DIARIO DE VIAJE | LAS VEGAS | #183 FEB 2014
Welcome to
Fabulous Las Vegas


Las Vegas fue descubierta en 1829 por un viajero español y fue habitada lentamente.
Sin embargo, la verdadera expansión llegó un siglo después, en 1931 con la legalización del juego. Una década después se empezaron a construir grandes los grandes hoteles casino.
Uno de sus atractivos es la transgresión permanente.

Dos días antes de su boda, Doug, sus amigos Phil y Stu, y su futuro cuñado Alan, viajan a Las Vegas para concretar una despedida de soltero inolvidable. La noche temprana los descubre en la terraza de un lujoso hotel brindando por lo que acontecerá en las sucesivas horas. La siguiente imagen muestra a los tres testigos de la boda hundidos en las consecuencias de una jornada de lujuria, con el novio extraviado y sin acordarse absolutamente nada de lo sucedido. Con ese disparador comienza “¿Qué pasó ayer?”, la primera película de una trilogía imperdible, dirigida por Todd Phillips.
El film -que protagonizan Bradley Cooper, Zach Galifianakis y Bryan Caley- se desarrolla íntegramente en Las Vegas, una ciudad que sabe ser escenario del mejor cine. En una larga lista de películas se destacan: Casino, de Martín Scorsese; La gran estafa, que convocó a George Clooney, Brad Pitt y Andy García, entre otros; Leaving Las Vegas, con Nicolas Cage; partes de El Padrino II y de Rain man, y Viva Las Vegas con Elvis Presley y Ann Margret; por nombrar apenas algunas.
Hasta la popularizada “Ciudad del Pecado” llega el viajero para obnubilarse con sus luces, su ritmo, sus tentaciones, sus lujos, sus extravagancias y sus encantos. “Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas”, reza un dicho popular que busca un acuerdo de complicidad entre cada uno de los visitantes.

Antes de que se hiciera la luz

Fue el español Antonio Armijo quien en 1829 descubrió una serie de zonas húmedas en medio del desierto de Mojave y las bautizó Las Vegas, en referencia al accidente geográfico que nomina a un valle de inundación.
Los primeros habitantes de la zona fueron los indios Paiutes, aunque luego del descubrimiento del ciudadano ibérico se asentó en el lugar un grupo de mormones. En 1855 la ciudad, que pertenecía a México, pasó a formar parte de los Estados Unidos. Recién medio siglo después, con la llegada del ferrocarril, comenzó a poblarse el lugar que el 15 de mayo de 1905 quedó registrado como Las Vegas.
La expansión llegó en 1931 con la legalización del juego y una década después se empezaron a construir los grandes hoteles casino, que en muchos casos tenían como financistas a hombres vinculados con la mafia y el crimen organizado. Es el caso de El Flamingo, uno de los más emblemáticos, que fue construido con el financiamiento del gánster Bugsy Siegel.
El juego le dio vida y códigos propios a Las Vegas, que se transformó en la ciudad que más creció en los Estados Unidos. Pasó de casi 40 mil habitantes en 1940 a superar los 1.8 millones de residentes en 2010.
Es la ciudad del juego, el alcohol y la prostitución; es la ciudad de las bodas y los divorcios exprés; es la ciudad del hedonismo, de la renovación permanente y de los grandes shows. Es la ciudad que atrae por vivir al borde de la transgresión de forma permanente.

Luces y más luces

El viajero llega al aeropuerto McCarran y se toma un taxi hacia el hotel. Está impactado por las características del lugar. Apoya su cabeza contra la ventanilla y se pierde entre la multitud de luces, mientras trata de recordar si alguna vez visitó algún lugar parecido.
Se dirige a uno de los hoteles temáticos, los más famosos de Las Vegas. En ese grupo se pueden encontrar el Caesars Palace, uno de los más famosos del mundo, que es escenario de películas y hasta videojuegos; The Venetian, donde a medida que uno va ingresando tiene la sensación de estar contemplando la Capilla Sixtina del Vaticano, o el New York, New York, que en su fachada agrupa a los rascacielos de la Gran Manzana y a una réplica de la Estatua de la Libertad. También están el París, con su Torre Eiffel de 140 metros, el Escalibur y el Circus, entre otros.
El viajero se hospeda en el Luxor. Se trata de uno los símbolos de Las Vegas. Su gran pirámide de estilo egipcio y el foco de luz que ilumina el cielo cada noche no pasan inadvertidos. En 1993, cuando se construyó, la pirámide de 30 pisos era el edificio más alto de la ciudad. Además, la recreación incluye una esfinge y otros símbolos que inevitablemente evocan al país de Oriente.
El hotel Luxor cuenta con 4.408 habitaciones y, como la mayoría, un casino de más de 11 mil metros cuadrados. Estas cifras los convierten en uno de los hoteles más importantes de la ciudad. El protagonista de este viaje deja sus valijas en la habitación y se toma algunas horas para el descanso antes de disfrutar de la noche.

