PERSONAJES | DANIEL LÓPEZ ROSETTI | #174 MAY 2013
"Tengo una obsesión: Comunicar fácil"

El cardiólogo, especialista en medicina del estrés y divulgador científico recorre,
en esta entrevista con Metro, su vida y trayectoria. Asegura que la comunicación
es “una herramienta médica” y aborda las historias clínicas de los personajes más importantes
de la historia nacional, investigación que derivó en su libro y en el unitario de Telefé.

La historia de los médicos en la televisión argentina ha tenido múltiples y diferentes capítulos. Desde Mario Socolinsky y “La salud de nuestros hijos” hasta Alberto Cormillot y su “Cuestión de peso”, la medicina, el academicismo y los medios se entremezclaron para combinar difusión de la ciencia con espectáculo. Daniel López Rosetti es médico clínico, cardiólogo universitario, especialista en medicina del estrés, docente, investigador y divulgador científico. “La medicina en televisión es un recurso didáctico, como la tiza y el pizarrón”, sostiene el supervisor médico y co-conductor del unitario Historia Clínica, emitido por Telefé, basado en el libro homónimo.
López Rosetti, también autor de “Estrés, epidemia del siglo XXI”, es presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés (SAMES) y en el edificio de la entidad recibe a Metro, dispuesto a recorrer en una entrevista su vida, carrera y pareceres. “La batalla para controlar el estrés es una pelea cuyo núcleo es tener una filosofía de vida”, afirma López Rosetti con certeza.

-¿Qué es la medicina del estrés?
El estrés es un proceso normal del organismo, es decir, no hay vida sin estrés. Por definición, el único lugar donde no hay estrés es la paz del cementerio. Es normal, pero por encima de un nivel empieza a ser patológico. En ese nivel en que las cargas que soporta el individuo superan su capacidad de resistencia es cuando aparece el estrés malo o distrés, técnicamente hablando, y es ahí donde aparecen signos y síntomas de los más diversos.

-¿Cuáles son esos síntomas?
Entre los síntomas más comunes está el cansancio, el agotamiento, el nerviosismo, la ansiedad, el insomnio, la disminución de la facultad del control, el cambio de humor o carácter, síntomas físicos como acidez de estómago, trastornos digestivos, trastornos en la presión arterial, dolores de pecho, alteraciones en la piel, contracturas musculares, etcétera. Se trata de un conjunto de signos y síntomas físicos y psicológicos que son muy diversos de acuerdo a la persona que tiene afección por estrés.

-Una vez diagnosticado, ¿cómo se lo aborda?
Está dentro de lo que se llama -la palabra es muy larga, 30 letras- psiconeuroinmunoendocrinología clínica. Lo nervioso, la defensa del organismo y lo hormonal. Pero hay que tener presente que empieza con lo psicológico. El estrés es un proceso que comienza con la percepción psicológica de los hechos que le acontecen a la persona. En medicina del estrés decimos que no importa lo que sucede sino lo que uno cree que sucede. Es un fenómeno básicamente subjetivo. Lo que tiene influencia psicológica en el individuo tiene traducción física a través de las funciones neurológicas, de las funciones hormonales y de las funciones inmunológicas. Entonces dependiendo de cuál es la alteración, la patología o la sintomatología que tiene el paciente es el abordaje dentro de la medicina del estrés.

