DIARIO DE VIAJE | TAILANDIA | #184 MAR 2014
Tierra de libertad

El viajero llega hasta Tailandia, una tierra hospitalaria y calurosa. Allí recorre los grandes mercados de Bangkok, la ciudad más occidentalizada de Asia, descubre los misterios de la tribu de las “mujeres jirafas” y adopta a un elefante por un día.

Cuentan los tailandeses que antes de que el gran tsunami del año 2004 arrasara las costas de ese país ubicado en el sudeste de Asia, unos elefantes que formaban parte de una excursión turística, tomaron con sus trompas a los integrantes del pequeño contingente que guiaban, los subieron sobre su lomo y luego huyeron tierra adentro, salvándoles la vida.
La historia lustra la leyenda de esos animales que representan la fuerza, la protección y la sabiduría. El elefante es un símbolo muy importante para la cultura de Tailandia. De hecho, era la figura principal de la antigua bandera del país.
Hasta aquellas tierras en las que el gigantesco mamífero es considerado un ser sagrado, llega el viajero para descubrir su norte verde rodeado de arrozales, sus templos blancos, sus budas y sus ya populares mujeres jirafas.

País de gente libre

Tailandia no siempre tuvo esa denominación. Esta nación, desde que occidente tuvo conocimiento de su existencia, llevó el nombre de sus distintas capitales: Ayulthaya y Sukhotai. Hasta que en el Siglo XIX pasó a denominarse oficialmente Siam. El nombre con el que se la conoce en la actualidad (Tailandia) data de 1946 y significa “País de gente libre”.
Los primeros habitantes fueron los mons, aunque después de las invasiones de los mongoles a China, fueron los tais, descendientes de los montes chinos de Yunnan, quienes expulsaron a los mons, construyeron un reino y adoptaron el budismo como religión.
El viajero llega desde India con la empresa Thai, una de las mejores compañías del país. Al llegar al aeropuerto se sorprende por la amabilidad y los “ojos alegres” de los pobladores de Bangkok, la capital y la ciudad más poblada de Tailandia.
No estará mucho tiempo allí ya que al día siguiente volará hacia Chiang Mai, ubicada en el Norte, con el propósito de lograr su anhelo de conocer la tribu de las mujeres jirafas y realizar un recorrido sobre el lomo de un elefante asiático por la selva tropical.
Durante las primeras horas de su estadía siente el calor como una marca tailandesa. En la región, donde reina el clima tropical, casi todo el año hay altas temperaturas. El viajero tiene la teoría que los climas cálidos inciden en la alegría y el buen humor de un pueblo.
Mientras camina por las superpobladas calles de Bangkok, aprecia la fusión entre lo tradicional y lo moderno, la convivencia entre lo antiguo y lo nuevo y entre oriente y occidente, que resignifican el paisaje urbano. Es una ciudad de marcados contrastes.
No está cansado, pero decide tomar un tuk tuk (una motocicleta de tres ruedas que ha sido el símbolo de Asia por más de 50 años), típico transporte del lugar. Luego de unos minutos, desciende para completar el recorrido a pie hasta llegar a la zona de los mercados. Las tres calles más comerciales de Bangkok son Silom, Sukhumvit y Siam Square. Se dirige hacia Chatuchak, el mercado más grande de Bangkok, que cuenta con 15 mil puestos diferentes y recibe la visita diaria de más de 200 mil personas. Luego de unas compras regresa al hotel para ducharse rápidamente y visitar el Palacio Real de Bangkok, un gran conjunto arquitectónico formado por un grupo de edificios que sirvieron como sede real desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX.
El lugar más importante del palacio es el templo Wat Phra Kaew. Allí se encuentra el Buda de Esmeralda que fue tallado en jade en el siglo XV. Con apenas 45 centímetros de altura es el más valioso y venerado de Tailandia.
La jornada culmina con una cena típica: kaeng phet kai sai nawmai (curry rojo de pollo y brotes de bambú). La comida es picante para un paladar desacostumbrado, por suerte el jugo de caña de azúcar que pidió contribuye a apagar los incendios. De postre le ofrecen una mezcla con plátanos fritos y leche de coco. Acepta sin dudar.

Las mujeres jirafas

Al día siguiente el viajero vuela hacia el Norte, donde se encuentra Chiang Mai, la segunda ciudad de importancia de Tailandia. Se aloja en el Hotel Chiang Mai Jungle y trata de descansar, aunque la ansiedad por visitar la tribu de las mujeres jirafas le impide conciliar el sueño.
La tribu Karen, popularizada por las mujeres jirafas, se encuentra en Mae Hong Son a 40 minutos de la ciudad. Se trata de un poblado perdido en el tiempo, fronterizo con Myanmar (Birmania), un punto muy conocido por los contrabandistas de piedras preciosas.
Se llama Padaung a todas las mujeres de la tribu que nacen un miércoles de luna llena. A ellas se les coloca un anillo de cobre cada vez que cumplen años, provocando, no un estiramiento del cuello, sino un hundimiento de la clavícula. La sumatoria de anillos les valió el reconocimiento popular como “mujeres jirafas”. Según la creencia de la tribu el aspecto de cuello largo contribuye a la protección ante un ataque de animales salvajes o enfermedades. El primer grupo de anillos pesa casi un 1 kilo, cuando son adultas y tienen completo su collar soportan un peso extra que alcanza los 10 kilos.
Las mujeres de la tribu se dedican a tejeduría y elaboración de artesanías, aunque muchas también trabajan en el campo. En cuanto a los hombres, en la actualidad cultivan arroz, maíz y frutas como las fresas. El viajero disfruta pasar un día en la mítica aldea.

Mi elefante por un día

El diario de viaje destaca una de las excursiones más asombrosas que realizó: Adoptar un elefante por un día y recorrer la selva sobre su lomo.
Cuando aún es de madrugada un guía nativo lo pasa a buscar por el hotel para iniciar la excursión al Parque de los elefantes. Estos gigantescos mamíferos son un símbolo para la cultura y la economía asiáticas. De hecho, los elefantes grises (plateados) de Asia son considerados sagrados y portadores de buena suerte, eran símbolos de la realeza. Aún hoy, si se captura un ejemplar, se lo regala al rey para que lo adopte.
El viajero toma contacto con una elefanta de 15 años. Los primeros minutos son tensos, hay una mezcla de asombro y temor, pero luego ambos entran en confianza e inician una caminata hacia un río donde tomarán un baño.
No puede creer que esté nadando con un elefante en aguas tailandesas. El baño se presta para el juego y el lomo del animal sirve de plataforma para realizar unos buenos clavados.Sale del río montado en el gigante gris y comienza un trayecto cuesta arriba con destino a los arrozales. El camino es difícil y provoca vértigo por lo empinado, pero las enormes patas de su elefanta traen firmeza y seguridad. Su “mascota” se gana un merecido almuerzo que incluye bananas, rambután y pitahaya (fruta del dragón rojo). Cuando la tarde se apaga, al viajero le cuesta despedirse de su compañera de aventuras, pero sabe que llegó el momento de continuar descubriendo nuevos paisajes, historias y personajes. ©





TXT & FOTOS: Grupo Editorial Metro

MAS FOTOS