INFORME | VIDA VERDE | #189 AGO 2014
El verde está de moda

En los últimos tiempos, la población a nivel mundial parece haber tomado conciencia acerca de qué consume y de qué modo. Atravesamos una revolución que no sólo comprende la ingesta de alimentos orgánicos, sino que también abarca desde la elección de la vestimenta hasta la construcción de edificios.

Durante los últimos años empezamos a ver que un nuevo producto salía al mercado. Lo tomamos como nuevo pero en realidad ya nos habíamos olvidado de que existía. Lo habíamos cambiado. El crecimiento demográfico, la cantidad de bocas que hay que alimentar en los tiempos que corren nos llevaron a cambiar las formas de producción. 
Necesitamos que todo sea rápido y rentable, sino no sirve. Antes entrábamos a la frutería o verdulería y sentíamos el aroma de cada durazno, tomate, melón, naranja, zapallitos, berenjena que había en el lugar. Ahora entramos y no hay olor a nada, ni hablar del sabor. Ya no es lo mismo.  
Los alimentos orgánicos  –cosechados sin conservantes ni pesticidas y con semillas cuya genética no fue manipulada- siempre estuvieron, son los originales, por llamarlos de algún modo. Pero ahora nos "suenan" más que hace algunos años. Cotizan mejor. Son más "cool". 
Se puede decir que nos empezamos a tomar conciencia de los beneficios que trae comer sano y cuidar la tierra. La salud y la alimentación están comenzando a ser observadas por la gente en general. Por eso quieren consumir productos que se cultiven libres de pesticidas o agroquímicos. 
Aunque sea difícil de creer, Argentina es el segundo país del mundo en cantidad de hectáreas certificadas para producción orgánica, detrás de Australia. También es el tercer productor mundial de carnes y alimentos de este tipo.  En el 2011 se exportaron 156 mil toneladas de alimentos a Estados Unidos y Europa, llegando al récord dado en nuestro país. También se llegó al récord de alimentos saludables certificados en el país, 3.400 toneladas entre verduras, frutas, miel, yerba y aceite de oliva. 
En la actualidad, nuestro país cuenta con unos dos mil productores de estos productos. Desde el 2003, el mercado tuvo un crecimiento sostenido del 15%. Según un informe del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), en 2010 la superficie cosechada creció un 23 por ciento; se registraron 69.337 hectáreas y la provincia de Buenos Aires fue la que presentó mayor crecimiento.
Para notar este cambio basta saber que en los últimos dos años los locales de comida orgánica y macrobiótica aumentaron un 20 por ciento en la Ciudad de Buenos Aires. No sólo se encuentran almacenes o locales especializados, sino también bares y "juicebars" -similares a los carritos playeros de exprimidos que vemos en el verano. 
A la mayoría los podemos encontrar en los barrios de Palermo, Belgrano, Barrio Norte y Puerto Madero. Se calcula que, de por sí, estos productos son un 20 porciento más caros que el resto por su forma de producción y porque una hectárea cosechada rinde menos cuando es orgánica que cuando se cultiva con agroquímicos. 

¿Qué es un producto orgánico?  

