INFORME | SOBERANÍA | #183 FEB 2014
Antártida Argentina

El 22 de febrero de 1904, se izó por primera vez en la historia la bandera argentina
en la zona más austral del mundo. Fue en la isla Laurie del grupo Orcadas del Sur.

Este 22 de febrero se conmemoran 110 años de ese hito histórico que significó el comienzo de la ocupación permanente por parte de nuestro país, y aunque la fecha no es de las más recordadas, hace 4 décadas que se estableció como el Día de la Antártida Argentina.
La región antártica delimitada por los meridianos 25º y 74º Oeste y el paralelo 60º de latitud Sur, forma parte del Territorio Nacional.

Descubriendo el continente blanco

Si bien no existen registros exactos de la primera vez que el hombre desembarcó en el sector antártico, la historia coincide en señalar que los primeros avistajes se realizaron durante el siglo XVII. En 1756 una embarcación española, el “León”, procedente del Perú en ruta a Cádiz, es abatido al sur del Cabo de Hornos por un temporal y el 28 de junio avista una isla y la circunnavega denominándola San Pedro.
Los conflictos bélicos de la lucha independentista americana dieron lugar a la campaña del almirante Guillermo Brown hacia el sur. En 1815 se dirige al sur del país para hostigar a la flota española en el Pacífico con los buques fragata “Hércules” y el bergantín “Trinidad”. En busca de su destino zarpó rumbo al sur y al transponer el cabo de Hornos un fuerte temporal lo abatió hacia el mar Antártico, alcanzando los 65º de latitud sur. El informe de Brown indica la presencia de tierra cercana.
La primera vez que se confirmó el descubrimiento de tierra más allá del sur del paralelo 60° S fue por el inglés William Smith a bordo del bergantín mercantil “Williams”, mientras navegaba desde Buenos Aires a Valparaíso, desviado de su ruta al sur del cabo de Hornos, el 19 de febrero de 1819.

Argentinos en la Antártida

“La presencia Argentina en nuestro Sector, según la actividad de los foqueros criollos y de acuerdo con la investigación histórica, se produjo en la segunda década del siglo XIX”, afirman desde la Fundación Marambio, una ONG dedicada a difundir la historia y la actividad que se realiza en el sector antártico.
Los foqueros eran buques que se dirigían desde el puerto de Buenos Aires hacia las llamadas actualmente Islas Shetland del Sur en busca de sus presas.
“El secreto mantenido por nuestros foqueros hizo que el descubrimiento de esas tierras fuera ignorado por mucho tiempo y se lo atribuyeran navegantes de otros países”, sostienen desde la Fundación.

La llegada a la isla Laurie

El arribo de argentinos a la isla Laurie, donde se instalaría la primera base permanente, la que hoy se conoce como Base Orcadas, comienza con los trabajos exploratorios de un buque británico.
El Dr. William S. Bruce partió de Edimburgo el 2 de noviembre de 1902 para cumplir trabajos científicos en la Antártida. Arribado a las latitudes antárticas a bordo del “Scotia” no pudo continuar la navegación por la gran cantidad de hielo. Así, decidió poner proa hacia las Orcadas del Sur.
Era marzo y el mar comenzaba a cubrirse rápidamente de hielo. El “Scotia” quedó aprisionado en la isla Laurie por lo que Bruce y sus hombres decidieron invernar en la isla. Era necesario, tener una casa para sobrevivir, entonces se dedicaron a la tarea de construir un albergue donde pasar el invierno. Así surgió Omond House, la primera casa-habitación en Orcadas del Sur, una pequeña casilla de madera protegida por fuera con piedra de las faldas de los cerros próximos.
En Omond House pasó Bruce aquel invierno de 1903 en espera de que el deshielo le permitiera salir con el “Scotia” hacia el puerto de Buenos Aires y poder reaprovisionarse. Mientras tanto, los hombres no permanecían inactivos. Otra pequeña casilla de madera para depósito del instrumental de magnetismo terrestre se levantó en un lugar próximo.
Bruce llegó a Buenos Aires en diciembre de 1903, y traía consigo una propuesta: ofrecía al gobierno argentino la instalación de Omond House, el depósito de instrumental y los aparatos de observación, todo por la suma de cinco mil pesos moneda nacional. La condición: que dicha venta no se hiciera pública, sino que figurase como donación hecha por él a nuestro gobierno en retribución por la cooperación que le prestara la Armada durante su viaje a Buenos Aires.
Era la presidencia de Julio Argentino Roca y las condiciones eran propicias para que nuestro país pudiera colaborar en el quehacer científico.
El 21 de enero de 1904, el “Scotia” zarpaba de nuestro puerto rumbo a las Orcadas del Sur, llegando a destino el 14 de febrero.


