INFORME | EDAD | #214 SEP 2016

Ganarle al tiempo

Lejos de ser considerados pasivos, los mayores de 65 años son agentes activos de la sociedad. Con una expectativa de vida cada vez mayor, realizan distintas actividades físicas
e intelectuales para envejecer de un modo saludable.

más de medio siglo muy pocas personas superaban los 50 años de edad. La expectativa de vida no sólo era mucho más corta, sino que quienes se jubilaban eran considerados personas pasivas, sin aspiraciones. En la actualidad, el panorama difiere en varios aspectos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), "en el mundo hay unos 605 millones de personas de más de 60 años" y está previsto que la cifra se incremente en las próximas décadas. Desde el organismo internacional estiman que "para 2025 habrá 1.200 millones de personas de edad en todo el mundo y dos de cada tres vivirán en países en desarrollo".
En Argentina, "10,2 por ciento de la población tiene 65 años o más", lo que implica una alta proporción de personas mayores con relación a la población total, según reveló el último Censo Nacional (2010). Asimismo, el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía estima que para 2050 uno de cada cinco argentinos "tendrá 65 años o más". ¿A qué se debe este cambio demográfico? ¿Por qué la expectativa de vida es mayor? ¿Qué visión tiene nuestra sociedad de los adultos mayores? ¿Por qué hay personas que elijen seguir trabajando? ¿Cuáles son los beneficios de mantenerse activo?
Distintos factores influyen en el aumento de la expectativa de vida, destacándose una mejor nutrición, una mejor sanidad y condiciones de vida superiores, en combinación con los avances en el campo de la medicina. En ese sentido, el reto del siglo XXI es asegurar una calidad de vida óptima para los adultos mayores y retrasar la aparición de discapacidades propias de la edad.
"El avance de la educación, la ciencia, la tecnología y los cuidados preventivos nos permiten vivir más y mejor", sostuvo el rector de la Universidad Favaloro y presidente de la Fundación Ineco para la investigación en neurociencias, Facundo Manes, durante un encuentro organizado por el Instituto de Previsión Social bonaerense (IPS) en julio de este año. Manes aseguró que "la mayor riqueza de un país no son los recursos naturales ni financieros, el principal recurso es el cerebro de los ciudadanos" y señaló que los adultos mayores poseen "cerebros con experiencia de vida, con educación, con valores, y que tienen que participar en la comunión con otras generaciones".
"Uno tiene que jubilarse del trabajo que no le gusta, recibir una buena jubilación, pero debe estar activo mentalmente hasta el último día", expresó el neurólogo y agregó que: "Si dejamos de hacer lo que nos apasiona, podemos deprimirnos y la depresión crónica puede afectar, además de nuestro cerebro, a nuestro cuerpo, y producir enfermedades".
La jubilación es un merecido reconocimiento por el trabajo realizado pero, al mismo tiempo, implica un cambio, pues marca un corte entre una etapa que finaliza y otra que comienza. Se modifican los vínculos sociales y las rutinas diarias, lo que puede significar un beneficio o un perjuicio para quien la reciba. ¿Qué voy a hacer si me jubilo? ¿Quedarme todo el día en casa? ¿Cuidar a mis nietos? Ésas y otras preguntas suelen ser frecuentes en personas próximas a alcanzar la edad jubilatoria. Sin embargo, en los últimos tiempos esta visión tradicional de la vejez, asociada con enfermedades, dependencia y falta de productividad, comenzó a ser refutada. Hoy quienes forman parte de la tercera edad son considerados agentes activos de sus comunidades, tanto económica como socialmente.
Envejecer es la puerta a una nueva etapa, ideal para realizar viajes postergados, concretar emprendimientos, adquirir nuevos conocimientos o volver a enamorarse. La experiencia, los recursos y una expectativa de vida cada vez mayor hacen de esta etapa una gran oportunidad para los adultos mayores.
José, de 70 años, acaba de regresar de Cataratas del Iguazú, Misiones. Es su quinto viaje en lo que va del año y ya tiene planificado el próximo. "Con la gente del club (de jubilados) nos vamos a Puerto Madryn en octubre", comenta mientras juega una partida de truco. Él, como muchos otros adultos mayores, encontró en la institución un segundo hogar, donde comparte actividades, fiestas, comidas y viajes con personas de su misma edad. "Este lugar me cambió la vida, no paro un minutos. Me voy de viaje, regreso, desarmo la valija y vuelvo a armarla para el próximo. Es algo que nunca antes había hecho", comenta en diálogo con Metro.
Aunque no forma parte de ningún club, Mirtha, de 67 años, también es una apasionada de los viajes. Todos los meses se reúne con siete de sus amigas de Recoleta para realizar visitas a distintos puntos turísticos de la provincia de Buenos Aires o Capital Federal. "Una vez que elegimos el destino, contratamos una agencia de viajes que nos lleve y nos traiga a todas. Es una costumbre que tenemos desde hace años y que intentamos cumplir siempre", explica. Además de las escapadas, una vez por año Mirtha viaja hacia un nuevo destino con alguna de sus amigas.
El esparcimiento y la recreación son fundamentales para lograr una buena salud, por eso nunca es tarde para comenzar a hacer ejercicio. Caminar es la actividad física ideal para las personas mayores, ya que no requiere ningún equipo especial y se puede realizar solo o acompañado.
Caminar de forma regular no sólo mejora la condición física de los adultos, sino que también favorece su independencia.
La OMS recomienda que "los adultos de 65 en adelante dediquen 150 minutos semanales a realizar actividades físicas moderadas aeróbicas, o bien algún tipo de actividad física vigorosa aeróbica durante 75 minutos, o una combinación equivalente de actividades moderadas y vigorosas". También sugiere que la actividad se practique en sesiones de 10 minutos, como mínimo, y que se practiquen "actividades que fortalezcan los principales grupos de músculos dos o más días a la semana".
"La edad no es la que uno tiene, sino la que uno siente", asegura Gloria, de 66 años, que tres veces por semana sale a caminar una hora, ya sea sola o acompañada por una amiga o alguno de sus nietos. Los abuelos de hoy en día ya no son los de antes. Se trata de personas mucho más activas y modernas, que quieren ser abuelos presentes pero no niñeros y exigen el respeto de su agenda. Con tres hijos y cinco nietos, Gloria es una abuela activa, presente, pero que también sabe decir no: "Salvo que sea una urgencia, mis hijos saben que todos los miércoles y sábados salimos con mi marido y otras parejas amigas, por lo que a los nenes los disfrutamos otro día".
Por otra parte, también hay quienes eligen seguir trabajando, como en el caso de Héctor, de 70, que continúa al frente de la empresa de catering que fundó con su mujer Viviana, hace más de 30 años. "Mi esposa y yo amamos lo que hacemos, consideramos que el trabajo es salud y, por el momento, no tenemos pensado retirarnos", aclara. Aunque sus visitas a la oficina no son tan frecuentes como antes, no hay detalle que se les escape. "Seguimos al tanto de todo lo que pasa en la empresa, pero ahora nos tomamos nuestro tiempo, tanto juntos, como separados, para hacer nuestras cosas, visitar amigos, pasear con los nietos o irnos de viaje", detalla Viviana.
El ejercicio físico y mental, una buena alimentación, los avances de la medicina y los vínculos sociales son algunos de los factores que contribuyen a un envejecimiento saludable y hacen de la tercera edad una etapa activa. ©