Cuando hablamos de alimentos orgánicos no estamos hablando sólo de aquellos que no son transgénicos, como solemos creer. En este modo de producción no se utilizan agroquímicos ni se considera la manipulación genética tanto en el reino vegetal como en el animal. Esto quiere decir que se elabora de manera natural, sin la intervención de la ciencia.
A los vegetales no se los rocía con insecticidas ni se les coloca abono. Las plagas se combaten con insectos que se las comen o con productos destilados de plantas. Los animales son criados sin hormonas extras ni ningún tipo de alteración genética o química y son alimentados con granos orgánicos. 
Se trata de una alimentación libre de residuos químicos que preserva la salud y mejora el sistema inmunológico. Los alimentos orgánicos son más nutritivos, contienen vitaminas, minerales esenciales, antioxidantes, proteínas e hidratos de carbono naturales. Mantener el gusto, aroma y color, parece algo poco importante, porque estamos acostumbrados a que la mayoría de los alimentos provengan de semillas transgénicas, sean almacenados en cámaras de refrigeración y, por ende, carezcan de estas cualidades. 
Tener una huerta en casa es "una forma práctica y simple de mejorar los sabores, y la calidad de los alimentos que uno ingiere", asegura la creadora de Jardín Gourmet, Valeria Surbaco, que se dedica a construir estos espacios en casas, departamentos o instituciones.
Además, Surbaco sostiene que las huertas generan "una aproximación de la gente hacia la naturaleza". Cuando ingerimos alimentos orgánicos estamos ingiriendo alimentos saludables, no lights. Muchas veces se confunde una cosa con la otra. 
"Comer sano no significa que comemos con bajas calorías, sino que lo que consumimos no es nocivo para nuestra salud, nos hace bien, que no es lo mismo a que nos haga adelgazar", explicó el licenciado en nutrición Gabriel Fantussi. En cambio, los alimentos transgénicos tienen una elaboración que ayuda a que el consumidor aumente de peso, porque el organismo no los procesa de la manera correcta. 
"Cada vez son más los que toman conciencia de que comer bien y estar sanos no viene de la mano de lo Light y de estar flacos; no se trata de una cuestión estética, se trata de sentirse bien con uno mismo", señaló el especialista en nutrición. 
Esta forma de realización encarece al producto. No se tarda el mismo tiempo en criar un pollo que las 24 horas del día come alimento balanceado para que engorde -y al que se le proporcionan hormonas para que crezca más rápido-, que otro que se alimenta con granos orgánicos y cuyo crecimiento es natural. Esta diferencia se nota, ya que, a la hora de cocinarlos, el primero se "achica", porque se deshidrata, mientras que el segundo mantiene su tamaño.

Todo era "color verde" hasta la biotecnología

No se descubrió la pólvora con la producción orgánica, no se trata de nada nuevo. Es la forma tradicional en la que producíamos nuestros alimentos hasta mediados del siglo veinte. 
Los científicos comenzaron a preguntarse cómo hacer para que todos los tomates sean del mismo tamaño o cómo lograr que tengamos todos los alimentos durante todo el año sin respetar su naturaleza, las estaciones ni los cambios climáticos. Fue entonces cuando comenzó a desarrollarse la biotecnología y se empezaron a modificar los productos que consumimos.
El desarrollo de esta ciencia a nivel industrial en nuestro país comenzó en los primeros años de la década de 1980 de la mano de un conjunto de compañías privadas, centrándose en tres grandes áreas con ventajas naturales y fuertes desarrollos productivos previos en nuestro país: los alimentos, la genética vegetal y animal, y los medicamentos.
Las semillas transgénicas no son el único problema que trae este tipo de producción. Los pesticidas y agrotóxicos que se utilizan durante la siembra y la cosecha contaminan los suelos y el agua. Sin contar los problemas de salud que padecen los que trabajan en los cultivos. 
En resumen, los productos orgánicos, no sólo son sabrosos y sanos, sino que también protegen la calidad de vida de futuras generaciones y previene la erosión de los suelos, ya que, al rotar los cultivos, eliminan el monocultivo.
Además, la producción de este tipo de alimentos también protege el medio ambiente, porque que no contamina el suelo ni el agua, sino que ayuda a prevenir el calentamiento global.
Cuando vamos al supermercado ¿nos fijamos qué estamos comprando? Si todavía no lo hacemos es positivo que existan las opciones y cada vez sean más accesibles. 
Cada vez hay más almacenes que nos ofrecen alimentos orgánicos para consumir, sabiendo que lo que tenemos en la mano es un tomate, como dicen las abuelas "como Dios lo trajo al mundo". No se trata de estar en contra de la ciencia, ni de los avances del hombre. Se trata de darse cuenta de que esta vez lo que ya teníamos era mejor y no había que modificarlo.

