ARQUITECTURA INTERNACIONAL |EL MARACANÁ | #172 MAR 2013
El nuevo Maracaná

El estadio "mais grande do mundo" está siendo remodelado en vistas del próximo mundial de fútbol Brasil 2014. Declarado patrimonio arquitectónico de Río de Janeiro, su remodelación genera tanta expectativa como polémica.

Hay que reconocer que lo cariocas son gente de palabra. Tanto, que llegaron a pintar a su estadio insignia con los colores de la camiseta uruguaya, cumpliendo una promesa. Al menos eso es lo que cuenta la leyenda.
El Estadio Municipal de Maracaná había comenzado a construirse en agosto de 1948, en función del mundial del 50, en base a un proyecto de los arquitectos Rafhael Galvão, Orlando Azevedo Antônio Días y Pedro Paulo Bernardes. Desde su concepción, fue grandioso: trabajaron 10.000 hombres, se utilizaron 500.000 bolsas de cemento, 10 millones de kilos de hierro, tres millones de tejuelas, y otros tantos millones de metros de tierra, arena y madera. Pensado para ser la sede principal del primer mundial de posguerra, después de 12 años sin copa, tendría la capacidad de albergar a 200.000 espectadores.
Se inauguró el 17 de junio de 1950, completamente terminado, pero con la estructura de hormigón a la vista. Una semana después comenzaba la copa mundial con un partidazo en el cual Brasil derrotó 4 a 0 a México. Un mes más tarde, el Maracaná sería la sede de la histórica final entre Brasil y Uruguay.
Dicen que, en la euforia de la contienda y seguros de un triunfo inminente, los locales prometieron que pintarían el estadio del color de la casaca que se consagrara campeona. Quiso el destino que Alcides Ghigia convirtiera ese gol que desempataría para darle el triunfo a Uruguay, sumiendo a los 200.000 espectadores en el silencio más largo y profundo de la historia del estadio. El “maracanazo” llevó a Uruguay a alzarse con la copa, y al estadio a lucir de por vida el color celeste y blanco que lo caracteriza.
La versión oficial, mucho menos interesante, argumenta que el color corresponde al escudo de la ciudad de Río de Janeiro. (De todos modos, nunca hubiera estado pintado de verde y amarillo ya que hasta ese mundial, Brasil jugaba con camiseta blanca).
La derrota de la final, no parecía augurar el futuro promisorio que la historia tenía reservado a ese césped: de 104 partidos jugados por la “verde amarela”, 75 fueron victorias, 22 empates y solo 7 derrotas.
En 1964, el campo de juego fue bautizado oficialmente como Estadio Jornalista Mario Filho, en honor al periodista que alguna vez dijo que “creer en el Maracaná es creer en Brasil”, pero nunca puedo quitarse de encima el nombre con el que nació. Para todo el mundo es “el Maracaná”, el césped que vió los goles de Pelé, de Garrincha y de Zico, el campo de juego de Flamengo y Fluminense, el escenario de los grandes recitales de Madonna, Queen, Paul Mac Cartney y Tina Turner, el estadio con mayor capacidad del mundo, y sin dudas, el que mantiene intacta la magia del “jogo bonito”.
El estadio volverá a ser la sede de un nuevo mundial en 2014. Se caía de maduro que, sesenta años después, ameritaba una reforma. El mérito era encontrar un punto de encuentro entre los apocalíticos como el mismo Avelange que bogaba por su demolición total por considerarlo un estadio obsoleto, y los conservadores como el Instituto de patrimonio que lo declararon patrimonio arquitectónico. El punto medio fue una reforma de casi 600 millones de dólares en la cual el estadio va a conservar su forma oval y su fachada celeste y blanca, pero se le agregará un techo, asientos en la popular, más palcos, y se lo dotará de la más moderna tecnología en todos los aspectos.
De los originales 200.000 espectadores que podía alojar en los años 50 ( la mayoría de pie), el estadio ha ido perdiendo capacidad a medida que se fueron agregando asientos en diversas remodelaciones. En la reforma actual, el número de asientos queda reducido a 80.000, ya que se colocarán asientos fijos incluso en las populares, además de 110 palcos.
Se incorporarán 11 nuevos ascensores, 3800 altavoces, 314 cámaras de seguridad, 360 monitores de televisión, cuatro pantallas gigantes, y 36.000 metros cuadrados cubiertos con aire acondicionado.
El toque políticamente correcto será el mecanismo de captación de lluvia que se instalará para regar el césped, y un sistema de iluminación de bajo consumo.
El punto de mayor discusión se centro en torno al techo. El Maracaná tenía una cubierta estructural que protegía parte de las gradas. Las disposiciones de la FIFA exigen que todos los estadio tengan cubierta la totalidad de los asientos. Por ese motivo, el proyecto original contemplaba ampliar el techo existente. Como estaba muy deteriorado, fue necesario demolerlo e instalar uno nuevo. Al estar declarado como bien patrimonial, el Instituto de Patrimonio Histórico y Artístico Nacional de Río de Janeiro debió autorizar su demolición y posterior reemplazo. El nuevo techo será una cobertura de lona tensada, que tiene una duración aproximada de 50 años, y una estética muy acorde con la línea de modernidad y pujanza que Brasil pretende mostrar.
El techo en cuestión generó las mayores críticas, tanto por su excesivo costo (casi la mitad del presupuesto) como por la demora en los tiempos de ejecución. No fueron menos la voces que se alzaron en contra de la demolición del viejo techo de concreto, argumentando que hubiera sido más razonable construir un nuevo estadio y dejar al original como un referente de los tiempos de gloria.
Como sea, el viejo Maracaná ya no existe, y en su lugar se levanta uno nuevo. Nadie sabe todavía si será la sede del partido inaugural, ni de la final, pero nadie le quita a los cariocas la posibilidad de una revancha. ©




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