-¿Por qué cuando se refiere al estrés, siguiendo el título de uno de sus libros, lo hace como “la epidemia del siglo XXI”?
El estrés existió siempre, pero es evidente que en los últimos años de la historia de la humanidad ha aumentado el nivel de estrés, y esto tiene que ver, entre otras cosas, con el aumento de la velocidad en la cual vivimos. De hecho, el estrés -que habíamos definido como un proceso normal- se define por la capacidad de adaptación psíquica y física de un individuo. Cuando el individuo no se adapta al entorno o a las circunstancias de vida, empieza con estrés, y cuando hay estrés aparece la enfermedad. Y esa patología se llama enfermedad por estrés o por desadaptación. Porque la velocidad que imprime la vida moderna no es la velocidad para la que biológicamente estamos adaptados en los últimos millones de años. Las comunicaciones, por la prolongación del día, por la iluminación, por el hecho de estar conectados con cualquier parte del mundo on-time. Todo esto hace que estemos en forma constante en una tensión sin capacidad de descanso. De hecho, a las enfermedades por estrés algunos las llaman “hurry sickness”, que quiere decir enfermedad del apuro. Y como el estrés tiene una relación inversa con la facultad de control, cuando una persona siente que controla su vida, sus condiciones y sus acciones, su nivel de estrés es bajo. Si se percibe lo contrario, el nivel de estrés es más alto. Hay una tríada emocional que justifica y hace entender el por qué sufrimos el estrés, que es el temor, la duda y la incertidumbre. Esa tríada es la que genera el estrés.

-Usted tiene una amplia carrera profesional que incluye la publicación de libros. ¿Cómo se produjo el paso a los medios masivos de comunicación?
Por el interés que despiertan los síndromes de ansiedad, las patologías cardíacas, el aumento de las frecuencias de enfermedades coronarias, los accidentes cerebrovasculares y la irrupción del estrés como tema popular, se produjo el lugar para que periodistas y productores comenzaran a llamarme para explicar esta problemática.

-Eso es desde la convocatoria, pero debe haber algún elemento o interés también de su parte.
Yo tengo una obsesión que es comunicar fácil. Tengo una anécdota que me cambió la vida. Cuando estaba en tercer año de medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y hacía docencia como ayudante de Fisiología, un día mi mamá me pregunta algo sobre una enfermedad. Yo le respondo con palabras muy difíciles, incomprensibles y seguramente con soberbia. Mi mamá me dejó que hablara un rato largo y cuando terminé de charlar le dije algo terrible que es “¿entendiste?”. Entonces me dijo que no, y que si hablaba así de difícil nunca iba a curar a nadie. Yo me di cuenta, con el tiempo, de que me había enseñado dos cosas: una es que me dio un cachetazo a la soberbia, y la otra es que me enseñó a hacer medicina, porque la comunicación es parte de la medicina. Si uno no se comunica con el paciente, no hay acción terapéutica. La comunicación es una herramienta médica. Las comunicaciones poderosas, las comunicaciones potentes tienen que ver con lo emocional. Las personas tenemos racionalidad, pero la verdad que tenemos millones de años de emoción y muy pocos años de razón. De hecho, la mayoría de nuestras razones no son razones, son emociones racionalizadas.

-Así se llega a Historia Clínica, el unitario emitido por Telefé. ¿Se trata de la sinergia producida por su profesión, la medicina, y esa obsesión por comunicar fácil?
Por eso es que decimos que es un pretexto médico como para conocer sobre las enfermedades, sobre la salud, y sobre determinados personajes de la historia, donde la modificación de la historia clínica de ese personaje también modifica la historia. Es decir, vemos que en un San Martín, un Belgrano, la modificación de la historia clínica también modifica la historia. Eva Perón muere muy joven, con un diagnóstico inicialmente errado, en un ámbito palaciego en el poder. Su madre, Juana, tuvo la misma enfermedad, cáncer de cuello de útero, que fue tratada a tiempo y sobrevivió a su hija. Entonces uno piensa: si se hubieran hecho las cosas de otro modo, ¿hubiera sobrevivido? Probablemente, aunque uno no puede ser contrafáctico. Y si esto ocurría, ¿no cambiaba la historia argentina? En qué sentido es cosa del análisis que cada uno haga. Pero es claro que el cambio en la historia clínica en algunos casos puede determinar el cambio en la historia argentina o del mundo.

