ARQUITECTURA INTERNACIONAL | FRANCIA | #174 MAY 2013
La Filarmónica de París

El gran auditorio con forma de colina de 36 metros de alto está a cargo del arquitecto francés Jean Nouve.
La inauguración está planeada para 2014. Entre otros servicios, contará con una gran sala
de conciertos, tiendas, biblioteca, una zona de cursos y conferencias, y otra de exposiciones,
un restaurante y estacionamiento.

"Si la música es el alimento del amor, ¡que siga sonando!”, reza el enigmático macho Paul (Marlon Brando) en El último tango en París, en medio de ese aire sensual y cadencioso del tango arrabalero. Y lo hace no casualmente en París, cuyas calles tienen una relación casi de por vida con la prosa y el ritmo tanguero, pero, más en profundidad, con la música y la arquitectura que la contiene.
Es en ese suelo tan tradicional como renovador y artístico que se está construyendo la Filarmónica de París, una institución proyectada y sufragada por el estado francés y la Ciudad de París, y el apoyo de la región de Ile-de-France, que emprendió un gran complejo musical en el Parque de la Villette.
Por el proyecto, en manos del arquitecto galo Jean Nouvel, esta orquesta podrá alardear en 2014, cuando se entregue la obra culminada, de tener un gran auditorio con forma de colina de 36 metros de alto.
Según los primeros detalles conocidos y lo que hasta ahora se avanzó en la construcción, el edificio comprenderá una superposición de planos oblicuos en adoquines de aluminio gris en armonía con la zona que lo hospedará, es decir, el Parque de la Villette, al noreste de la capital francesa.
El complejo está principalmente constituido por una sala de conciertos de unas 2.400 plazas y por un área educativa destinada a captar la sensibilidad de grandes y diversos públicos. Con este objetivo, se organizó un concurso internacional en 2007, tras el cual el estudio Ateliers Jean Nouvel fue seleccionado para dirigir las obras, superando los proyectos de estudios de arquitectos de Austria, Reino Unido, Holanda y otro de Francia.
Además, la sala de conciertos estará enmarcada en una concepción “envolvente” en la que el espectador nunca superará los 38 metros de distancia al director de orquesta. Éste tendrá al público frente a él, a su espalda e incluso en la parte superior.
La acústica responderá a las normas internacionales más exigentes. Jean Nouvel se asoció a Harold Marshall y, en el diseño, contó con el asesoramiento de Yasuhisa Toyota. El resultado fue un modelo que se alejará de las disposiciones estrictamente frontales (conocidas como “cajas de zapatos”) y privilegiará la presencia del público en torno a la escena, para reforzar la sensación de intimidad entre los intérpretes y los asistentes.
El auditorio tendrá una capacidad total de 20 mil m2 útiles repartidos en dos niveles. Además de la gran sala de conciertos, contará con sus respectivos foyers y espacios dedicados a los ensayos, locales administrativos y técnicos, un área educativa, tiendas, biblioteca, una zona de cursos y conferencias, y otra de exposiciones, un café, un restaurante, las infraestructuras logísticas y técnicas necesarias, así como una zona de estacionamiento.
El espacio recibirá fundamentalmente a grandes orquestas sinfónicas -entre las cuales estará la Orquesta de París, que será la residente principal-, pero también incluirá la presencia de diversas formas de expresión musical, desde el jazz hasta las diferentes músicas del mundo que han dado origen al variopinto estilo musical parisino. Será un auténtico centro cosmopolita. La inversión total rondará los 200 millones de euros.
París es ese lugar por el que pasó un momento de transformación inmortalizado en la historia mundial como la Revolución Francesa, que dejó huellas imborrables en lo político y lo cultural, así como el Mayo Francés del 68´ y la serie de protestas estudiantiles y obreras más numerosa de la memoria de ese país.
Pero también es una ciudad que porta una calidad urbana que no viene sólo desde la excelencia o representatividad de su arquitectura. Conocida como la Ciudad de la Luz por la obligación a fines del XVII de alumbrar las calles desde las casas y por la apertura en el XIX de las avenidas haussmanianas que hacían de su espacio público el más luminoso de su tiempo, París propone siempre una indisociable relación de sus edificios con el espacio público, especialmente intensa y necesaria en la arquitectura pública o representativa, desde la Torre Eiffel o los Inválidos con sus jardines transversales al Sena, hasta la Ópera de Garnier o el Panteón de Soufflot con las distintas avenidas trazadas por el barón Haussmann, la ciudad se construye en torno al vacío que articula, jerarquiza y ordena la arquitectura, pero que adquiere vida y dinámica con el entramado cultural que encuentra su eje en la música.
Es así que la Filarmónica se vuelve una extensión de la ciudad y del parque, y ambos se deslizan debajo de ella. Una sala envuelta de una vida permanente. Las plataformas suspendidas en el espacio, en evocación a la inmaterialidad de la música, ponen al público en el corazón de un universo de sonido y de luz. Se constituye como un paseo que emprende vuelo propio en una ciudad que ya flota, para así convertirse en un panorama común en París y su suburbio: es el nuevo blanco que seguirá sonando para alimentar ese amor que se presagiaba en El último tango en París. ©




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