vez en la historia de la raza humana,
los nenes presentan síntomas de enfermedades de adultos. Nuestro país se encuentra
en uno de los primeros lugares del nefasto ranking.

Careiro da Varzea, estado de Amazonas, norte de Brasil. La cámara sigue los pasos de un repartidor de gaseosas que muestra su destreza para conducir un carro cargado de bebidas por las veredas de un poblado construido literalmente sobre el río. El trabajador se cruza con cuatro chicos y uno, con evidentes signos de obesidad, le pide una. Se trata de Ian, que apenas tiene 4 años y es presentado por su madre como “juguetón, pero enojadizo”. “Cuando quiere algo se lo tenemos que dar porque de lo contrario se enoja mucho (…) Cuando servimos la comida le decimos ‘esto es todo’ y si se queda con hambre entra en crisis”, narra la mujer mientras su hijo mastica un dulce sentado sobre sus piernas. El relato continúa. El nene tuvo una crisis de fatiga y debió ser internado. “Los médicos nos dijeron que debido al sobrepeso su corazón se agrandó y que la grasa comprime sus pulmones dificultándole la respiración”, explica el padre.
La siguiente toma muestra a Ian en pleno “berrinche” porque quiere comer papas fritas. Sobre la mesa hay una botella de una famosa bebida cola, torta, manteca, dulces y crema batida. “Ya no te quiero”, condena el chico a su madre entre llantos. La nueva escena lo muestra con una sonrisa victoriosa y la bolsa de papas fritas en su poder.
Las imágenes forman parte de la introducción del documental brasilero “Mucho más allá del peso”, dirigido por Estela Renner, que tiene un disparador escalofriante: Por primera vez en la historia de la raza humana, los niños presentan síntomas de enfermedades de adultos: Problemas del corazón, respiración, depresión y diabetes tipo 2, todos asociados a la mala alimentación.

Una patología mundial

La Organización Mundial de la Salud define el sobrepeso y la obesidad como “una acumulación anormal o excesiva de grasa que supone un riesgo para la salud”. Al momento de describir la patología en chicos y adolescentes, el organismo internacional explica: “Si bien no es fácil encontrar una forma simple de medir el sobrepeso y la obesidad en niños y adolescentes porque su organismo sufre una serie de cambios fisiológicos a medida que van creciendo. Dependiendo de la edad, existen varios métodos para determinar qué es un peso corporal saludable”. Y sentencia que la obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública “más graves del siglo XXI”.
En la actualidad, los especialistas coinciden en que se trata de un flagelo mundial que dejó de ser exclusivo de las naciones desarrolladas y afecta progresivamente a muchos países de bajos y medianos ingresos, sobre todo en el medio urbano. La prevalencia aumentó a un ritmo alarmante. Los cálculos más recientes indican que casi 45 millones de chicos en todo el mundo padecen sobrepeso, de ese total, 35 millones viven en países en vías desarrollo.
La situación se agrava frente al pronóstico de que los chicos obesos y con sobrepeso mantienen la patología en la edad adulta y tienen más probabilidades de padecer a edades más tempranas patologías no transmisibles como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.
Si bien es posible sostener que el sobrepeso y la obesidad son el resultado de la falta de balance entre la cantidad de calorías consumidas y gastadas, es necesario subrayar que, a nivel poblacional, esta alteración obedece principalmente a factores socio-ambientales y culturales, patrones de consumo y al advenimiento de los nuevos estilos de vida urbanos.
El crecimiento mundial de los índices de sobrepeso y obesidad infantil es producto de una multiplicidad de factores, entre los que se destaca: El aumento del consumo de alimentos industrializados ricos en grasa, azúcares y sal, pero pobres en fibra y otros nutrientes. Estos alimentos, ampliamente promocionados por la industria, tienen como característica su gran poder de saciedad, sabor agradable y bajo costo, por lo que son accesibles para gran parte de la población.
Además, los elevados precios de las frutas, los vegetales frescos y otros alimentos de alta calidad nutricional vuelven a este grupo inaccesible para los sectores de menores ingresos. La disminución de la actividad física debido a los estilos de vida cada vez más sedentarios, a la urbanización y al desarrollo de los medios de transporte, entre otras causas. Si bien también existen factores genéticos, se estima que sólo uno de cada 200 casos de sobrepeso u obesidad infantil obedece a esas causas.
Estados Unidos, Canadá, Alaska y México, en el norte del continente, y Chile y Argentina en el sur aparecen como los países americanos con más casos de obesidad y sobrepeso en los chicos. Mientras que en Europa, España, Italia, Alemania, Grecia, Suiza, Portugal y el Reino Unido encabezan la preocupante tabla. Por otra parte, Oceanía es uno de los continentes donde la patología se expandió por completo.
“La obesidad y el sobrepeso se vinculan con las peores pandemias modernas. Se relacionan con la diabetes que es una pandemia y es la causa mayor de las enfermedades de diabetes tipo 2. Se relacionan con las enfermedades cardiovasculares, que son otra pandemia y unas de las principales causas de muerte en el mundo; se relacionan también con depresión y estrés, y con algún tipo de cáncer”, sentencia Amelio Godoy Matos, endocrinólogo y especialista en metabolismo.
La pediatra y endocrinóloga Daniela Macellaro ilustra la grave situación con un caso. “El otro día vino a mi consultorio una nena de 9 años y 62 kilos. Padece hipertensión y diabetes tipo 2, además tiene colesterol, ácido úrico y triglicéridos muy por encima de los valores normales. Si uno ve su análisis podría pensar que se trata de una persona de 60 años cuando en realidad se trata de un nena”.

