INFORME | NEUROCIENCIA | #209 ABR 2016

Los misterios del cerebro


Las neurociencias no sólo se presentan como una herramienta para resolver interrogantes, sino que buscan realizar aportes a múltiples áreas de relevancia social. A fin de cuentas, el objetivo de conocer nuestro cerebro es lograr vivir mejor.

¿Cómo se origina el pensamiento? ¿De dónde vienen las emociones? ¿Cómo surge la creatividad? ¿Por qué interactuamos? ¿Puede ser el cerebro de un niño más listo que el de un adulto? ¿Qué hace nuestro cerebro en una situación de peligro? Por miles de años, la civilización se hizo estas preguntas. La filosofía buscó darles una respuesta a estos enigmas, pero el surgimiento de las neurociencias, que estudian la organización y el funcionamiento del sistema nervioso, abrió una nueva puerta.
"En estas décadas hemos aprendido más sobre el funcionamiento del cerebro que en toda la historia de la humanidad", expresa el neurólogo y neurocientífico argentino Facundo Manes, de la mano de Mateo Niro, en su libro "Usar el cerebro. Conocer nuestra mente para vivir mejor".  Creador del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco) y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, Manes sostiene que "el cerebro humano es la estructura más compleja en el universo" y que, por lo tanto, "propone el desafío de entenderse a sí mismo".
Las neurociencias son claves para entender el cerebro humano. Este conjunto de disciplinas variadas, con distintas agendas de investigación, comparten la tarea de conocer cuál es la relación entre el cerebro y nuestros procesos cognitivos, conductuales y emocionales.
"Las neurociencias son un conjunto de disciplinas que tratan de abordar empíricamente la relación de distintos aspectos de nuestras habilidades humanas con la base biológica que las sustenta", señala el doctor Adolfo García, director Científico del Laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias (dependiente del INCyT-Ineco). Investigador del Conicet y profesor de Neurolingüística en la Facultad de Educación Elemental y Especial de la Universidad Nacional de Cuyo, García remarca que "algunas ramas de la neurociencias se ocupan de la parte biológica del cerebro, mientras que otras, denominadas neurociencias cognitivas, buscan establecer lazos entre conducta, lengua, memoria, emociones, atención y movimiento, y los mecanismos cerebrales asociados a ellos".

¿QUÉ ES LA INTELIGENCIA?

El término "inteligencia" admitió varias definiciones a lo largo de la historia, sin quedar nunca bien definido por ninguna de esas concepciones. Generalmente, la inteligencia suele estar asociada al concepto de coeficiente intelectual, lo que implica una perspectiva estrecha e insuficiente. Antes que las neurociencias, otras disciplinas pusieron en jaque esta visión tradicional de inteligencia.
En 1983 Howard Gardner, profesor de la Universidad de Harvard, propuso la teoría de las inteligencias múltiples. En lugar de reducir el concepto de inteligencia a una única dimensión y a un conjunto de habilidades racionales, lógicas y lingüistas, como las que se miden en los test de coeficiente intelectual, Gardner propuso pensar la inteligencia como un conjunto de funciones vinculadas con las habilidades relacionales, interpersonales y creativas de las personas.
Por otra parte, el psicólogo inglés Charles Spearman propuso la Teoría Bifactorial, que plantea la existencia de un factor general de inteligencia (Factor G), que subyace a las habilidades para la ejecución de las tareas intelectuales. Spearman sostuvo que la inteligencia está compuesta por el Factor G (hereditario) y Factor S (representa la habilidad específica de un sujeto frente a determinada tarea), por lo que la educación tenía un alto grado de incidencia sobre este último.
Las neurociencia aportan datos sobre concepciones alternativas y superadoras de inteligencia. Hoy en día, ser inteligente no implica tener el coeficiente de inteligencia más alto, sino poseer la flexibilidad suficiente para "darle una vuelta de tuerca" a un problema. Se sabe que la inteligencia social y emocional es tanto o más importante que la inteligencia analítica, pero, a diferencia de ésta, no se puede medir.
Manes afirma en su libro que la noción actual de inteligencia "incluye habilidades en el campo de lo emocional, de las motivaciones, de la capacidad para relacionarnos con otras personas en situaciones complejas y diversas". "Lo central es que cada cual explote sus capacidades, sean las que sean, al máximo", remarca el neurólogo.

