ENTREVISTAS | ROBERTO PETTINATO | #187 JUN 2014
Versatilidad e irreverencia

En un mano a mano exclusivo, el ex integrante de Sumo y actual conductor de CQC analizó
cuáles son sus límites a la hora de hacer humor; contó algunos de sus planes para el futuro;
recordó sus época sobre los escenarios al lado de Luca Prodan; y reveló que él mismo
cuida su imagen y elige su ropa.

Roberto Pettinato tiene una larga trayectoria en el mundo del espectáculo y sus trabajos no se quedan en un sólo rubro, porque la polifuncionalidad es una de sus características principales. Músico, humorista, periodista y conductor de radio y televisión, comenzó siendo cronista de la revista musical "El expreso imaginario" y gracias a ese trabajo entabló una relación de respeto con Luca Prodan, con quién después compartió escenarios en la conocida banda "Sumo". En el ámbito musical también formó parte de los grupos "Los maxilares de Perón", "Pachuco Cadáver" y "Loser blues band".
Además, en televisión fue parte de programas en dos facetas diferentes: como actor y como conductor. Algunos ciclos que lo tuvieron a Petti entre sus filas fueron: "Estación musical"; "Rebelde sin pausa"; "Mirá quién canta"; "Orsai a la medianoche"; "Duro de acostar"; "Primicias"; "Todos al diván"; "Un aplauso para el asador"; "Indomables"; "Que parezca un accidente"; "Duro de domar"; y "Un mundo perfecto".
En la actualidad, es el conductor principal de "Caiga Quien Caiga" (CQC) en El Trece, junto a Clemente Cancela y Diego Iglesias. Además, todos los días conduce junto a su hija Tamara el programa de radio "Pettinato y yo" por FM Mega 98.3.
Recientemente presentó su unipersonal "Me quiero portar vien" en el Teatro Central de Canning –ante centenas de personas- y dialogó con Revista Metro. Durante el espectáculo, Pettinato logró inmiscuirse en la política, la religión, el consumo de drogas y la vida de algunos famosos, siempre de la mano de su habitual tónica irreverente.

-¿Cuánto de la obra es improvisación y cuánto está guionado?
-Hay mucha parte de la obra es que es improvisada. Yo tengo unos papelitos en la mesa que por lo general me olvido de leer. Muchas veces se dice que hago standup y en realidad es un unipersonal. Lo que pasa es que acá se entiende que el unipersonal es más guionado y preparado. Y en realidad podes hacer lo que se te cante…

-¿Tenés algún límite para hacer humor? ¿Elegís las temáticas con cuidado?
-No hay límites para hacer humor. Últimamente hago con lo que se me ocurra. Igual, una cosa es ensañarse contra algo, como decir con los bolivianos, y otra hacer humor. Yo me animo a decir las cosas que el público desde la oscuridad de la sala no se anima a decir; la idea es un poco desenmascarar ésas cosas, incluso sin tener razón. Yo no tengo razón, soy un tipo confundido. El tipo que tiene razón en todo te rompe las pelotas. Lo mío es resaltar el sinsentido como: ¿Por qué todas las mujeres de Maradona son iguales? ¿Por qué "ese gordito" no se pone un forro?

-Sobre el final de "Me quiero portar vien" tocaste un rato el saxofón. ¿Es uno de tus objetivos poder combinar humor y música?
-A mi me gusta tocar el saxofón y a la gente le gusta que toque. Además, viene gente a la que le gusta el saxofón en sí. Igualmente, la idea para el segundo espectáculo, que se va a llamar "Y después el loco soy yo", es poner una banda de blues sin cantante. Eso a la gente le gusta. Pero para el final (de la obra), no para el medio.

-¿Tenés algún asesor que se encargue de manejar tu imagen o son ideas tuyas?
-No me asesora nadie. Los asesores no sirven para nada. Poner tu look en manos de otra persona, salvo que esa persona sea un neoyorquino súper loco, me parece una ridiculez. Para poner mi look, que luzco cero argentino, en manos de un argentino, estaría loco: ¡me van a poner una camisa cuadriculada! (Durante un segmento de la obra contabilizó decenas de espectadores con esa prenda).

-Si bien tu carrera artística brilla en televisión, radio y teatro, se te sigue asociando con Sumo. ¿Qué sensaciones te causa?
-Gracias a Dios se me sigue asociando con Sumo. Cuando yo corté la manzana con (Gerardo) Sofovich, que todavía casi no había terminado Sumo, pensé que mucha gente me iba a odiar. Pero soy un tipo que no perdí público, ni siquiera al fan de Sumo. Como Paul McCartney, que después hizo un montón de discos de mierda pero sabes que hizo "Lady Madonna" y "Let it be". Eso a mi me sirvió mucho para darme prestigio.
Yo no soy un tipo exitoso, soy un tipo famoso con prestigio, soy un poco under si se quiere. No soy los Midachi, Susana o Tinelli. No soy un "megastar".

-¿Cómo analizas lo que pasó con Sumo? ¿Aumentaron los fanáticos tras la separación?
-Con Sumo nos iban a ver 4 o 5 mil personas y a Soda Stereo lo iban a ver 20 millones. Lo que pasa es que después se generó todo el mito y la leyenda. Yo volví de España después de tres años y no lo podía creer: ¡Éramos enormes! Y yo que creía que habíamos desaparecido y que había perdido siete años de mi vida haciendo nada.

-¿Es posible complementar la carrera musical con el teatro y la conducción en radio y televisión?
-Hago lo que puedo. Hice Pachuco Cadaver (junto a Guillermo Piccolini, Gillespi y Flavio Cianciarulo) y una vez al año grabo un disco de free jazz con músicos norteamericanos. Bueno… al final uno se gasta la plata para gustos personales. Casi todos los gustos que me doy son cosas ridículas que no me dan nada. (Ríe)

-En tu carrera artística siempre se te vio y delante del micrófono. ¿Te imaginás en otro rol?
-Sí, totalmente. Me imagino escribiendo. El final de mi vida está escrito: es sentado, escribiendo obras de teatro, libros y viviendo de eso. Ya solo, sin mantener hijos. ©



TXT: Grupo Editorial Metro

MAS FOTOS