Un mal que crece en Argentina

“Decidimos restringir el acceso a alimentos y bebidas no sólo para ellos sino también para nosotros”. “Ellos” son Mica (7) y Manu (5), “Nosotros” Sergio y su pareja Mayra. “Siempre fuimos, por decirlo de alguna manera, ‘gorditos’, pero hoy estamos bajo tratamiento porque los chicos tienen un gran problema de sobrepeso, consultamos especialistas y decidimos reparar esta situación”, explica este jefe de compras de una multinacional que luego de una década de inactividad retomó los deportes. Y agrega: “En casa las bebidas, los postres, las galletitas, los quesos y los embutidos, por nombrar algo, siempre estaban al alcance de la mano. No sólo de los adultos, sino de los chicos. Teníamos una dieta hipercalórica que, combinada con el sedentarismo comenzó a dejar marcas graves en la familia. Hoy los nenes sufren de sobrepeso y necesitan replantear sus hábitos de comida. Por supuesto que no pueden hacerlo solos, toda la familia está embarcada en este proceso”.
Al respecto, Liliana Orizzonte, pediatra a cargo del Área Materno Infantil de la Secretaría de Salud de Lomas de Zamora afirma, ante la consulta de Metro, que “en general la obesidad está aumentando, y ésa es la preocupación en los últimos tiempos”.
Respecto de los motivos que la originan, la especialista explica que “en general la obesidad es una enfermedad multicausal, los pilares tienen que ver con la alimentación pero también con el estilo de vida de las personas”. Entonces, por un lado ubica “el acompañamiento familiar en la crianza de los chicos, las comidas rápidas y la alimentación de baja calidad, o tipo chatarra”. Por el otro, encuentra en el sedentarismo a otro factor de origen. “Los espacios de juego y recreación de los chicos hoy tienen que ver más con el uso de las computadoras, con estar dentro de las casas, con ausencia de ejercicio físico y no con los juegos afuera y el gasto de energías”.
Por su parte, la doctora Norma Piazza, secretaria del Comité de Nutrición de la Sociedad Argentina de Pediatría, también advierte que la obesidad y el sobrepeso están creciendo. “Hay causas que son de una sociedad obesogénica, como la llamamos nosotros. Porque hay causas medioambientales o nutricionales que favorecen el desarrollo de estas patologías. Ya no se puede hablar de individuos, sino de sociedades obesogénicas, y las condiciones de esas sociedades son el modo de vida en realidad, con un modo sedentario, con un modo de reemplazo del cuerpo por el aparato, y también de la alimentación, en la medida que ésta pasa de hogareña a una de producción industrial”, indicó a Metro Piazza.
“En realidad esto hay que tomarlo desde el punto de vista familiar y no individual del niño. El niño está en el contexto de una familia, donde toda su familia se alimenta de una manera y tiene un ritmo de vida determinado y esto es lo que progresa más hacia la obesidad, incluso con grandes complicaciones como la diabetes o las alteraciones hepáticas en chicos más pequeños”, asegura Piazza.
La profesional aborda un nuevo concepto: el ambiente obesogénico. Se trata de un contexto con abundancia de comodidades, mayor acceso a alimentos energéticos y vida sedentaria. Los últimos estudios sobre las causas que intervienen en la obesidad denunciaron que este ambiente de constante desarrollo tecnológico y comodidad para la vida cotidiana está afectando de forma directa a la proliferación de la enfermedad.
Cada vez pasamos más horas frente a las computadoras u otros aparatos eléctricos, tenemos al alcance del bolsillo una diversidad de alimentos (más calóricos que sanos) y no caminamos porque tenemos automóviles o transporte público. Este sería el ambiente ideal para que la “obesidad pasiva” germine en toda la población mundial.

