INFORME | INFANCIA | #199 JUN 2015
Crianza con apego

Basado en la "Teoría del apego", que busca la seguridad y estabilidad emocional
en las relaciones interpersonales íntimas y duraderas, este modelo de crianza es furor en el mundo y está dando que hablar.

En el último tiempo, cada vez hay más grupos a favor de la crianza con apego, la lactancia materna y el colecho, en contraposición a un modelo de crianza autoritario. La teoría del apego apunta a construir una relación de apego segura, la mejor base para la construcción de una personalidad saludable, por parte de la figura de apego hacia su bebé.
Aunque los beneficios del apego seguro son claros, hay quienes practican un apego "excesivo", considerado perjudicial para el niño. Desde Metro consultamos a diversos especialistas para abordar este polémico tema.

TEORÍA DEL APEGO

Formulada por el psiquiatra y psicoanalista británico John Bowlby (1907 – 1990), la "teoría del apego" sostiene que los seres humanos tienden a buscar seguridad y estabilidad emocional en las relaciones interpersonales íntimas y duraderas, como la que se da entre una madre y su hijo. Esta formulacuón teórica también explica las consecuencias de la ruptura de esos vínculos.
La psicoanalista didacta de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), especialista en psicoanálisis de niños, familia y pareja, Lic. Graciela Faiman aseguró que "la teoría del apego enfatiza la importancia que tiene para el niño la relación con sus cuidadores". "La necesidad de este vínculo es primaria y tiene bases arraigadas en la biología, ya que, al igual que todas las especies animales, el cachorro humano necesita la atención de sus padres para poder sobrevivir", explicó Faiman en diálogo con Metro.
Asimismo, la psicoanalista de la APA, especialista en clínica, mamá-bebé,  niños, adolescentes y adultos, Lic. Josefina Saiz de Finizi señaló que "no se trata sólo del apego físico, como pueden ser la práctica del colecho o la extensión de la lactancia hasta los dos o tres años de la criatura, sino de que la presencia física y emocional de la madre favorezca el crecimiento emocional del bebé". De los vínculos  interpersonales establecidos en el primer año de vida del bebé resultará un apego seguro, considerado por los especialistas "la mejor base para la construcción de una personalidad saludable", o inseguro.
La coordinadora del Espacio Bowlby sobre apego de la APA, Dra. Elsa Wolfberg, indicó que "la tendencia de los niños a buscar apoyo y protección de  una figura cuidadora, particularmente cuando se sienten asustados o ansiosos, se extiende a lo largo del ciclo vital". "El apego dura de la cuna a la tumba y, en general, los adultos lo establecen con su pareja", afirmó Wolfberg.

CRIANZA CON APEGO

La coordinadora del Espacio Bowlby  explicó que este tipo de crianza "se dirige a construir una relación de apego segura, que parte de la oferta, por parte de la figura de apego hacia su bebé, de empatía, sensibilidad, continuidad y una actitud reflexiva, es decir, la capacidad de pensar que el otro, quien tiene su propio  modo de pensar, puede ser diferente y que es necesario intentar conocerlo y entenderlo".
"Si un bebe está angustiado y reclama la presencia de la madre, es decir, de su cuidador habitual, es importante que este acuda. El bebé necesita de una madre que comprenda qué le está sucediendo y que lo ayude a calmarse", subrayó Faiman y agregó: "Esto no implica satisfacer todos los deseos, cuando estos expresan ganas de algo, que, en realidad, pueden ser ganas encubridoras. Por ejemplo, el '¡comprame, comprame!' de un niño puede traducirse en una búsqueda de amor, de cuidados que no fueron suficientemente satisfechos".

¿CUESTIÓN DE MODA?

