La tecnología
al servicio del bosque

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Desde este año ecologistas de nuestra región cuentan con una nueva herramienta para controlar la tala de árboles en la zona de la Amazonia. Se trata del Google Earth Engine, una plataforma que se puede utilizar para realizar un seguimiento de la deforestación. Actualmente está operativo en Brasil, pero la empresa del famoso buscador promete que pronto estará disponible para usar en otros países. “Google Earth Engine es una plataforma de seguimiento del entorno online que pone a disposición del mundo un modelo digital dinámico de nuestro planeta que se actualiza a diario. Almacena petabytes de datos de satélite y permite que las herramientas de alto rendimiento analicen e interpreten esta información”, explica en su página web de presentación. La experiencia en Brasil fue llevada adelante por la ONG Imazon, y se logró reducir a la mitad el tiempo para emitir una alerta de desmonte y degradación de la Amazonia de este país.
Se calcula que por año alrededor de 13 millones de hectáreas de bosques nativos del mundo desaparecen, lo que equivale a una vez y media la ciudad de Buenos Aires por día.
INFORME | DEFORESTACIÓN | #178 SEP 2013
Zonas verdes, alerta roja

Si bien, las estadísticas muestran una leve disminución en la tasa de deforestación, la desaparición de bosques nativos sigue siendo alarmante. Latinoamérica y África encabezan siniestro el ranking. Según los especialistas, la principal causa de este flagelo es la conversión de tierras forestales a la agricultura y la urbanización.

"El mundo está siendo desollado de su piel vegetal y la tierra ya no puede absorber y almacenar las lluvias. Se multiplican las sequías y las inundaciones mientras sucumben las selvas tropicales, devoradas por las explotaciones ganaderas y los cultivos de exportación que el mercado exige y los banqueros aplauden (…) El presidente del Uruguay hincha el pecho de orgullo: los finlandeses están produciendo madera en nuestro país. Vender árboles a Finlandia país maderero, es una proeza, como vender hielo a los esquimales. Pero ocurre que los finlandeses plantan en el Uruguay los bosques artificiales que en Finlandia están prohibidos por las leyes de protección a la naturaleza”, denuncia Eduardo Galeano en su libro “Uselo y tírelo. El mundo del fin del milenio visto desde una ecología latinoamericana”.
La deforestación en el mundo es una de las mayores preocupaciones medioambientales. Se calcula que por año alrededor de 13 millones de hectáreas de bosques nativos del mundo desaparecen, lo que equivale a una vez y media la ciudad de Buenos Aires por día. Si bien la tendencia al desmonte se redujo en los últimos diez años y en algunos casos hubo una importante reforestación, la situación sigue siendo alarmante, sobre todo en las regiones en vías de desarrollo como América Latina y África.
La tala de árboles tiene que ver principalmente con la conversión de bosques en tierras agrícolas para la siembra, la extensión de la frontera ganadera y la explotación maderera. También es muy común que los desmontes se relacionen con la urbanización, la construcción de rutas y la influencia de la industria minera.
Las consecuencias de la intervención del hombre sobre las superficies forestales son numerosas. Desde el cambio climático, las sequías y la extinción de especies, hasta transformaciones culturales, como el desplazamiento de las poblaciones indígenas.

Optimismo en el mundo y alerta en Latinoamérica

Según el último informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), “el área total de bosque existente en el mundo ascendía a algo más de 4 000 millones de hectáreas, que correspondían al 31 por ciento de la superficie total de tierra o a un promedio de 0,6 hectáreas per cápita”.
Aunque la estadística muestra que se desaceleró la tasa de deforestación, de todos modos sigue siendo alarmante. A nivel mundial, descendió de unos 16 millones de hectáreas al año en la década de 1990 a aproximadamente 13 millones de hectáreas al año en el último decenio.
Las autoridades de la FAO siguen llamando especial atención a nuestra región. Precisamente desde su oficina para Latinoamérica y el Caribe en Chile, la vocera del organismo Hivy Ortiz Chour señala que la tasa de deforestación “disminuyó, aunque es aún elevada”. “Entre 1990-2000 se perdía 0.47% al año, mientras que desde 2000 a 2010 se perdió 0.46%”, señala.
Según un documento elaborado en conjunto por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la Oficina Regional para América Latina y el Caribe de la FAO y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) “mientras que la pérdida global de cobertura forestal se calcula en 0,13% al año, la región reporta un 0,40%”.
El documento de la FAO indica que “el área de bosque siguió reduciéndose en América Central y América del Sur, y la principal causa de deforestación fue la conversión de tierras forestales a la agricultura y la urbanización”. Dentro de la región, la mayor reducción del área de bosque siguió registrándose en América del Sur, aunque las pérdidas se han ralentizado.

