DIARIO DE VIAJE | CORDOBA | #196 MAR 2015
Provincia Mediterránea

El viajero recorre Córdoba, tierra de leyendas y cerros milenarios. Sus pasos lo conducen a través de algunos de los destinos turísticos más atractivos de la provincia, aunque, por momentos, lo trasladan al otro lado del océano.

Tierra de Comechingones y leyendas, las Sierras de Córdoba fueron la cuna y el hogar de pequeños pueblos con estructura independiente, regidos por caciques portadores de la cultura y la sabiduría originaria. Con 165.321 kilómetros cuadrados de extensión, Córdoba es la quinta provincia más extensa del país, ocupando el 5,94 por ciento de su superficie total de Argentina.
En el marco cerros milenarios y lugares mitológicos, el viajero llega al Valle Calamuchita, ubicado a sólo 80 kilómetros al sur de la capital cordobesa. Vigilado por las Sierras Grandes al oeste y las Sierras Chicas al este, un camino de curvas y contra curvas lo conduce al Dique Los Molinos, situado sobre el curso del rió homónimo en el sector este del Valle.
El paisaje lo invita a hacer una parada. El embalse, cuya superficie abarca 24,5 kilómetros cuadrados, se presenta como la oportunidad perfecta para la práctica deportiva. Un paseo en kayak es el mejor modo de terminar la tarde. A su alrededor, una padre le enseña a su hija a pescar y un grupo de amigos pasea en una lancha.

VILLA GENERAL BELGRANO

Luego de avanzar más de 20 kilómetros por la misma ruta sinuosa, un cielo estrellado lo recibe en Villa General Belgrano. La localidad, ubicada a 750 kilómetros de Capital Federal, está enmarcada por los cordones de las Sierras Grandes al oeste; de las Sierras Chicas al este y los Embalses de Los Molinos y de Río Tercero, al norte y sur respectivamente. Luego de un recorrido nocturno en busca de hospedaje, el viajero se aloja en uno de los tantos hostels del lugar.
Gracias a su clima mediterráneo, Villa General Belgrano cuenta con unos 300 días soleados al año. Al día siguiente, un sol radiante confirma la teoría y le asegura al viajero una excelente jornada para conocer la zona, la cual se asemeja a una aldea alpina de estilo centroeuropeo, con tejados rojos, jardines floridos y abundante detalles en madera.
Las primeras familias alemanas llegaron a Villa General Belgrano en la década del 30' y se instalaron a los márgenes del arroyo El Sauce, junto a los antiguos lugareños. Con el posterior arribo de suizos, húngaros y austríacos, entre otros grupos centroeuropeos, se constituyó el pintoresco pueblo que recrea su tierra natal.
Por la mañana, el viajero resuelve visitar el Paseo de los Arroyos, que se encuentra a sólo dos cuadras del centro. Su recorrido comienza desde la Plaza José Hernández. La caminata lo conecta con la naturaleza y la pureza del lugar. Llega al vado del arroyo La Toma y un sendero peatonal, que corre hacia la derecha, le permite seguir su curso río abajo, conduciendolo hasta la confluencia del arroyo El Sauce y, luego, del arroyo Los Molles. Respira tranquilidad. En todo el trayecto divisa varias especies de vegetación autóctona y exótica, y por momentos cree oír los pasos del pastor que recorre los arroyos junto con sus ovejas para mantener el césped corto, uno de los tantos detalles pintorescos del lugar.
Durante el almuerzo degusta platos típicos alemanes, acompañado de una exquisita cerveza artesanal. La situación, el entorno y los aromas lo trasladan al viejo continente. Un mozo, ataviado según indica el folklore alemán, le sugiere visitar el Pozo Verde y la Quebrada de la Zarzamora.
El viajero parte desde la entrada norte del pueblo con el sol en lo alto. A unos 600 metros hacia el norte, siguiendo las indicaciones el camarero alemán, encuentra el acceso que conduce al Pozo Verde, la Quebrada de la Zarzamora y el Cerro Mirador. Los senderos de las Sierras Chicas lo guían hasta el primer destino. Allí se detiene por un momento, seducido por el intenso color verde de esa olla natural, rodeada por una frondosa vegetación. El sitio es el reino de la zarzamora y los zorzales. Los rayos del sol le besan el rostro, mientras sus oídos se deleitan con el murmullo del agua y el canto de las aves.
Durante su última noche en Villa General Belgrano, el viajero recorre algunos comercios y aprecia el delicado trabajo que conlleva el tallado a mano.

PUEBLO PEATONAL

A la mañana del tercer día, el viajero parte rumbo a La Cumbrecita, un poblado ubicado a 1450 metros sobre el nivel del mar en las Sierras Grandes, atraído por bosques añosos, senderos serpenteantes, ríos de agua cristalina y típicas construcciones alpinas. Un camino bien pavimentado, que poco tiempo atrás aún era de tierra, lo conduce hasta el megaestacionamiento del pueblo peatonal, a ocho cuadras del acceso principal. La entrada al pueblo con vehículos está prohibida, por lo cual todos los recorridos están previstos para ser realizados a pie. Un micro lo traslada hasta el poblado, lleno de vida.
Un rosario de casas de estilo centroeuropeo le da la bienvenida a un refugio de tranquilidad, donde la naturaleza y la mano del hombre logran un equilibro perfecto. El murmullo de la gente al pasar y el aroma de las tradicionales recetas invaden las calles.
Sus pasos lo conducen hasta La Olla, uno de los rincones más visitados del arroyo Almbach. El lugar, rebosante de gente, se enmarca en un frondoso bosque de coníferas. Durante el resto del día, el viajero se relaja y disfruta del salto de agua que se desliza por las rocas para luego caer en una profunda pileta natural de más de 6 metros de profundidad.
Al día siguiente, de camino a La Cascada, visita la Capilla Ecuménica, ubicada en una de las zonas más elevadas del pueblo. El viajero aprecia la construcción que data de 1967, diseñada por Helmut Cabjolsky, uno de los pioneros de La Cumbrecita, con el fin de que permanezca abierta a todos los credos. La madera vuelve a ser la protagonista de la arquitectura alpina. Los espacios reducidos del templo contrastan con el inmenso bosque que lo rodea, otorgándole un aire austero y particular aspecto de cuento. En su interior, la "Figura de Maria y el Niño" -especialmente tallada en la Escuela de Ebanistería de Obermmergan de Baviera, Alemania, para esta capilla- custodia a los visitantes.
A través de un sendero que trepa la sierra, inmerso en un hermoso paisaje, el viajero llega a La Cascada y se detiene a contemplar el entorno. Luego de un largo día, es hora de emprender el regreso. Las aguas del arroyo Almbach le salpican el rostro a modo de despedida. ©

TXT & FOTOS: Grupo Editorial Metro

MAS FOTOS