En el último tiempo, muchos padres eligen este tipo de crianza, en desmedro de los modelos más autoritarios. Wolfberg adjudicó distintas causas a esta variación, como "la difusión, la reacción a modelos de crianza autoritarios e ignorantes de que el bebé y el niño son individuos que es necesario conocer y respetar, y el conocimiento de que, a diferencia de otras especies, nacemos inmaduros y terminamos de confeccionarnos con el apuntalamiento de la figura cuidadora".
Asimismo, Faiman consideró que "el énfasis y la difusión que el psicoanálisis hizo de la importancia del vínculo de los hijos con sus padres ayudó a concientizar a la sociedad acerca de la necesidad de rever antiguas pautas de crianza".
Por otra parte, Saiz de Finizi consideró que "en la crianza se ponen de moda  conductas que los padres adoptan, llevados por creencias  populares, sin pensar qué significado tienen para ellos, es decir, hay una moda, una tendencia, que no es una elección personal, sino una influencia de lo social, donde no han elegido libremente cómo y cuándo cortar con la indiscriminación en los vínculos".

¿NIÑOS MÁS SEGUROS O MALCRIADOS?

Al momento de evaluar las consecuencias de la crianza con apego, la sociedad parece dividirse en dos sectores. Uno, más opositor, que asegura que este modelo hace que los niños se vuelvan malcriados y caprichosos, dado que "no saben que es ¡NO!", y otro, más afín, que afirma que los niños se vuelven más seguros y confían más en sí mismos.
La coordinadora del Espacio Bowlby indicó que "cuanto más seguro es el apego del niño, mejor explorará el mundo y se sentirá más confiado de obtener ayuda, en caso de necesitarla". "Aquellos bebés cuyas madres están más conectadas con  ellos y les responden enseguida (al llanto, a la  demanda de ser alimentados o abrazados,  a sus sonrisas o están disponibles cuando los bebés dan señales de querer estar con ellas),  lejos de volverse malcriados y dependientes, se vuelven más independientes, autónomos y seguros de sus propios recursos, ya que adquirirán más seguridad al sentir que cuenta con el adulto cuando le pasa algo, porque el adulto le ayudará  a regularse emocionalmente", explicó Wolfberg.
En caso contrario, cuando el adulto no responda, "el niño concluirá que debe arreglárselas solo (prematuramente), ser autosuficiente  y que no debe esperar ayuda", señaló la coordinadora del Espacio Bowlby y agregó: "Eso será un modo de ir formando un futuro niño con apego inseguro evitativo. Por eso nunca se debe negar un abrazo a un bebé si lo pide, eso nunca sobra".

LACTANCIA EXTENDIDA

Según indicó el Ministerio de Salud de la Nación, "la leche materna es muy importante, porque es la más segura e higiénica, ya que el niño la toma directamente de su mamá". A través de su leche, la mamá le transmite al bebé anticuerpos que lo protegen contra las enfermedades más comunes hasta que sea capaz de formar sus propias defensas. Además, la leche materna brinda todos los elementos que el bebé necesita para su crecimiento y desarrollo saludables.
En la Argentina, cada vez hay más grupos pro lactancia, algunos de los cuales plantean la extensión de la lactancia hasta los dos o tres años del niño. Saiz de Finizi aseveró que "no es necesario extender la lactancia, ya que al año de vida el bebé está en condiciones de ser destetado". "Que continúe no indica que el niño esté mejor alimentado", remarcó.
Faiman destacó la importancia de que la madre pueda desarrollar la capacidad de "comprender qué le sucede y qué necesita su bebé", es decir, la capacidad empática, lo que le permitirá descubrir el motivo del llanto, que puede deberse a hambre, frío, gases, sueño u otras causas. "Una  teta ofrecida permanentemente y sin discriminación no es buena para el niño, ya que termina confundiéndolo también a él", concluyó Faiman.

APEGO EXCESIVO

Wolfberg definió al apego excesivo como "expresión de un apego inseguro ansioso, producto de un vínculo con una figura de apego inconsistente, que a veces está conectada y otras se repliega o rechaza, lo cual genera que el bebé y el niño se aferren y estén pendientes de ese adulto para que no se les vaya ni se desconecte inesperadamente, como hace".
Asimismo, Faiman señaló que "no hay que confundir un buen apego con un apego 'excesivo', el cual puede evidenciar una necesidad de la madre de aferrarse a su hijo por diferentes problemáticas de ella, lo que no será bueno para ella, para el niño, ni para los otros miembros de la familia".