EXPERIMENTO 2014
Simular la vida en Marte

.......................................................................................................................................................................

En diciembre de 2013 partió hacia la Antártida un grupo de 18 tripulantes argentinos para afrontar el año polar. El proyecto “Cronobiología Antártica” tiene como objetivo “evaluar el impacto de un año de aislamiento en los ritmos biológicos de los quince voluntarios del Ejército Argentino. La actitud del grupo será examinada por tres científicos que evaluarán su comportamiento social”, señalaban los diarios que se hicieron eco de la noticia.
Por sus condiciones extremas, los obstáculos para aterrizar o evacuar y el aislamiento total que depara a los voluntarios, la Base Antártica Belgrano II –ubicada a 1.300 km del Polo Sur– es considerada por los científicos como el equivalente en la Tierra del planeta Marte.
Los valientes participantes de este experimento se enfrentarán a cuatro meses de penumbra, cuatro de día y cuatro de noche polar, para superar todos los imprevistos en aquel páramo helado.
“Buscamos analizar los ritmos del sistema nervioso autónomo, aquellos que no responden a nuestra voluntad, en un contexto de aislamiento, confinamiento y noche prolongada. Esto es algo que no ha sido descrito aún, aunque ya se analizaron las alteraciones en el ritmo sueño-vigilia en la permanencia prolongada en bases antárticas”, sostuvo Daniel Vigo, doctor en ciencias médicas en el Instituto de Investigaciones Biomédicas (BIOMED, CONICET-UCA) en declaraciones al diario Clarín.
Los avances servirán para sacar conclusiones sobre los procesos fisiológicos, vinculados a la adaptación humana en ambientes extremos y generar medidas que posibiliten su recuperación cuando se vean alterados. “Esto coloca a Argentina en el grupo de naciones más avanzadas en los estudios de fisiología humana para viajes al espacio”, dijo Mariano Mémolli, director del Instituto Antártico Argentino (IAA) en diálogo con el mismo matutino.
La luz natural constituye el principal sincronizador de nuestros ritmos biológicos. Como consecuencia de la latitud en la que se ubica la base, los días y las noches son muy distintas a las conocidas.
El estudio contará con la colaboración de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), la Agencia Espacial Alemana, la Universidad Médica de Graz en Austria y la Universidad de Borgoña, en Francia. Estas instituciones están vinculadas a la Agencia Espacial Europea (AEE) a través del financiamiento de proyectos de investigación científica en la Estación Concordia.

Pioneros en la ocupación

El 22 de febrero de 1904 se inicia la ocupación permanente de la Antártida Argentina, con el izamiento de la bandera nacional en la Isla Laurie, luego del traspaso realizado con Bruce.
El encargado de tal honor fue el enviado del correo, Hugo Acuña. Con sólo 18 años fue el primer argentino que izó nuestra enseña patria en el Continente Blanco.
En una libreta de tapas negras, que su hija mostró, describe ese momento: “A pesar del frío, vestimos traje de paseo, como en Buenos Aires. Hay 5 grados bajo cero. La bandera asciende en el modesto mástil y comienza a flamear. Ya tenemos listo el pabellón azul y blanco. Ya estamos en nuestra propia casa.”
Así comenzaba la historia de nuestro país en la Antártida. Durante cuarenta años Argentina fue el único país que mantenía permanentemente una base ocupada por personal civil y militar. En las bases que nuestro país instaló allí, entre las que se encuentra la de Orcadas y la más nombrada Base Marambio, se realizan trabajos sobre meteorología de superficie y de altura; relevamientos geológicos y localización de sensores; observación visual de auroras; estudios glaciológicos, estado del hielo en el mar; observación de la fauna, trabajos sobre aves y mamíferos marinos y monitoreo de colonias de pingüinos.

