DIARIO DE VIAJE | COSTA RICA | #178 SEP 2013
Pura vida

Costa Rica es una tierra de volcanes, selvas y leyendas, de música y café.
El viajero llega para recorrer sus calles marcadas por los vestigios del pasado colonial y descubrir sus inolvidables escenarios naturales.

El rualdo es un pájaro que habita la selva costarricense, posee un bello y colorido plumaje, pero es mudo. Cuenta una leyenda nativa que antes de la llegada de los conquistadores el ave emitía el más hermoso y melodioso canto de toda la región.
En los límites de la jungla, cerca del volcán Poás, había un poblado indígena. En una de sus chozas, la más vieja de todas, vivía una hermosa muchacha huérfana, que había adoptado a un pichón de rauldo abandonado. El vínculo que se estableció entre el ave y su ama llegó a ser entrañable.
Un día la furia del Poás se desató. La tierra tembló violentamente y los habitantes del poblado salieron de sus chozas, presos del pánico. “El dios del volcán está molesto”, explicaron los brujos de la tribu y comenzaron ofrendar, sin éxito, animales y frutas en busca de la compasión del volcán.
Entonces, el brujo más viejo se acercó a la lava para confirmar sus corazonadas y sentenció: “Quiere un sacrificio humano. El dios volcán desea a la doncella más hermosa del poblado”. Sin tiempo que perder, fueron en busca de la muchacha, quien al principio se resistió, pero luego comprendió la imposibilidad de luchar contra los designios de su pueblo.
Se dirigieron hacia la cima del monstruo volcánico que esperaba impaciente a su víctima. El sacerdote condujo a la doncella cerca del cráter. Ahí, mascullando oraciones, la dejó en libertad para que avanzara hacia el fuego. Cuando estaba a punto de sacrificar su vida apareció el rauldo volando en círculos sobre el cráter y le habló al volcán: “A cambio de su vida te ofrezco la armonía de mi voz” y el ave cantó como nunca antes lo había hecho. Sus melodiosos trinos vibraron en el ambiente, ahogando el rugido del coloso volcánico.
El Poás se enterneció, la dulzura del canto hizo saltar sus lágrimas, llenándose con ellas el cráter en medio de una gran humadera. El fuego y la lava se extinguieron, ocupando en su lugar una hermosa laguna que cubrió gran parte de la oquedad del volcán. En adelante la selva jamás volvería a deleitarse con la mágica armonía de los trinos del rauldo, pero su hermoso plumaje sería una melodía visual para todos aquellos que gozan del privilegio de verlo volar sobre bosques y montañas. El viajero llega hasta Costa Rica, tierra de leyendas y volcanes, de selvas y mil colores.

San José, colonial y globalizada

En el aeropuerto de San José lo espera Esteban que oficia de guía local. El camino al hotel se hace lento, es uno de los momentos de tránsito más intenso en la ciudad. La demora del paso permite algunas precisiones en la mirada inaugural. Al viajero le llaman la atención los colores de la ropa, los olores y aromas que invaden el aire, y también la música del lugar. Se siente recién llegado a un mundo por descubrir. En el albergue lo reciben con un rico café acompañado de gallo pinto -arroz y frijoles negros o rojos mezclados-, un plato regional. Decide desayunar en el patio-terraza del lugar, que tiene vista a la calle. En la vereda se repite un saludo que, como muchos, es una expresión de deseo de los costarricenses: ¡Pura vida, mae! y representa una de las características de los lugareños.
Esteban, junto a una pareja de jóvenes de Pakistán, lo pasa a buscar para recorrer San José. Además de la capital del país, es el centro político y económico, y la ciudad de mayor concentración poblacional.
“Esta ciudad fusiona los vestigios del pasado colonial con la infraestructura y prácticas posmodernas, fruto de la globalización”, avisa Esteban. Los centros comerciales, los grandes almacenes y cadenas de comida rápida internacionales, de esta forma, conviven a diario con las huellas del mundo colonizado por el imperio hispano, representado por la bella arquitectura de origen ibérico, los mercados llenos de ajetreo, color y ruido, y el carácter acogedor de la gente.
El recorrido abarca atractivos como el Parque Metropolitano de la Sabana, la Plaza Esmeralda y sus infinitos puestos de artesanías. También los museos de Oro y Nacional. El viajero, amante de las artes escénicas, propone visitar el Teatro Nacional, que a lo lejos, muestra en su fachada las tres esculturas que representan: La Música, La Fama, y la Danza. Para su construcción se utilizaron maderas preciosas de un gran valor traídas de la provincia de Alajuela, además de mármol y oro en gran cantidad. Se trata un edificio ecléctico, ya que más allá de ponderar el estilo alemán en su fachada exterior, se pueden observar en el interior las huellas del barroco y el rococó. La visita guiada al lugar culminó y uno de los encargados les explica que esa noche toca la Orquesta Sinfónica Nacional y por ese motivo no habrá más paseos hasta el día siguiente. La insistencia del viajero se combina con la buena voluntad de los empleados y le permiten un recorrido abreviado. El lujo del foyer, el lugar donde la gente se reunía en los intermedios o al finalizar las obras, lo impacta.
Luego de la guíada decide almorzar en Chelles, un restaurante típico de San José. El mozo le sugiere que pida “casado”, un plato muy popular, que lleva arroz, plátano maduro, frijoles, carne o pollo en salsa y puré de batatas como guarnición. “Señor, pruebe el postre ‘queque de banano’, es una especialidad”, le recomienda con calidez el mozo. Decide volver al hotel caminando y mezclarse en una ciudad llena de colores y música. El viajero piensa que los habitantes de las ciudades tropicales son cálidos por naturaleza. Cada cuadra que transita se convence más.