COLECHO

Si hay un tema que despierta la polémica, ese es colecho, es decir, el que los padres duerman con el niño en el medio. Los especialistas aconsejan no extenderlo demasiado, ya que afecta tanto la formación de los niños, como el desarrollo de la pareja.
La coordinadora del Espacio Bowlby consideró que "no es aconsejable el colecho prolongado, aunque cada pareja lo establece". "Yo diría que, a lo sumo, un año es suficiente. El niño sabrá aprender a vivir y dormir en su espacio, tal vez acompañado por un tiempo por la mamá o el papá, con rituales de cuento o canciones a modo de despedir el día, y, gradualmente, sabrá entregarse al sueño y aprenderá a cortar con los estímulos del día. Mucho más tiempo entorpece la intimidad de los padres y la capacidad  del bebé de explorar como se arregla, aún en forma asistida, a 'navegar la noche'", explicó Wolfberg.
Faiman expuso que "compartir la cama con el niño lo confunde" y remarcó la importancia de que "reconozca cuál es su lugar, ya que él no es el marido de la madre ni la mujer del padre. También apuntó que "el colecho es un límite para que la pareja pueda desplegar la sexualidad y la intimidad que necesita".
En sintonía con los expuesto, Saiz de Finizi expuso que "el colecho es un potente activador de fantasías  y pensamientos  en el niño, en tanto que la intimidad de los padres es  vivida con la presencia del bebe o niño, que inhibe estados de satisfacción en la vida sexual".
"La separación es necesaria, porque es la prueba de que los padres no desaparecen como cuidadores responsables de la vida física y mental de sus hijos al tener cada uno su  espacio físico", agregó.
Si bien son los padres quienes deciden practicar o no el colecho, es importante remarcar que el niño, al igual que la pareja, necesita su espacio. ©




TXT: Grupo Editorial Metro







TIEMPO DE DEBATE

La revista Time abrió el debate sobre esta forma de maternidad con su portada de mayo de 2012, en la cual se aprecia a una madre con un nene de unos de tres años, que toma el pecho mientras se sostiene de pie sobre una silla.
A partir de esa imagen, el mundo comenzó a reflexionar sobre este tipo de maternidad, que algunos avalan y consideran más natura, y otros rechazan.

 

NIÑOS SOBREPROTEGIDOS

Los padres sobreprotectores intentan evitar que sus hijos atraviesen determinadas situaciones,
se caigan o se hagan daño.
Aunque su intención
es sortearles un mal a sus hijos, el resultado de la sobreprotección es la inseguridad.

Los niños necesitan que sus padres los protejan y los cuiden. Pero, ¿qué sucede cuando esta protección se vuelve excesiva? Los padres sobreprotectores impiden que sus hijos realicen diversas actividades por temor a que sufran o les ocurra algo malo. También quieren evitarles muchas de las cosas que ellos debieron atravesar en su infancia y se sienten totalmente responsables de lo que les pueda ocurrir.
Cuando el niño aún es un bebé, los padres sobreprotectores están totalmente pendientes de si tiene hambre, sueño o frío, con el objetivo de anticiparse a las necesidades que perciben o creen que su hijo tiene. Al momento de dar los primeros pasos, los padres lo sujetan, le advierten de posibles peligros y bloquean "áreas peligrosas" de sus hogares con las que podría dañarse. Muchas veces estas medidas retrasan que el niño signa intentando.
Ya en la etapa escolar, los padres sobreprotectores acompañan al niño todo lo que pueden y resuelven sus problemas, sin dejarlo enfrentar las consecuencias de sus actos. En la adolescencia siguen intentando controlar todos sus comportamientos.
En algunos casos, la sobreprotección es resultado de una enfermedad, ya que a los niños suelen ser vistos como más indefensos y requieren de mayor atención, aunque no para todos los aspectos de su vida, como creen los padres.
Los niños protegidos en exceso tienen una dependencia "extrema" de los adultos, porque viven en una especie de burbuja, por lo cual desarrollan menos recursos, menos estrategias y habilidades. El gran problema se presenta cuando la burbuja estalla, ya que, en general, los niños sobreprotegidos suelen presentar más miedos, conflictos emocionales y ansiedad, que los niños que no lo son.
La mayoría de los padres sobreprotectores creen que están haciéndoles un bien a sus hijos pero, en general, el resultado de una sobreprotección es la inseguridad.

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