ENTREVISTAS | VICENTE FERNÁNDEZ | #183 FEB 2014
Mr. Golf

Vicente “El Chino” Fernández es uno de los golfistas argentinos de mayor reconocimiento mundial. Con más de 50 años de carrera y 93 títulos es una voz autorizada para hablar del deporte y de la vida.
Nació en Corrientes en el seno de una familia de trabajadores y fue caddie en el Hindú Club de Don Torcuato. Su carrera profesional lo llevó a conocer el mundo. Se convirtió en uno de los golfistas más grandes que dio el país y supo ganarse el mote de “amo del green”. En esta entrevista, Vicente “El Chino” Fernández recorre su carrera, analiza el golf nacional y regala algún consejo. “Este deporte desnuda la personalidad de quien lo practica. Si vos querés hacer un negocio con alguien antes invítalo a jugar al golf”, avisa.

Siempre dice que el golf y la vida son bastante parecidos ¿En qué se parecen?
En primer lugar porque estás aprendiendo todos los días y nunca terminás de aprender. En segundo porque el golf se maneja con los mismos valores que tiene la vida: el respeto, la solidaridad, el compromiso y la honestidad, por ejemplo. Es el único deporte donde vos cometés una infracción reglamentaria y lo aceptás y te hacés cargo de la multa. Mientras que en la mayoría de los deportes se busca la ventaja y ante la trampa se esquiva la pena, acá uno es su propio juez y yo creo que no hay un mejor juez que uno mismo.

¿Hoy disfruta del golf de la misma manera que cuando inició su carrera?
Sí, pero desde otro lugar. Yo disfrutaba cuando me preparaba para la competencia o directamente cuando competía. Empecé a jugar al golf porque me gustaba y después fue mi medio de vida. Hoy sigo jugando porque me gusta. A mí me fue muy bien no sólo en lo deportivo y en lo económico, sino que en general significó un gran aprendizaje para la vida y un crecimiento en todos los aspectos. Hoy disfruto de lo logrado y trato de trasmitir los valores aprendidos.

¿Siempre tuvo como meta ser profesional?
Sí, absolutamente. Yo era caddie de un jugador profesional que jugó el tour de Argentina y que jugó en Europa, y veía lo que eran la competencia y el circuito y me apasionaban. Él y otros profesionales me ayudaron a iniciar la carrera.

¿Sus padres querían que jugara al golf? ¿Veían potencial?
Mis viejos no sabían nada que yo jugaba. Con mi familia vinimos a Buenos Aires desde Corrientes cuando tenía siete años y a los siete años y meses empecé a trabajar. Primero trabajé en una carnicería y verdulería, y después con un hermano mayor hacíamos reparto de pan en un sulky. A los nueve años mi hermano Antonio me sugirió trabajar de caddie, fuimos y me encantó.

¿De entrada lo vio como un deporte de elite, inaccesible o no?
Siempre lo vi simplemente como un deporte más. En realidad a mí me encantaba el fútbol, pero no podía jugar por un problema en las piernas, porque yo no tengo gemelos.

¿Influyó en su acercamiento al golf esa imposibilidad física que le impedía practicar otros deportes?
Yo creo que volqué en el golf todo lo que tenía de futbolista prohibido.

Entonces usted también jugaba al golf sin que sus padres supieran que quería ser profesional.
Yo como caddie tenía una entrada tan importante que, con lo que ganaba, se podía mantener la familia que éramos diez. Después, cuando me llega la posibilidad de entrenar dos veces más por semana (N de R: Luego de ganar el campeonato nacional de caddies de 1971), tengo que dejar por reglamento de ser caddie. Una entrada ahora se transformaba en una salida y ahí empecé a tener problemas financieros. Mis padres se dieron cuenta de este problema y decidieron buscarme un trabajo de noche. Les dije que no podía aceptarlo porque no me daba el físico. Yo practicaba en verano 12 horas y en invierno 8, entonces no me alcanzaba el tiempo. Cuando me enteré que mis padres me habían conseguido trabajo, hablé con el profesional al que le hacía de caddie siempre y me dijo: “Preguntale a tus padres cuánta plata necesitan y yo te la voy a dar”. Cuando lo plantee en la mesa familiar mi vieja me contestó: “Nosotros nunca le pusimos precio a nuestros hijos. Veíamos que no llegabas a fin de mes y quisimos ayudarte”.

Al no ser un deporte de práctica masiva, hay mucho desconocimiento sobre el golf ¿hay algún entrenamiento complementario a la práctica?
El golfista es un atleta. Yo desde los 13 años voy al gimnasio. Es un complemento muy importante incluso para aquellos que estén dotados físicamente. El entrenamiento físico es fundamental para que uno pueda exprimir al máximo su potencial por un lado y para alargar la vida útil del jugador por el otro.