La ganancia forestal

La forestación y la expansión natural de los bosques en algunos países redujeron notablemente las pérdidas netas de área forestal a nivel mundial. El informe de FAO destaca que “el cambio neto de área boscosa en el período 2000-2010 se estimó en 5,2 millones de hectáreas por año (una superficie de aproximadamente el tamaño de Costa Rica), inferior al nivel de 8,3 millones de hectáreas por año registradas en el período entre 1990 y 2000”.
La mayoría de las pérdidas de bosque siguieron dándose en países y áreas de las regiones tropicales, especialmente África y América Latina. A nivel mundial, los bosques plantados abarcan en torno al 7 por ciento del área total. Pero en América Latina y el Caribe suman menos del 2 por ciento del área total y la región representa menos del 6 por ciento del área mundial de bosques plantados.
Sin embargo, estas superficies crecieron a un ritmo de aproximadamente 3,2 por ciento anual en la región durante el último decenio. Brasil, Chile, Argentina, Uruguay y Perú registraron el mayor aumento en el área de bosques plantados entre 2000 y 2010.

Nuestro país y mucho para hacer

Un informe realizado en conjunto entre Greenpeace, Fundación Vida Silvestre y Fundación Ambiente y Recursos Naturales indica que “actualmente Argentina cuenta con cerca de 30 millones de hectáreas de bosque nativo, lo que equivale sólo al 30% de la superficie forestal original”.
Según cifras oficiales desde la sanción de la Ley de Bosques a fines de 2007 hasta 2012 se deforestaron 1.145.044 hectáreas, lo que promedia 229.009 hectáreas por año, 627 hectáreas por día, y 26 hectáreas por hora.
El citado trabajo señala que en Santiago del Estero se deforestaron 399.660 ha, en Salta 222.868 ha, en Formosa 113.109 ha y en Chaco 102.592 ha. Estas fueron las provincias con mayor desmonte.
El panorama no es alentador. “Se sigue teniendo un alto nivel de deforestación y lo más preocupante es que es en lugares donde las propias provincias se comprometieron a cuidar, la zona amarilla y roja. Esto implica que se está deforestando en zonas muy valiosas”, explica Hernán Giardini, Coordinador de la Campaña de Biodiversidad de Greenpeace Argentina.
Según el especialista, las principales causas de deforestación en nuestro país responden a la expansión de la frontera agrícola y ganadera: “se está deforestando porque la soja hoy está ocupando el lugar que históricamente ocupó la ganadería en el centro del país entonces la ganadería se va hacia el norte”, detalla.
Los efectos