Las calles que no duermen

La adrenalina y el apetito le impiden dormir lo suficiente y lo depositan en Las Vegas Boulevard, también conocida como Strip de Las Vegas, la calle más concurrida de la ciudad. Allí se encuentran los hoteles y casinos más famosos y deslumbrantes. Es una de las avenidas más fotografiadas y visitadas del mundo.
En el lugar se encuentra uno de los centros comerciales más visitados de la ciudad: Fashion Show Mall. El viajero ingresa y luego de unas vueltas accede a la parte superior donde se hallan las cadenas de comida rápida. No se resiste.
En el paseo comercial le recomiendan acudir a alguno de los espectáculos gratuitos que ofrece el boulevard: Las Fuentes del Bellagio. Hasta allí se dirige.
“Las Fuentes del Bellagio”, como se las conoce, se inauguraron en 1998 y desde esa fecha sus más de 1200 chorros sedujeron a millones de personas. Además, se convirtieron en un lugar perfecto para acabar las bodas en Las Vegas.
El espectáculo comienza con una melodía y propone un repertorio que comprende 30 canciones a las que el “danzar” de las aguas se adapta perfectamente para darle forma a un espectáculo Inolvidable.
Camina algunas cuadras más –las Vegas Boulevard tiene una extensión de cinco kilómetros-, pero llega el momento de regresar al hotel. La noche comienza a aclararse e invita a dormir.

Desde las alturas

A diferencia de otros destinos, la mañana arranca tarde, casi pegada al mediodía y la abundancia del típico desayuno americano lo transforma en un almuerzo. Café, leche, jugos de fruta, panes tostados, tocino y huevos se conjugan para quitarle el hambre inaugural.
El viajero parte rumbo al Stratosphere Tower, la estructura más elevada de la ciudad y también la torre independiente de observación más alta dentro de los Estados Unidos. En el lugar hay cuatro paseos: un restaurante giratorio, dos bares de copas, las capillas de la boda y las cubiertas de observación, tanto en interiores como al aire libre. Desde el lugar, construido en 1996, se pueden divisar los suburbios de Las Vegas, el desierto en expansión y el paisaje montañoso de la cordillera.
Luego de admirar el paisaje, ingresa al restaurante “Top of the World”, que se encuentra ubicado en el piso 107 y gira 360 grados cada 80 minutos. Si bien el desayuno fue abundante, el viajero decide que también almorzará. La rotación permite que cada comensal tenga la oportunidad de disfrutar de las vistas durante el curso de su comida.
En la torre decide que su siguiente destino será el Museo de la Delincuencia Organizada y la aplicación de la ley, otro de los símbolos de la ciudad que supo albergar y cobijar a la mafia durante muchos años.

El final en los inicios

Luego del recorrido y de comprar algunos regalos, regresa al hotel. Es temprano, se ducha y decide descansar para enfrentar una nueva noche interminable. Esta vez recorrerá la Freemont Street. Se trata de un lugar un poco menos glamoroso que los que visitó en las jornadas anteriores, aunque muy atractivo. La calle permite palpitar el espíritu de los años ’60 cuando los reyes de las noches de la ciudad eran Frank Sinatra y Dean Martin. Es que allí se instalaron los primeros hoteles casino que fueron una bisagra en la ciudad desde 1931.
El final de su visita a Las Vegas encuentra al viajero recorriendo casinos, degustando tragos, observando espectáculos, envolviéndose en la magia del lugar y, por supuesto, probando suerte en el juego. Pero está tranquilo, se maneja con la seguridad de los que saben que ya ganaron. A la mañana siguiente lo esperará el desierto, pero esa es otra historia. ©





TXT & FOTOS: Grupo Editorial Metro

MAS FOTOS