Los cocodrilos del Tárcoles

El Tárcoles es un río invadido por los cocodrilos americanos, toda una atracción para los turistas. Las aguas del mismo nacen al sur de la cordillera volcánica central. La mayor parte del territorio de Costa Rica está formado de cordilleras de origen volcánicas debido a la subducción de las placas tectónicas. Por ese motivo los ticos, como son llamados los habitantes del lugar, están siempre al límite de los temblores. El viajero comparte viaje en un pequeño catamarán con alumnos de una escuela de Kansas. “Esto no lo hagan en sus casas”, bromea Alberto, uno de los guías, mientras abandona la embarcación, se mete al agua y muestra su destreza para darle de comer carne a un cocodrilo, y abrirle la boca con sus propias manos. La jornada es tan intensa como inolvidable. Estar rodeado de los temibles reptiles le aportó adrenalina a la mañana.
Luego de un almuerzo en un resort tropical en Punta Leona, llega el momento de la visita a las plantaciones de café. Costa Rica junto con Colombia son los más importantes exportadores a nivel mundial. “Si bien Colombia adquirió mayor número de compradores, la calidad del café que producimos aquí es superior”, se jactan los ticos.

El Poás dormido

La siguiente visita que se resalta en el diario del viajero es al Volcán Poás. En San José llueve intensamente y el destino es lejano. La excursión no será antes de las 9 y esto permite volver a desayunar gallo pinto con jugo de naranjas y mango.
El Parque Nacional Poás es un lugar de gran diversidad de flora y fauna donde resalta el volcán con su gran cráter. En este sitio se puede observar un bosque achaparrado, áreas de escaza vegetación y selva nubosa con epífitas como la bromelia, el clavel del aire y la orquídea. El nombre del mítico volcán Poás deriva de púas, por la referencia a las plantas con espinas que abundan allí.
El día se vuelve aleatorio. Sol, nubes, lloviznas y una ventisca que varía la intensidad se alternan durante la recorrida al Poás. El lugar es imponente, por momentos invadido por un concierto de pájaros; en otros el sonido se apaga, el silencio intimida y se respira la tensión de un escenario que puede variar de paraíso a tragedia natural en cualquier instante.
El volcán tuvo varios momentos de intensas erupciones. Entre ellas se destacan la de 1910 que llegó a formar una nube de cenizas de más de 8000 metros de altura. La última fue en 1954. El Poás es un volcán activo de forma subcónica, la cima presenta depresiones limitadas por fallas, conos volcánicos y cráteres que son producto de la actividad reciente. Presenta tres estructuras principales: el cráter principal, el cono Von Frantzius y la laguna Botos. Las aguas de esta última son tan ácidas que no permiten la vida. En las gargantas de los visitantes se perciben las consecuencias de los gases que aún emiten sus fumarolas. El viajero se siente feliz por haber decidido llevar el termo y el mate. Se toma un descanso y convida la infusión a dos lugareños que la beben con desconfianza.
El Poás hoy duerme y Costa Rica disfruta de su sueño con la esperanza de que sea eterno. El viajero se aleja del Parque Nacional con destino al corredor del Atlántico. Atrás quedan los volcanes y sus leyendas, San José y sus calles multicolores, el Tárcoles y sus cocodrilos. Esta vez el camino sigue por tierra. La ruta invita a descubrir nuevos paisajes y personas. ©





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