Las principales consecuencias de esta práctica son ambientales. Entre los efectos principales, sostiene Ortiz Chour, se cuentan “el calentamiento global, la pérdida de servicios ecosistémicos como ciclos de agua, de carbono o protección de suelos”.
Por su parte, Giardini indica que “la deforestación a nivel global contribuye al 20% de la emisión de los gases de efecto invernadero, inclusive más que el transporte. Hoy es importante conservar áreas forestales para evitarlo”.
Se estima que los bosques ancestrales tropicales absorben unos 4,4 mil millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) por año o el equivalente al 15 por ciento de emisiones anuales de gases con efecto invernadero. “Por tanto, la tala de árboles no sólo genera emisiones de CO2 sino que a su vez reduce de manera permanente una fuente importante de secuestro de carbón de la atmosfera”, señala el informe de FAO.
El aumento de la emisión de gases de efecto invernadero es el gran responsable del aumento de las temperaturas que trajo el “calentamiento global”.
“En las zonas desmontadas, en particular en la Amazonia y el centro y norte del Gran Chaco, se observan incrementos muy significativos en cuanto a la temperatura estacional en los últimos 40 años En algunos casos supera los 2 grados centígrados”, afirma Pablo Canziani, investigador de CONICET en una entrevista realizada por el Instituto Leloir.
“La deforestación influye en el cambio climático de varias maneras. Produce una disminución de reservorio de dióxido de carbono en los árboles así como en el suelo; genera una pérdida de regulación de las temperaturas y del ciclo hídrico tanto en el intercambio suelo-atmósfera como en el escurrimiento de las cuencas hídricas; modifica el albedo (reflectividad de la superficie terrestre); erosiona el suelo y altera la rugosidad de la superficie que afecta los vientos”, puntualiza Canziani.
Los bosques son grandes servidores para mantener el equilibrio ambiental. Muchos de los fenómenos climáticos de la actualidad se relacionan con su desaparición.
Por ejemplo, hechos tan opuestos como las sequías o las inundaciones tienen que ver con esto. “El bosque funciona como una especie de esponja, cuando vos lo perdés el riesgo de inundaciones aumenta”, advierte Giardini.
A la vez, los especialistas indican que la deforestación a gran escala en las selvas tropicales puede reducir drásticamente las tasas de precipitaciones tanto a nivel local como a miles de kilómetros de distancia. En este sentido, un estudio realizado el año pasado en Inglaterra pronostica que habrá una disminución de las lluvias de un 12% en la estación húmeda y de un 21% en la seca para el año 2050 a raíz de la tala en la zona del Amazonas. Esta baja ocurre porque la deforestación reduce el ciclo natural de reciclaje a través del cual la vegetación absorbe la humedad del suelo y la envía a la atmósfera, desde donde retorna convertida en lluvia.
Otro problema asociado a la tala indiscriminada es el proceso de desertificación por el cual los suelos pierden parte o el total de sus propiedades productivas. Este fenómeno se da naturalmente en algunos lugares, pero la mano del hombre en el uso irresponsable de los suelos contribuye a su aceleración. “Esos suelos desnudos expuestos al sol y a las altas temperaturas entran en proceso de desertificación y salinización que los vuelve improductivos en poco tiempo”, señala el activista de Greenpeace.
Todos estos cambios en la naturaleza tienen su correlato en las economías regionales. Las sequías afectan a los productores, a la vez que las distintas inundaciones pueden arrasar con la cosecha de toda una temporada y la desertificación vuelve a los suelos improductivos, afectando seriamente a la región.
Por otro lado están las consecuencias sociales. La problemática de los pueblos originarios y sus reclamos ante el Estado tienen que ver con que se arrasa con parte de sus tierras, las que ellos usan para mantener en marcha su economía local.
“La deforestación implica pérdida de todos los atributos que el bosque te da en cuanto a la posibilidad de explotación maderera, de alimento y medicinas, que utilizan las comunidades campesinas e indígenas”, grafica Giardini y agrega: “Esto también tiene un impacto directo sobre éstas comunidades, de hecho en los lugares donde más se deforestó es donde más conflicto social ligado a la tenencia de la tierra hubo”.
Las comunidades originarias luchan para que se reconozca su derecho sobre las tierras que habitan y trabajan desde hace siglos y no se otorguen permisos a empresas extranjeras para el desmonte.
Cuando esto sucede, comunidades enteras deben migrar en busca de otras tierras que les permitan trabajar por su sustento.
ACCIONES DESDE CASA
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Hay pequeñas acciones cotidianas que colaboran con la conservación del área forestal en nuestro planeta. “Una de las cuestiones tiene que ver con el consumo que hace a la protección de los bosques. Por ejemplo el uso responsable del papel o la ingestión de carne”, sostiene Hernán Giardini, miembro de Greenpeace.
Más allá de participar en movilizaciones o sumarse a los pedidos que suelen articular las organizaciones ecologistas, podemos poner atención en las pequeñas acciones diarias.
Cuando compramos papel resma o muebles de madera, debemos comprobar que tengan el sello FSC (Forest Stewardship Council, una organización internacional que promueve una certificación de manejo forestal responsable para empresas que trabajan con maderas y sus derivados). De esta manera sabemos que estamos adquiriendo productos realizados en forma responsable.
Hace dos años y luego de varios procesos y controles de evaluación, la empresa Maderera Llavallol obtuvo el FCS. “La política es poder sumar día a día la mayor cantidad de productos con FSC. Respetar, capacitar a nuestros trabajadores”, explica Ana Karina Durán. Y agrega: “El manejo responsable de los bosques, el trabajo para la sustentabilidad, el respeto a la propiedad y a las poblaciones indígenas, y los derechos de los trabajadores son valores que ponderamos desde la firma”.
Hivy Ortiz Chour de la oficina para Latinoamérica y el Caribe de la FAO completa: “Las plantaciones forestales si bien no sustituyen al bosque natural son formas para reducir la presión sobre los bosques nativos. Visitar las áreas protegidas y reconocer su valor entendiendo el rol que tienen y sintiéndose parte de él contribuyen a cuidar el ambiente”. Los especialistas coinciden en señalar que la difusión es una acción fundamental y al alcance de todos.
Hacia la recuperación

El fenómeno de la deforestación está haciendo tomar conciencia de la importancia del manejo responsable en el uso de la tierra. “La situación se puede revertir si se invierte en manejo forestal sostenible, plantaciones forestales para disminuir la presión en los bosques naturales, recuperación de áreas degradadas, manejo integral de recursos naturales incluyendo prácticas silvo pastoriles y buena urbanización incluyendo bosques y parques urbanos”, sostiene la representante de la FAO y añade: “se puede esperar una mejora en las condiciones de vida y mejoramiento de los ecosistemas influyendo en una buena calidad de vida”.
“La mayoría de los gobiernos están invirtiendo en el manejo forestal sostenible y en disminuir los efectos negativos, esto lo demuestran las estadísticas de descenso de la deforestación”
, expresa.
A nivel mundial la tasa de desmonte disminuyó, pero en América Latina no tanto y especialmente en nuestro país, donde permanece estable.
En 2007 se aprobó la Ley de Bosques mediante la cual se clasificaba a los bosques existentes en tres categorías: rojo, amarillo y verde, según el valor de conservación, siendo el rojo el de mayor importancia. Según la norma “No podrán autorizarse desmontes de bosques nativos clasificados en las Categorías I (rojo) y II (amarillo)”. Sin embargo, según el estudio realizado por Greenpeace, Vida Silvestre y Fundación Ambiente y recursos Naturales, los gobiernos provinciales autorizaron el desmonte en zonas rojas y amarillas.
A nivel global, las perspectivas son alentadoras, y aunque en nuestro país todavía falta por hacer, la tendencia en países de la región como Chile y Uruguay que redujeron la tasa de deforestación en el último decenio, indica que se puede revertir la situación. ©


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