POSTALES | PASEO DE LA HISTORIETA | #172 MAR 2013
De la tinta a la calle

De chicos nos hacían reir, de grandes nos hicieron pensar.
Hoy tomaron forma en esculturas y murales diseminadas por las calles de San Telmo.
El “Paseo de la Historieta” es un recorrido por aquellos entrañables personajes del comic nacional y un homenaje a sus creadores.

Hace unos años, tuvimos el placer de entrevistar a Guillermo Mordillo en su casa familiar de Villa Pueyrredón. Una casa común, en un barrio común, a la que este hombre fuera de lo común regresaba cada vez que su agenda lo permitía a visitar familia y amigos. Radicado en Mónaco, sus dibujos son furor en países como Alemania, Francia, Italia o el Reino Unido. Sus dibujos mudos no tienen nacionalidad ni idioma, los puede entender desde un comerciante de Estambul hasta un ama de casa de Villa Crespo. “Al principio fue por necesidad, porque yo emigré a Estados Unidos sin hablar una palabra de inglés”, esbozó como explicación en esa charla que estaba pautada por cuarenta y cinco minutos y se extendió por más de tres horas. Ocurre que el más cosmopolita de los dibujantes argentinos tenía una gran preocupación por el patrimonio del humor gráfico nacional. Ante la falta de un museo que los guardara, la mayoría de los dibujantes iban guardando las láminas originales de sus colegas, muchas regaladas por los mismos autores y otras donadas por sus herederos. Él mismo tenía, en el altillo de esa casa de Villa Ballester, un archivo personal con dibujos de legendarios humoristas.
Mordillo formaba parte de un grupo de dibujantes que hacía muchos años que estaban bregando por crear una institución que preservara el humor gráfico de los argentinos. Con una mezcla de ironía y tristeza, contó que la primera vez que le habían prometido un espacio salieron de la reunión y Roberto Fontanarrosa se fue corriendo a buscar un taxi. El Negro se murió sin ver a Mendieta colgado en una pared, compartiendo sala con alguna chica Divito, Isidoro Cañones, Clemente o una entrañable Mafalda.
Pasaron muchos años hasta que finalmente el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires recogió el guante y una iniciativa comenzó a tomar forma. Literalmente. Los personajes pasaron del papel a las tres dimensiones, en unas figuras de resina que cobran vida por las calles de San Telmo. El plan es crear un recorrido bautizado como “El Paseo de la Historieta” que desemboque en el Museo de Humor Gráfico instalado en la vieja Cervecería Munnich de la costanera Sur.

Todo comenzó con Mafalda

En septiembre del 2009, todos los que durante años leímos a Mafalda en tiras en blanco y negro, descubrimos que su vestidito era verde. Ella estaba ahí, sentada en un banco de plaza sobre la esquina de Defensa y Chile, con las manos sobre las rodilla y una carita de “yo no fui” que no logra esconder el alma inquieta de la niña contestataria e irreverente que Quino creó en 1963.
La escultura de Mafalda fue descubierta como parte de un homenaje que la Ciudad de Buenos Aires le hizo a Joaquín Lavado, en el marco de los festejos por el Bicentenario. Para realizarla, convocaron al escultor Pablo Irrgang, quién creó la figura de una niña de 80 centímetros, en fibra de vidrio y resina epoxi, materiales resistentes al exterior y las inclemencias del tiempo.
El éxito tremendo de Mafalda hizo que el proyecto creciera y diera paso, tres años más tarde al Paseo de la Historieta, para el cual la Ciudad de Buenos Aires volvió a convocar a Irrgang, cuya única condición fue la de poder contar con una estrecha supervisión de los padres de cada personaje. El no se considera como el autor si no como el “interprete” de cada escultura, un trabajo en el cual el mayor desafío fue pasar a tres dimensiones un personaje creado sobre un plano.
El 20 de julio de 2012, el Gobierno de la Ciudad dio por inaugurado oficialmente el Paseo con la instalación de Isidoro Cañones, el playboy creado por Dante Quinterno en 1935. En septiembre fue el turno de Larguirucho, eterno compañero de aventuras de Hijitus imaginado por García Ferré. Y en noviembre se descubrió la figura de Clemente, que arenga a la hinchada desde unas gradas que, como no podía ser de otra manera, están emplazadas sobre un mural de papelitos. Los bocetos de esta escultura habían sido aprobados por Caloi antes de su muerte, pero el trabajo fue supervisado por su hijo Tute.
Esta sería la última escultura que Irrgang realizara para el Paseo de la Historieta. Según una carta abierta enviada por el mismo autor al sitio Lapiz y Papel, la desvinculación se produjo como consecuencia de la decisión del Gobierno de la Ciudad de llamar a licitación pública para la esculturas restantes.
De hecho, en octubre se había inaugurado la figura de Matías, el niño terrible y cariñoso creado por Sendra en 1993, realizada por los artistas Guido Llordi y Brian Bruhn. Es una escultura de un metro y medio, realizada con los mismos materiales y técnicas, en la que un Matías con la panza al aire está parado sobre su skate.

Esculturas, murales y demás yerbas.

El proyecto del Paseo de la Historieta contempla un total de diez esculturas. A las cinco que ya se emplazaron, se sumarán las chicas de Divito, Don Fulgencio, el Loco Chávez, Patoruzú y Gaturro. Pero el Paseo de la Historieta no se agota en las esculturas. Esta iniciativa abarca además una serie de murales que acompañan el recorrido, algunos de ellos fueron llevados a cabo por los mismos artistas. Otros, son gigantografías realizadas a partir de dibujos expresamente autorizados por los autores o sus herederos.
Allí están las figuras pintadas por García Ferré alrededor de su Larguirucho, el mural que Liniers pintó en las paredes del Suthern (con la participación musical en vivo de Kevin Johansen) o el de Garaycochea, por ejemplo. También hay un mural en honor a Fontanarrosa, con gigantografías de Inodoro Pereyra y su fiel Mendieta.
Si algo distingue a este proyecto es su concepción dinámica. Si bien hoy son diez las esculturas programadas, el número puede ampliarse a medida que pase el tiempo. Es una muestra permanente a cielo abierto, al alcance de la mano y la vista de todos los que recorran las calles de San Telmo.
El recorrido también esconde algunas perlitas y detalles de color. Como la placa que se colocó durante el acto de homenaje a Quino, en el frente de la casa de Chile 371 en la que el dibujante vivió durante años. Si bien el barrio de Mafalda fue (y sigue siendo) una incógnita, el imaginario popular la ubica en esas veredas entre San Telmo y Montserrat. La placa en cuestión dice “Aquí nació Mafalda” y su autor no se ha pronunciado en contra.
Al final de paseo, las luces del semáforo de Paseo Colón tienen la forma de Gaturro. Justo allí, donde termina el paseo, uno puede tomar algunas de las bicicletas del Gobierno de la Ciudad para llegar hasta la Costanera Sur y visitar el más nuevo de los museos porteños, el Museo del Humor Gráfico Argentino. Aquel museo con el que soñaron Mordillo, Fontanarrosa y tantos otros. ©



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