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UNITE

El Programa Universidad para la Tercera Edad (UniTe) creado en la universidad de Lomas de Zamoraque dicta cursos para personas mayores de 60 años

Mantenerse activo física e intelectualmente es una de las claves para lograr una mejor calidad de vida. "Cuando una persona se jubila, en general, pierde gran parte de su vida activa", señala el director del Programa Universidad para la Tercera Edad (UniTe), Jorge Tognolotti. El programa nació en 1998 a partir de la iniciativa de cinco docentes de la Facultad de Ciencias Sociales, de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ), como un proyecto de extensión. "No teníamos muy claro qué queríamos hacer, pero sabíamos que queríamos hacer algo en beneficio de la comunidad. En esa lógica de proponer ideas, surgió la posibilidad de dictar cursos para mayores de edad y establecimos como límite de edad los 60 años", recuerda Tognolotti.
El proyecto comenzó como una aventura de cinco docentes que trabajaban ad honorem y que sólo contaban con la facilidad del espacio áulico. "Nos encargamos de visitar centros de jubilados, amigos, gente del barrio y juntamos 35 personas", señala el director de UniTe.
Gracias al trabajo y esfuerzo del equipo docente, en el 2006 el programa pasó a depender del decanato de la Facultad de Ciencias Sociales y obtuvo designación docente. En la actualidad, UniTe cuenta con un promedio de mil alumnos y una oferta de 48 cursos gratuitos, divididos en las siguientes especialidades: informática y tecnología; ciencias sociales; arte; salud e idiomas. El único requisito para inscribirse es ser mayor de 60 años.
Tognolotti remarca que UniTe "tiene por fin vincular a la comunidad con la universidad, por lo que está ralacionado a un hacer educativo. No obstante, no deja de ser un programa de inclusión social, porque estamos beneficiando a un montón de gente que a veces, por un tema de costo, no puede realizar un curso de informática o idioma". El Programa no sólo sirve para bindarles conocimiento a los adultos mayores, sino también para que se sientan activos. Al mismo tiempo, su desarrollo implica una instancia de receración y de relación con el otro que, en general, extiende el ámbito académico. "En el Programa se da una relación de amistad y de compartir que, a mi parecer, es el rasgo más distintivo que tenemos", destaca el director de UniTe.

http://programaunite.blogspot.com.ar/
http://unite.unlzsociales.com.ar/

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