Consecuencias a corto plazo
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Aumento de los factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares
Diabetes
Asma
Diabetes (tipo 1 y 2)
Anormalidades ortopédicas
Enfermedades del hígado
Problemas psicológicos

A largo plazo (Para el adulto que fue obeso de niño o adolescente)
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Persistencia de la obesidad
Aumento de los factores de riesgo cardiovascular, diabetes, cáncer,
depresión, artritis.
Mortalidad prematura.

Buenas opciones para buenas decisiones

Los momentos más dramáticos del documental “Mucho más allá del peso” -cuyos objetivos no son lacrimógenos, sino de divulgación y toma de conciencia- muestran a un grupo de chicos que promedian los 7 años contando las consecuencias de su sobrepeso y obesidad.
“A veces me falta el aire, por las noches me pongo mal”, dice una nena. “Me duelen mucho las piernas, casi no puedo caminar”, confiesa otra. Un adolescente le dice a la cámara que “desde hace algún tiempo toma pastillas para la presión”. Leonardo de 8 años, confeso fanático de la “comida chatarra” tiene el colesterol alto. “Comemos hamburguesas, tomamos gaseosas y nos llevamos juguetes”, argumenta el nene para explicar su fanatismo por las dos firmas mundiales de hamburguesas.
“Uno no puede competir contra campañas publicitarias multimillonarias. Esa publicidad está en la televisión, está en la calle, en internet, en todos lados. Entonces va con su hijo y pasan frente a un lugar famoso de comidas rápidas y el nene quiere ir porque lo que ve no es un lugar de comidas sino un lugar de juegos infantiles”, aclara el sociólogo Alejandro Calvillo.
La OMS sostiene que, además de las decisiones individuales o familiares como aumentar el consumo de frutas y hortalizas, legumbres, cereales integrales y frutos secos; reducir la ingesta total de grasas y sustituir las saturadas por las insaturadas; disminuir la ingesta de azúcares, y realizar actividad física adecuada; para frenar la epidemia de obesidad infantil es necesario “un compromiso político sostenido y la colaboración de muchas partes interesadas, tanto públicas como privadas”.
“Los gobiernos, los asociados internacionales, la sociedad civil, las organizaciones no gubernamentales y el sector privado tienen un papel fundamental en la creación de entornos saludables y de condiciones de asequibilidad y accesibilidad de opciones dietéticas más saludables para los niños y los adolescentes”,
aseguran desde el organismo.
Desde un escenario más cercano, la doctora Piazza opina: “Las recomendaciones tienen que estar siempre basadas sobre cambios estratégicos más importantes, y esos cambios tienen que ver con el Estado, con la industria y lógicamente con una responsabilidad de la familia”. Aunque advierte que es “muy difícil” que se puedan cumplir esas recomendaciones sino están programadas.
“Si uno hace recomendaciones de un refrigerio para los recreos en base a frutas o en base a verduras o alimentos que sean nutritivos y con poca densidad energética es difícil que los niños por sí solos lo puedan cumplir porque tienen ofertas que son más tentadoras (…) es como ponerle un esfuerzo de voluntad muy importante contra una tendencia general”, ejemplifica. Y completa: “yo no responsabilizo al individuo en esto, sino que creo que hay un conjunto de situaciones en las que termina siendo un sujeto casi pasivo de cómo se alimenta. Entonces yo haría unas recomendaciones con respecto a decisiones industriales y estatales, porque me parece que la familia termina siendo víctima”.
La obesidad y el sobrepeso infantil avanzan en todo el planeta como enemigos sigilosos. La cantidad chicos en todo el mundo que padecen esta patología, que se relaciona con las peores pandemias del siglo XXI, supera la cantidad de habitantes de nuestro país. Son cifras que pesan, pero que no se pueden ocultar. ©



TXT: Grupo Editorial Metro




Para determinar si una persona es obesa los médicos recurren a una fórmula denominada índice de masa corporal (IMC), que se obtiene dividiendo el peso corporal por la altura elevada al cuadrado.
Si la cifra resultante se encuentra entre 18,5 y 24,9, el peso está en una relación normal con la talla. Ahora, un IMC de entre 25 y 29,9 sugiere sobrepeso, mientras uno de entre 30 y 39,9 delata obesidad; más allá del IMC 40 se entra en el terreno de la obesidad severa o mórbida.
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