ARQ. INTERNACIONAL | COREA DEL NORTE | #175 JUN 2013
Alto, misterioso y polémico

El rascacielos comenzó a ser construido en 1987, en plena Guerra Fría, durante el mando del “fundador de la nación”, Kim II Sung.
En 1992, a raíz de la grave crisis económica del país, el proyecto fue abandonado. Las obras se retomaron en 2008. Cuando, en agosto de este año, se inaugure, será el único hotel en el mundo con más de 100 pisos y uno de los cinco más elevados del globo.

Político, ideológico, social, económico, tecnológico, militar, informativo, cultural e incluso deportivo. En todos esos niveles –aunque sin acciones bélicas directas- impactó el conflicto llamado “Guerra Fría” desatado entre los bloques occidental-capitalista encabezado por Estados Unidos, y oriental-comunista liderado por la Unión Soviética entre el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 y la disolución de la URSS entre los años 1989 y 1991. Los edificios son guardianes de la memoria, silenciosos testigos que arrastran las marcas de la historia.
Fue tal la competencia iniciada entre ambas superpotencias por influir en todo el mundo con sus modelos de gobierno y la impronta que este hecho dejó en la historia de la segunda mitad del siglo XX que hasta la arquitectura de un país como Corea del Norte –alineado al bando derrotado, el oriental- es huella y testimonio de la profundidad del período.
Es así que el Hotel Ryugyong es un rascacielos que comenzó a ser construido en 1987 durante el mando del “fundador de la nación”, Kim II Sung, en el distrito de Piongyang, cuyo nombre proviene de una de las denominaciones dadas históricamente a esta ciudad: Ryugyong, la “capital de los sauces”. El proyecto inicial era terminarlo en 1989, a tiempo para el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.
El gran hotel alcanza una altura de 330 metros, con 105 plantas que suponen una superficie total 360 mil m² y hacen de este edificio con forma de pirámide la estructura más sobresaliente de toda la ciudad y del país.
El plan para la construcción fue documentado como “reflejo del poderío del régimen comunista en los 80´” y como una respuesta, en el contexto de la Guerra Fría, a Corea del Sur -país tutelado por Norteamérica- por la finalización en 1986 del entonces hotel más alto del mundo, el Westin Stamford Hotel, en Singapur.
Los líderes norcoreanos vieron al proyecto como un canal para atraer a los inversionistas occidentales en su mercado. La firma The Ryugyong Hotel Investment and Management Co. fue la elegida para acarrear la inversión extranjera necesaria, mientras que Baikdoosan Architects & Engineers inició los trabajos de armado de un hotel en forma de pirámide, en 1987.
Sin embargo, la disolución del gigante soviético resultó en serias dificultades económicas y políticas para Corea del Norte. El proyecto fue abandonado en 1992 debido, según algunas hipótesis, al colapso económico y energético generado en el país en 1990 con la caída de la URSS, y por tanto, de todos los mercados comerciales surgidos bajo su órbita y sus fuentes de suministro de petróleo. El impacto fue tan profundo para los norcoreanos que decenas de miles de tractores fueron abandonados en el campo, el transporte en camiones se detuvo, las fábricas, los servicios de riego, de fertilizantes, pesticidas y herbicidas pararon su producción, y el colapso agrícola que acompañó a la fractura del sistema económico por falta de energía llevó al país a perder alrededor de 2 millones de personas -el 10% de la población- por inanición. Esta crisis tuvo vínculo directo con la suspensión de las obras.
La construcción estuvo detenida durante 16 años, pero fue retomada en abril de 2008 de la mano del Grupo Orascom, de Egipto, que desde hace años suministra servicios de telefonía móvil en Corea del Norte e invierte en construcción. Se reanudaron los trabajos y desde entonces los ciudadanos de Pyongyang han visto a la mole piramidal cambiar lentamente.
Los funcionarios norcoreanos querían que el edificio estuviese finalizado el 15 de abril de 2012 -para el 100 aniversario del nacimiento de Kim Il-Sung-, pero esto no fue posible. La compañía constructora había estimado la chance de terminar el trabajo exterior del edificio en 2010, pero que las obras del interior podrían llegar hasta 2012 o más.
Reto Wittwer, presidente del grupo hotelero Kempinski a cargo de la gestión de Ryugyong, aseguró que “casi se ha completado la construcción del vestíbulo de la segunda planta, así como la sala de banquetes en el tercer piso” de este gigantesco hotel, por lo que se comenzará a recibir a los primeros clientes aproximadamente en agosto de 2013.
El edificio más alto y misterioso de Corea del Norte, cuya silueta se puede observar desde prácticamente cualquier punto de Pyongyang, está diseñado en forma piramidal con tres alas -de 100 metros de largo por 18 de ancho- que convergen en un punto donde forman un pináculo. La parte superior consiste en una estructura circular de 40 metros de ancho que alberga ocho plantas que rotarán, coronadas por otras 6 plantas estáticas.
Rodeado por numerosos pabellones, jardines y terrazas, fue concebido para tener 3.000 habitaciones, así como siete restaurantes giratorios en una gran estructura circular de 45 yardas a lo alto de la pirámide.
“Ejemplo de la locura comunista”, “el peor edificio del mundo”, “el hotel fantasma”, y “la única pieza de la ciencia ficción en el mundo contemporáneo”. Ésas fueron algunas frases utilizadas para describir al Ryugyong durante sus 16 años de hibernación y los casi cinco años de culminación de la obra que transcurrieron desde 2008. Todas salieron de bocas occidentales.
Derribado el Muro de Berlín y en medio de amenazas nucleares cruzadas entre Corea del Norte y Corea del Sur -cada uno junto a sus respectivas potencias aliadas, China y Estados Unidos-, la polémica entre modelos económicos e ideológicos sigue marcando canchas. Sin embargo, de completarse los plazos de obra marcados por el presidente de la cadena hotelera Kempinski, el Ryugyong será, una vez construido, el único hotel en el mundo con más de 100 pisos, el edificio más alto de la península coreana y uno de los cinco hoteles más elevados del globo. Nada despreciable para el difícil contexto que lo verá nacer. ©




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