DIARIO DE VIAJE | USHUAIA | #214 SEP 2016

El fin del mundo

El viajero llega a Ushuaia, capital de Tierra del Fuego, Antartida e
Islas del Atlantico Sur. El centro urbano mas austral del planeta se presenta como la puerta a una nueva aventura por paisajes de ensueno.

Hace casi 500 años, un grupo de exploradores del Viejo Mundo avistó las costas de una tierra desconocida, donde fuegos dispersos y columnas de humo parecían flotar sobre las aguas. Quizás fue aquella visión casi onírica  la que le dio su nombre a la actual provincia de Tierra del Fuego. Durante siglos la zona estuvo habitada por nativos adaptados a la vida litoral marítima, que formaban parte de un grupo mayor, autodenominado "Yámana",  hoy conocido bajo el nombre de canoeros magallánicos.
Ushuaia, capital de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, se encuentra ubicada a orillas del Canal Beagle y rodeada por la cadena montañosa del Martial, a los pies de una bella bahía. Su nombre, proveniente de la lengua "yámana", quiere decir "bahía que penetra hacia el poniente".
El viajero llega a la pequeña capital de 9.390 kilómetros cuadrados - incluye Isla de los Estados y las Islas del Beagle-,  ubicada en el extremo del mundo. Ushuaia, el centro urbano más austral del planeta, es la puerta a una nueva aventura. En esta tierra de mitos y leyendas, las montañas, el mar, los glaciares y los bosques se mezclan para ofrecer un paisaje conmovedor.
En el extremo oriental de la Isla Grande de Tierra del Fuego, separada por 30 kilómetros de agua, emergen las últimas estribaciones de la Cordillera de los Andes. De aspecto montañoso, con picos agudos y escarpados, abarcan más de 65 kilómetros de largo y  16 kilómetros de ancho. La zona, conocida como Isla de los Estados, fue declarada Reserva Natural Silvestre el 9 de agosto pasado.
En  1884, la Expedición al Atlántico Sur comandada por el comodoro Augusto Lasserre, que tenía por fin reafirmar la Soberanía Argentina, mandó a construir el Faro de San Juan de Salvamento y una Estación de Salvataje, que luego se convertiría en Subprefectura, en la inhóspita Isla de los Estados. El faro que iluminaba a los navegantes del mar más austral recibió el nombre de "Faro del Fin del Mundo", en alusión a la novela de Julio Verne ("Le Phare du Boute du Monde").  Infinidad de barcos se vieron favorecidos gracias a su presencia,  aunque las grandes olas  y las traicioneras rocas no dejaron de jugarles malas pasadas.
El Tren del Fin del Mundo es una invitación a revivir los últimos 7 kilómetros del antiguo recorrido del tren de los presos, el cual partía desde la cárcel de Ushuaia hacia la ladera del Monte Susana en busca de distintos materiales para la construcción del presidio. Una vez a bordo, el viajero no sólo se deleita  con magníficos paisajes, compuestos por el zigzagueante río Pipo, la cascada Macarena, el cementerio de árboles y el majestuoso bosque, sino que también se interioriza en la historia del lugar. 
El 26 de diciembre de 1895 el presidente de la Nación Julio Argentino Roca ordenó la creación de una colonia penal en los territorios del sur de la Argentina, a través del decreto Nº 3335. La  idea de hacer una colonia penal no tuvo éxito y en 1902 comenzó la construcción del "Presidio Nacional", cuya ejecución estuvo a cargo de los mismos presos.
El presidio militar que funcionó en la Isla de los Estados, primero en San Juan de Salvamento y luego en Puerto Cook, fue trasladado en 1902  a Ushuaia, donde sólo existían 40 viviendas. El sitio elegido fue Puerto Golondrina, ubicado al oeste de la ciudad. En casas de chapa y galpones trasladados de Isla de los Estados comenzó a funcionar el Presidio Militar. En 1911 el presidente de la Nación firmó el decreto que fusionó el Presidio Militar con la Cárcel de Reincidentes de Ushuaia. En 1920 finalizaron las obras. Para ese entonces, la cárcel contaba con 5 pabellones de 76 celdas exteriores cada uno. Aunque las 386 celdas eran unipersonales, la cárcel llegó a alojar a más de 600 reclusos.  
El viajero disfruta de la experiencia a bordo de un ferrocarril de época con sus locomotoras a vapor y elegantes coches con amplios ventanales. El tren atraviesa el Cañadón del Toro y cruza el Río Pipo sobre el Puente Quemado, donde se encuentran los restos de madera del puente viejo bajo las nuevas vías. En la Estación Cascada La Macarena, una parada le permite apreciar las espléndidas vistas panorámicas y la reconstrucción de un típico asentamiento de los pueblos originarios que poblaron estas tierras. Después asciende hasta un mirador que ofrece una fabulosa vista del Valle del Río Pipo y de  la naciente de la cascada La Macarena en la Cadena Montañosa Del Martial. Luego de quince minutos, el silbato de los guardas lo llama para que  regrese al tren.  Éste reinicia su marcha y, al poco tiempo,  ingresa en el área del bosque sub-antártico, uno de los pocos que existen en el mundo, hasta adentrarse en el Parque Nacional Tierra del Fuego.
Bordeando el Río Pipo, aún se observan  huellas de la rutina diaria de los presos tras casi medio siglo de talar bosques para abastecer a la ciudad de leña. El tren arriba a la Estación del Parque Nacional, donde el viajero continúa su visita al Parque Nacional Tierra del Fuego. Allí realiza el trekking hasta el hito 24, que marca el límite con Chile.
Al día siguiente, parte temprano pasear en trineos tirados por hermosos perros Siberian Huskies, una actividad que sólo se realiza en los meses de invierno. Para ello se traslada a  Tierra Mayor. Durante el paseo atraviesa antiguos senderos entre bosques de lengas que lo conducen hacia el refugio del hachero, donde saborea un delicioso  chocolate caliente, antes de calzarse las raquetas de nieve para  la segunda parte de esta excitante aventura.  Por la tarde, el viajero recorre el antiguo presidio, hoy convertido en museo. ©

TXT: Grupo Editorial Metro FOTOS: María Lucía Trezza


MUSEO DEL PRESIDIO

A los reclusos del penal se les proporcionaba educación primaria, en caso de no tenerla, y una retribución por los trabajos realizados. Existían rudimentarios talleres de carpintería, herrería, imprenta, mecánica y zapatería. Otros reclusos cubrían las necesidades de la propia población del presidio. Los que se consideraban de buena conducta trabajaban en la tala de árboles para leña y, en los últimos años de su funcionamiento, en las obras públicas para la ciudad.
En 1947 la Presidencia de la Nación dispuso la clausura de la cárcel. Las instalaciones fueron transferidas al Ministerio de Marina y en 1950 se instaló la Base Naval. En abril de 1997 el edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional por el Congreso de la Nación.
La cárcel albergó varias clases de penados, desde criminales comunes reincidentes hasta los confinados por causas políticas. Entre los primeros, el más célebre fue Cayetano Santos Godino, apodado "El Petiso Orejudo", un joven psicópata que protagonizó los primeros asesinatos en serie de la Argentina.

 

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