DIARIO DE VIAJE | ATENAS | #213 AGO 2016

Atenas, el origen

Cuna de la democracia, la ciudad de Atenas combina historia, mitología y arquitectura, una propuesta atractiva que seduce al viajero de inmediato. La tierra de Sócrates lo invita a visitar las maravillas de la Grecia Antigua.

El viajero llega a la ciudad de Atenas, Grecia, conocida como la "cuna de la democracia". La metrópoli le debe su nombre a la diosa griega de la sabiduría y la guerra, Atenea. Según el mito, la hija de Zeus consiguió la ciudad tras la disputa con el dios de las aguas, Poseidón. La victoria de la diosa quedó representada en la construcción de uno de los templos de la Acrópolis.
Como ciudad-estado, la capital costera de Atenas llegó a su pleno apogeo durante el siglo V a.C., bajo el mandato de Pericles -desde 461 a.C. hasta su muerte en 429 a.C.-. El período se caracterizó por un gran auge en el sector de la construcción, que se vio reflejado en muchos de los grandes edificios clásicos, como el Partenón, el Erecteón, el templo de Hefesto y el de Sounion, que hoy se consideran símbolos de la Grecia Antigua. El éxito de la ciudad corría en paralelo con los logros intelectuales, que propiciaron el nacimiento de la democracia.
Bajo el dominio de los macedonios y romanos, la ciudad retuvo una posición cultural y política privilegiada, aunque pasó a estar en segundo plano dentro del Imperio. El nacimiento del Cristianismo marcó un largo periodo de ocupación y declive, que concluyó en 1456. A fines del siglo XVIII, Atenas sufrió el saqueo de gran parte de su pasado clásico, tras caer en las manos de coleccionistas adinerados. Luego de la Guerra de la Independencia Griega (1821-1829), Atenas pasó a formar parte del nuevo Estado y fue nombrada capital de Grecia el 18 de septiembre de 1834.
Atraído por mitos y leyendas, el viajero llega a la "cuna de la domicracia", donde la arquitectura clásica ateniense se mezcla con contrucciones modernas. Por la mañana, una visita panorámica de Atenas le permite conocer los sitios destacados de la ciudad. La primera parada es en el Estadio Panathinaiko, donde se celebraron los primeros Juegos Olímpicos de la modernidad. Luego, continúa hacia la Plaza de Syntagma y el Parlamento, donde se encuentra la tumba del "soldado desconocido", protegida por los soldados Evzones. El recorrido también le permite apreciar la Iglesia Catolica de San Dionisio, la Academia, la Facultad y la Biblioteca Nacional. Finalmente, el viajero llega a los pies de la Acrópolis,  conocida como "la roca sagrada". Esta joya de la Grecia clásica posee templos que maravillaron al mundo durante siglos y dan cuenta de la Edad de Oro ateniense, cuando bajo el mando de Pericles confluían arte, riqueza y democracia.
El viajero asciende por la ladera sur, que le ofrece la imagen del teatro de Dionisio (siglo IV a.C.), donde hasta 17 mil espectadores presenciaban las tragedias griegas. Por encima de los restos del teatro –el más antiguo que se conserva-, se aprecian las murallas, que fueron construidas no sólo para defender, sino también para cimentar los desniveles de la colina. Luego de atravesar el templo del dios de la medicina, Asclepio, recorrer el Pórtico de Eumenes y llega al odeón de Herodes Ático (siglo II), otro imponente teatro.
En la zona alta, la construcción "Los Propileos" (V a.C.) le da la bienvenida oficial a la Acrópolis. Edificado por el arquitecto Mnesicles, este monumental vestíbulo combinó por vez primera columnas de estilos distintos -dórico y jónico-. A su lado se alza el templo de la diosa Atenea Niké (Victoriosa), creado en el siglo V a.C. para conmemorar el triunfo de los atenienses sobre los persas. Originalmente, una estatua de nueve metros de la diosa Atenea Promakos (Campeona), realizada por el escultor Fidias, recibía a los visitantes.
De todas las construcciones, el Partenón (438 a.C.) es sin dudas la más imponente. Referente de la Acrópolis y cumbre del arte clásico, el gigante de mármol tardó quince años en construirse. También denominado Templo de Atenea Partenos, su nombre hace referencia a la virginidad de la diosa, que renunció a ser madre para dedicarse al pueblo ateniense. Antes de regresar al centro de la ciudad, el viajero contempla el Erecteión con sus refinadas y famosas cariátides -columnas con forma de cuerpos femeninos que sustentan el pórtico sur.
Por la tarde visita la Puerta de Adriano y el Templo de Zeus Olímpico. Durante la noche, la zona de Plaka lo invita recorrer las típicas tabernas griegas, donde disfruta de a extraordinaria gastronomía y el folclore del país.
El viajero se despide de Atenas, aunque sólo lo hace en parte, pues la ciudad y la Acrópolis son la cuna y el origen de todo. ©


TXT: Grupo Editorial Metro FOTOS: María Lucía Trezza


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