Indumentaria "eco friendly"

Ante la creciente demanda de los usuarios, cada vez son más las empresas que deciden innovar e iniciarse en el mercado de la ropa orgánica. Se trata de prendas elaboradas a partir de materias primas como el lino, el algodón o fibras vegetales obtenidas a través de la agricultura ecológica, es decir, que certifica la no utilización de fertilizantes químicos ni pesticidas. 
La confección de la ropa orgánica también evita el uso de tintes y blanqueadores químicos. Este tipo de prendas se distingue a través de las etiquetas y certificados de producción ecológica. 
Además, la ropa fabricada con fibras orgánicas es mucho más durable que las prensas tradicionales. Las primeras duran más de cien lavados de la máquina antes de que las fibras comiencen a resquebrajarse, mientras que las segundas tiene sólo resisten entre diez y veinte ciclos de lavado de la máquina.

Una alternativa para cuidar el ambiente y aliviar los problemas de tránsito

Las grandes ciudades del mundo, como París, Nueva York, Barcelona, Bogotá y Buenos Aires adoptaron la bicicleta como una aliada estratégica para reducir el problema del tránsito y promover una Ciudad con prácticas sustentables. 
La bicicleta es un medio de transporte rápido y económico que no contamina en un doble sentido: no produce gases de combustión que atentan contra la capa de ozono ni genera contaminación sonora. Al igual que el "running", es una excelente actividad cardiovascular y es buen ejercicio físico para combatir el sedentarismo.

Eco vivienda

La bioconstrucción busca reducir el impacto ambiental que conlleva la edificación de toda vivienda a través del uso de  materiales ecológicos, reciclados o altamente reciclables. En este tipo de construcciones se utilizan desde paneles solares hasta eco ladrillos, pasando por sistemas de recolección del agua de lluvia. 
El arquitecto norteamericano Michael Reynolds, al igual que otros profesionales, decidió innovar en una vivienda sostenible y eco amigable: Earthship o Nave Tierra. Reynolds es el creador de un concepto de arquitectura cuyo eje es la construcción con materiales reciclables y de bajo impacto ambiental, y que persigue el óptimo aprovechamiento de los recursos naturales del planeta. 
Todas las Nave Tierra son autosuficientes en un 80 por ciento: contienen invernaderos que proveen todo tipo de frutas y verduras; producen su propia electricidad a través de energía fotovoltaica y eólica, que se almacena en baterías;  poseen un complejo sistema de filtrado de agua.; y cuentan con su propio sistema de ventilación. Las paredes, hechas de neumáticos rellenos de tierra, proporcionan una masa que regula y aísla la temperatura, lo cual permite prescindir de combustibles fósiles. 
El aprovechamiento del agua de lluvia y las aguas grises son principios básicos de estas construcciones. Los desechos orgánicos del inodoro se filtran y el agua es reutilizada en los invernaderos. Lo mismo sucede con el agua utilizada en la ducha. La lluvia y la nieve se depositan en cisternas, se depuran y luego utilizan para consumo personal.

Cubiertas verdes

Estos sistemas de ingeniería, también llamados terrazas jardín, permiten el crecimiento de vegetación en la parte superior de los edificios, lo que ayuda a reducir el fenómeno "isla de calor" que se producen en las grandes ciudades.
Las cubiertas verdes mejoran las condiciones uso y de consumo energético; actúan como aislante térmico y acústico; absorben hasta el 70 por ciento del agua de lluvia; y aumentan la vida útil de las capas impermeables de los techos.
Estos sistemas no sólo cambian la imagen y las vistas de los techos, sino que también crean espacios usables y amigables, es decir, verdaderos jardines que mejoran la calidad del aire, porque las plantas oxigenan y retienen las partículas tóxicas que están en suspensión.
Asimismo, estos espacios agradables que disminuyendo el stress y las tensiones emocionales también pueden colocarse en paredes y muros.
Las costumbres cambian en una vorágine inentendible. ¿Será el inicio de una nueva era? Todavía no lo sabemos. Por lo pronto podemos decir que lo que está mutando es la visión que tenemos sobre lo que consumimos y cómo nuestros hábitos afectan al planeta. ©



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