NEUROEDUCACIÓN

"Todas las especies aprenden, pero sólo el ser humano desarrolló un conjunto de prácticas formales e institucionalizadas para enseñar", remarca el director Científico del Laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias. En la medida en que sabemos que todos los procesos de aprendizaje están guiados por mecanismos cerebrales, parece sensato prestarle atención a lo que las neurociencias cognitivas tienen para decir sobre la enseñanza, el aprendizaje y la educación.
Aunque la relación entre neurociencias y educación es insipiente, las posibilidades son muchas. Las investigaciones neurocientíficas ayudan a comprender los ejes que son claves para el aprendizaje y, al mismo tiempo, analizan los procesos biológicos y ambientales que influyen en él. Determinados factores del ámbito educativo, como el aula, el contacto con pares y el trato con docentes, fomentan las interacciones sociales e impactan positivamente en nuestro cerebro, pues generan motivación. De este modo, posibilitan un aprendizaje más efectivo.
"La neuroeducación tiene como objetivo el desarrollo de nuevos métodos de enseñanza y aprendizaje, al combinar la pedagogía y los hallazgos en la neurobiología y las ciencias cognitivas", detalla el autor de "Usar el cerebro. Conocer nuestra mente para vivir mejor". Conocer el tipo de procesamiento que pone en juego el cerebro permite diseñar estrategias didácticas consistentes con esas formas de procesamiento, lo que hace que el aprendizaje se más rápido y menos frustrante.

NUEVAS TECNOLOGIAS

Cada día las nuevas tecnologías tienen una mayor presencia en nuestras vidas. Nos permiten comunicarnos instantáneamente; simplifican muchas de las tareas que realizamos, ahorrándonos grandes esfuerzos; y nos ofrecen la posibilidad de vivir más y mejor. Pero,  ¿hasta qué punto podemos trabajar con la computadora mientras escuchamos música, revisamos las redes sociales y respondemos los mensajes de WhatsApp?
Nuestro cerebro tiene un límite, no puede procesar toda la información al mismo tiempo. La mala administración de la atención no solo genera improductividad, ansiedad y estrés, sino que puede traer también riesgos letales.
Un estudio realizado por los psicólogos David Strayer y Jason Watson para la Universidad de Utah reveló que la posibilidad de sufrir un accidente automovilístico puede ser tan alta para quienes hablan por teléfono o mandan mensajes de texto mientras conducen, como para aquellos conductores que tomaron más alcohol del permitido por la ley. Los conductores que usan celular tienen reacciones más lentas, respetan menos su carril, mantienen menor distancia entre los autos y pasan más semáforos en rojo. Estas personas, en comparación con los que no usan el teléfono cuando manejan, detectan menos de la mitad de los detalles y situaciones que se les presentan, lo que produce ceguera atencional.
El mecanismo de atención es clave para diferentes funciones cerebrales, y se logra cuando se dirigen los recursos hacia un foco específico en un tiempo determinado, por lo que sólo percibimos lo que está en nuestro foco de atención. Empleada con criterio, la tecnología y sus aportes resultan beneficiosos, en especial para los procesos cognitivos de niños y adolescentes.

EDUCANDO AL CEREBRO

En el marco del Programa de Promoción de Vocaciones Científicas (VocAr) del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET),  surgió "Educando al Cerebro", una propuesta que busca "acortar la brecha entre los científicos, quienes generan conocimiento relevante sobre los procesos educativos y la sociedad en general", en este caso representada por los educadores.
"Educando al Cerebro" es un ciclo de divulgación que se nutre de la ciencia -en especial de la neurociencia-, para impactar directamente en el sistema educativo.
A través de charlas y talleres, busca fortalecer a quienes enseñan, proveyéndoles herramientas derivadas de los avances en ciencia y aplicables en las actividades cotidianas del ámbito educativo, para así mejorar sus habilidades en la enseñanza y el aprendizaje de sus alumnos. ©



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FACUNDO MANES

Se graduó de médico en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y de Magister en Filosofía y Doctor en Ciencias en la Universidad de Cambridge, Inglaterra. Como estudiante de medicina recibió el premio "Neurociencias 1992", otorgado por la Asociación Médica Argentina por su trabajo de investigación: "El rol del cuerpo calloso en la transferencia inter-hemisférica cerebral".
Realizó la residencia de neurología en FLENI. Luego continuó su formación en el exterior y en 2001 volvió a la Argentina, donde cumplió su objetivo de establecer el Departamento de Neurología Cognitiva y Neurociencias Cognitivas Humanas con un equipo multidisciplinario en FLENI.
Manes creó el Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco) y el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro. Ambas instituciones lideran el campo de las neurociencias en América Latina, convirtiéndose en centros de referencia internacional para la investigación en neurociencias cognitivas.