¿Si tuviera que resaltar un momento de su carrera, cuál elegiría?
Lo que pasa es que es muy larga (risas). Gané 93 torneos. Al ser extensa tiene altibajos y más en el golf, donde yo creo que es el deporte donde más altibajos uno tiene. Siempre cuento que en los años ’77 y ’78 jugué los dos circuitos (N de R: el de América del Norte y el de Europa) y eso fue un error muy grande por el desgaste psicofísico que genera. En julio de 1977, estando en Canadá me lesioné la rodilla izquierda y padecí la lesión hasta septiembre de 1978. Perdí todo, hasta los ahorros. El problema fue que tuve que seguir jugando para retener mi derecho a jugar en el exterior, no jugaba para ganar sino para completar el mínimo de torneos. Me fue muy mal y sentí que era el final de la carrera, porque estaba fundido y lesionado.

¿Quién lo acompañaba a los torneos en el exterior?
Iba solo. Yo estuve entre Europa y Estados Unidos 15 años solo. No había argentinos en los torneos, al único que me cruzaba era a (Roberto) De Vicenzo, que ya jugaba torneos seniors. Era muy difícil, porque tenía una mochila muy grande: En el año ’71, estábamos en Suiza en un torneo con De Vicenzo, y me dice: “Yo ya dejo de jugar acá, hasta aquí yo traje la bandera, ahora te toca a vos”. Yo que nunca fui abanderado en el colegio (risas)… la verdad que fue una responsabilidad muy grande.
¿Aquél golf de sus inicios cambió mucho respecto del actual?
Sí, muchísimo. Lo que más noto es que con la masificación del golf la dirigencia se olvidó de hacer en los valores que tenía este deporte. Se perdió el respeto al otro y a las reglas. Yo creo que debemos recuperar los valores que transmitía este deporte a los más chicos.

¿Y usted a quién le pasaría la bandera que en su momento le dejó De Vicenzo?
Hoy a Ricardo González (N de R: golfista correntino de destacada carrera). Porque reúne los valores de un fiel representante deportivo como necesita Argentina: es un gran campeón y una mejor persona.
¿Usted cree que el golf permite conocer a una persona?
Sin dudas. Es un deporte que desnuda la personalidad de quien lo practica por los valores que incluye.
Si vos querés hacer un negocio con alguien antes invítalo a jugar al golf.

¿Podemos afirmar que está en una etapa de mayor compromiso con el juego en general que con su juego en particular?
Sí, totalmente. Si bien es cierto que siempre estuve comprometido con el juego en general y con el deseo de usar móvil del golf para hacer cosas positivas para Argentina. Hoy ese compromiso es más palpable desde lo físico, porque dejé de viajar en 2013 y eso me permite estar más.

¿Y cómo ve en la actualidad al golf argentino?
Acá hay un potencial muy grande. Sin embargo, no veo bien muchas decisiones que se están tomando en torno al deporte, como están manejando el golf profesional en Argentina los responsables. La PGA (Professional Golfers’ Association) de Argentina está trabajando a pulmón en cosas que deberían ser mucho más simples. Para empezar no estamos reconocidos por la Asociación Argentina de Golf y eso no permite el acceso a un dinero que viene del exterior para los países emergentes en el golf y eso es una traba muy grande. Esto es lamentable, porque hay muchos chicos que van a quedar en el camino, y porque si seguimos así yo pienso que el tour nacional puede llegar a desaparecer.

¿Qué le diría a un chico que está empezando a jugar al golf?
Le haría tres preguntas y de acuerdo a las respuestas lo aconsejaría. Le preguntaría si juega para no estudiar, si juega para no trabajar o si juega por pasión. Si la opción es la tercera, entonces le recomendaría que entrene doce horas por día. ©







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“Pretendemos alcanzar
la excelencia”


Mientras se prepara a lanzar unos tiros junto a Jan Sonnevi, director general de La Providencia Resort & Country Club, El Chino explica que su rol en el lugar “es acompañar a estos amigos que han hecho un emprendimiento muy hermoso”. “Voy a asesorar sobre la forestación de la cancha de golf y después tenemos la academia con mis hijos que funcionará aquí para los propietarios de La Providencia”, destaca. Y agrega: “Queremos transmitir los verdaderos valores del deporte. Estoy muy entusiasmado porque pretendemos alcanzar la excelencia no sólo en la calidad de la cancha y en su belleza, sino también en la calidez de la gente que va a trabajar acá”.
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