Vivir bajo cero

Según el último censo realizado en nuestro país en 2010, viven en la Antártida 230 personas. La tecnología los ayuda a sobrellevar la temperatura que rarísima vez rompe la barrera de los 0 grados, para arriba, claro.
Las condiciones para habitar esos hielos son aptas para el ser humano, aunque claramente no deseables. Por ejemplo, en la parte más cálida de la zona de la Antártida Argentina, las temperaturas medias veraniegas rondan los 0 °C en enero, y las invernales promedian los -59 °.
Tampoco parece un ambiente amigable para los propensos a padecer trastornos del sueño. El verano antártico dura seis meses, al igual que el invierno. Pero una de sus particularidades es que durante esa época, el día nunca termina: el sol siempre se mantiene sobre el horizonte, viéndose como si bajara desde el cenit hasta las cercanías del horizonte hacia las 0 horas. Pero, en lugar de desaparecer en ese momento, comienza nuevamente a ascender. Ese fenómeno es conocido como noches blancas.
Como contrapartida, durante los seis meses del invierno polar antártico la mayor parte del territorio se encuentra a oscuras o en penumbras, ya que el sol se halla oculto tras el horizonte.
Aún con estas rarezas el número de aspirantes a sumarse a la actividad antártica viene en aumento. El hecho de separarse de la familia y los amigos durante tanto tiempo es un motivo de desaliento, pero la tecnología genera un paliativo. Hasta allí llegan las señales de radio y televisión y hasta se puede hablar por teléfono o navegar por internet y gozar de las posibilidades del chat, el Skype y las redes sociales.
El territorio está más que preparado, después de 110 años, para llevar una vida muy parecida a la que tendrían en el continente: cuenta con una capilla católica, la primera de la Antártida; atención médica de cierta complejidad, y un jardín de infantes y una escuela primaria (la provincial Nº 38 de Tierra del Fuego).
Aunque las comodidades amenizan la estadía, también es cierto que en muchas ocasiones el clima hostil se vuelve en contra. Así lo describía el psicólogo Juan Santoro en una entrevista al diario La Nación: “Tras un siglo de experiencia antártica, la vida en las bases argentinas está bastante resuelta. Pero es duro estar privado tanto tiempo del contacto con familia y amigos, en medio de una naturaleza hostil, que obliga a largos y aburridos encierros, y con una sensación de extrema vulnerabilidad. Una situación límite o de incertidumbre (como el incumplimiento de la fecha de regreso, algo común donde el clima manda) puede desencadenar estados emocionales difíciles de manejar. Hay que estar bien preparado para vivir entre hielos”.


Los conflictos

El tratado Antártico en su primer artículo señala a ese territorio como “Patrimonio de la humanidad”. Sin embargo, algunos de los países firmantes presentaron reclamos sobre la zona en donde tienen derechos. Estas reclamaciones están congeladas asegurando a cada nación firmante un statu quo por el tiempo que dure el tratado. Argentina, Chile e Inglaterra, son los principales reclamantes en conflicto, ya que los tres pretenden derechos sobre la misma zona.
El 21 de julio de 1908 el Reino Unido anunció oficialmente sus reclamos a todas las tierras dentro de los meridianos 20º O a 80º O al Sur del paralelo 50º S, que en 1917 trasladó al sur del paralelo 58º S debido a que con ese reclamo se incluía parte de la Patagonia.
Por su parte Chile estableció por decreto los límites de sus reclamaciones dentro de los límites del casquete constituido por los meridianos 53°, longitud oeste de Greenwich, y 90°, longitud oeste de Greenwich.
El 1 de diciembre de 1959, los doce países que habían llevado a cabo actividades científicas en la Antártida y sus alrededores durante el Año Geofísico Internacional (AGI) de 1957-1958 firmaron en Washington el Tratado Antártico. El Tratado entró en vigor en 1961 y ha sido aceptado por muchas otras naciones. Las Partes del Tratado son actualmente 50.
Según este documento internacional la Antártida es Patrimonio de la humanidad, destinado a “fines pacíficos, impidiéndose la instalación militar o armada” y quedando prohibido “hacer ensayos nucleares, ni de guerra, ni dejar desechos tóxicos”. ©

 




TXT: Grupo Editorial Metro

MAS FOTOS