-En este sentido, ¿hubo alguno o algunos de estos personajes que le haya llamado la atención de modo particular?
Eva Perón es una, sin duda, porque realmente creo que sí hubiera cambiado la historia en uno u otro sentido. Un personaje que me gustó particularmente es Belgrano. A él realmente me acerqué mucho. San Martín es otro personaje al que, por cuestiones hasta estrictamente médicas, uno se acerca mucho. Borges me llamó mucho la atención en cuanto a los aspectos psicofisiológicos. Él, aún en su pérdida visual, seguía recibiendo luces de color amarillo y amaba el amarillo desde chico. La madre no lo podía sacar del zoológico cuando veía al tigre de bengala. Amaba ese color, y es el último color que pierde. Eso da toda una elucubración psicobiológica sobre si el amor pudo haber hecho que conserve un color más tiempo, y eso lleva a una cantidad inmensa de reflexiones.

-Después de la emisión del programa, ¿qué impacto percibió en el público de un unitario como éste, que mostró ciencia e historia al mismo tiempo?
La repercusión fue buena. Se trató de todos personajes interesantes de la historia, que permitió a la gente, justamente por esta cuestión mencionada del pretexto médico, acceder a ellos desde otro lado. Desde la humanidad, desde el dolor, desde la no idealización. Desde el hecho de que San Martín no es un busto de bronce, porque un busto de bronce no puede cruzar los Andes. No hay que olvidar que un San Martín tenía insomnio antes de cruzar los Andes y el diagnóstico de este insomnio lo hace él mismo porque lo escribe, y agrega el motivo: “Lo que me quita el sueño no es el enemigo, sino cómo cruzar esas altas cumbres”. Cuando te metés en esta historia, conocés al personaje desde otro lado, y eso a la gente le gustó porque simplificó la medicina y simplificó también la historia. ©


HISTORIA & CLÍNICA

“Además de un pretexto médico para conocer a esos personajes desde otro lugar, Historia Clínica salió fácil desde el nombre mismo. A mí me gusta la historia, y ocurre que a Felipe (Pigna) le gusta la medicina. Y a los dos nos gusta comunicar simple. Mucho trabajo en el medio, pero es fácil. Es leer la historia, pero te detenés en un síntoma, en una pérdida de sueño, en una enfermedad, y así en cómo estos elementos modifican la historia”, asegura con entusiasmo el doctor Daniel López Rosetti para explicar de qué se trata el unitario de 13 capítulos que Telefé emitió entre diciembre de 2012 y marzo de este año.
Con la conducción y supervisión histórica de Felipe Pigna y médica de López Rosetti, la idea central del programa fue exponer, a través de un formato que fusiona el documental y la ficción, las patologías de diversos personajes reconocidos de la historia argentina e internacional, sus diagnósticos, cómo estos hechos influyeron en la vida pública y privada de estas personas, qué hubiera pasado con la historia de haber sido otra su historia clínica, y qué ocurre actualmente con estas enfermedades.
Comenzando con Eva Perón, también Juan Domingo Perón, Ernesto Che Guevara, Discepolín, Tita Merello, Horacio Quiroga, Domingo Sarmiento, Juan José Castelli, Alfonsina Storni, Aníbal Troilo, Carlos Jauregui, Manuel Belgrano y José de San Martín fueron los “pacientes” de este consultorio de la historia que emitió Telefé, con un elenco rotativo de primeras figuras conformado por Eleonora Wexler, Jorge Suárez, Osmar Núñez, Pablo Rago, Martín Campilongo, Cecilia Dopazo, Oscar Ferrigno, Luis Machín, Elías Viñoles, Silvina Bosco, Carlos Portalupp, Gerardo Romano, Marcelo Mazzarello, Esteban Meloni, Virginia Innocenti, Mariano Torre, Gastón Pauls, Carlos Belloso, Federico D’Elia, Julieta Díaz, Guillermo Fernández, Mike Amigorena, Michel Noher, Florencia Raggi y Carola Reyna, entre otros.
Con la producción de Underground Contenidos y Grupo Crónica, basado en el libro homónimo de López Rosetti, el unitario fue ganador del concurso Ficción CIN y Ministerio de Planificación de la Nación y sus contenidos pertenecen al BACUA (Banco Audiovisual de Contenidos Universales Argentino). Desde el sitio web de Telefé se puede acceder a visualizar todos los capítulos completos del ciclo.

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