ENTREVISTAS | CLAUDIA PIÑEIRO | #225 AGO 2017

Escribir por necesidad

En plena promoción de su última novela, "Las maldiciones", la escritora Claudia Piñeiro comparte su visión sobre la división que existe entre "la nueva y la vieja política",
repasa sus comienzos en el mundo de la literatura y asegura:
"Siempre estuvo presente en mí la necesidad de escribir".


La escritora Claudia Piñeiro recibe al equipo de Metro en la calidez de su hogar. Nos invita a pasar al living, un ambiente amplio iluminado por el sol de media mañana, y nos ofrece un café que ella misma prepara.

-¿Cómo fueron sus primeros pasos en la literatura?
-Yo escribo desde que sé escribir. Siempre estuvo presente en mí la necesidad de escribir. Hay escritores que dicen que empezaron a escribir a partir de determinado texto que los marcó, pero yo siento que escribí desde siempre y que lo que tuve que hacer fue buscar un montón de lecturas, porque nadie puede ser un buen escritor si no leyó muchísimo. Esa necesidad de expresarme a través de la palabras escrita me llevó a leer mucho, pero la necesidad era anterior. Por eso digo que la escritura, para muchos de nosotros, es ontológica, es parte del ser y no seríamos la misma persona si no escribiéramos. Escribo desde que sé escribir, pero en mi familia no había ni artistas, ni escritores, ni nada que se le parezca. Entonces, no estaba dentro de mi cosmovisión la posibilidad de ser escritora. Yo tenía que estudiar una carrera en la universidad que me permitiera trabajar y tener una vida mejor. No pensaba que la escritura pudiera hacer eso.

-¿A qué se dedicaban sus padres?
-Los dos habían empezado a estudiar ciencias económicas y dejaron. Mi papá trabajó mucho tiempo en un banco y después como corredor de comercio. Mi mamá trabajó antes de tenernos a nosotros y después fue ama de casa.

-Usted también decidió inclinarse por las ciencias económicas.
-Yo quería estudiar sociología, pero ese año la dictadura militar cerró todas las carreras humanísticas. Así que, como yo quería estudiar en la Universidad de Buenos Aires (UBA), tuve que elegir entre lo que quedaba. Me recibí de contadora con el mejor promedio de la Universidad y trabajé en distintos lugares, hasta que un día pude hacer un cambio de un trabajo a otro.

-¿Cómo se dio ese cambio?
-Trabajaba muchas horas por día y me daba cuenta de que dedicaba la mayor parte del tiempo a un trabajo que no me satisfacía. Entonces, en un momento que estaba yendo a hacer una auditoría a San Pablo, Brasil, vi un artículo de un diario económico que decía: "Editorial Tusquets. Concurso de novela". Y volví, me pedí licencia, escribí esa novela (El secreto de las rubias), quedé entre los diez finalistas y, si bien no gané el concurso, eso me dio esperanza. Ahí fue cuando empecé a estudiar guión de televisión para poder trabajar de algo más cercano a las escritura. Con todo eso iba armando algo que me permitía vivir y, además, me satisfacía.

-Fue un paso de un mundo a otro, ¿cómo lo vivió?
-Cambió toda mi vida en muchos aspectos. A partir de que empecé a escribir, me casé y tuve tres hijos. Entonces, la vida era distinta. La vida anterior era la de una persona profesional, abocada al trabajo. La etapa de la escritura coincidió con mi etapa más familiar, con más tiempo para dedicarme a la escritura, los hijos y los afectos.

-¿Cómo es el ejercicio del oficio de escritor?
-Cuando mis hijos eran chicos, tenía mucha rutina horaria. En general, trabajaba mientras ellos estaban en el colegio, porque era el tiempo que tenía para mí. Después, cuando ellos se hicieron más grandes e ingresaron a la facultad, ese horario tan acotado se amplificó. Hoy, tengo mucho más tiempo. Me desordené. Pero cuando estoy escribiendo una novela soy muy de estar todo el tiempo escribiendo o corrigiendo, incluso cuando me voy de viaje.

-¿Interviene en las adaptaciones al cine de sus novelas?
-Leo los guiones y me reúno con los directores, pero no intervengo para nada en las películas. Me parece que es otro hecho artístico. Incluso en el contrato no tenés derecho a intervenir.

-Su última novela, "Las maldiciones", aborda directamente el tema de la política, a diferencia de las anteriores.
-En esta novela la política aparece en primer plano. Yo creo que somos seres políticos y que si a un escritor no le interesa la política, esa postura también es política. En "Las maldiciones" hay un clima de añoranza a una política que se hacía, que ya no se hace y a lo mejor no se hará nunca más. Es algo que no tiene que ver sólo con la Argentina, sino que lo vemos a nivel mundial. La nueva política está marcada por el marketing, que plantea que a la gente hay que decirle todo masticado y no darle mayores explicaciones.

–En ese mundo marcado por la nueva política, el personaje de Adolfo rescata valores de la vieja política.
–Adolfo es un radical que admira lo que Raúl Alfonsín representa, es decir, cierta ética de la política que se perdió. Alfonsín, Cafiero y unos pocos más tenían un código de caballeros dentro de la política, y eso es lo que el personaje de Adolfo quiere rescatar.

-¿Siempre le interesó la política?
-Mi papá era comunista y en la época de la dictadura no militaba, sino que se quedaba tomando mate en calzoncillos. Por eso escribí la novela "Un comunista en calzoncillos". Él sabía mucho de política y hablaba todo el tiempo de eso. En mi casa se hablaba mucho de política y por eso me interesa.

-¿Cómo surgió la idea de incluir la maldición de Alsina?
-Trabajo siempre a partir de una imagen disparadora y, en este caso, fue la escena en la playa, donde Fernando Rovira, un emprendedor inmobiliario de la zona norte del Gran Buenos Aires que armó un partido vecinal llamado Pragma, le revela al joven Román Sabaté por qué lo tomaron y el sacrificio que tiene que hacer para el partido. Entonces, tiene que decidir si acepta hacer algo que está en el límite de lo perverso. A partir de eso, empecé a pensar cuál sería el proyecto de ley que Rovira tendría en la cabeza para ser gobernador y, luego, presidente. "La maldición de Alsina", también llamada la "maldición de los gobernadores", tiene que ver con una bruja, "la Tolosana", que durante la fundación de La Plata hizo un embrujo para que ningún gobernador fuera presidente. Entonces, dio vueltas alrededor de la piedra fundacional y la meó para condenar a todos los gobernadores de la provincia a que no sean presidentes. Lo que sabemos es que Rovira se postula para gobernador y que no quiere que le toque La Plata para que la maldición no le juge en contra.

-¿Qué planes tiene para lo que resta del año?
-Continuar con la gira de presentación del libro. Además, a fin de año se estrenará "Las grietas de Jara", dirigida por Nicolás Gil Lavedra, que cuenta con la actuación de Oscar Martínez, Joaquín Furriel y Soledad Villamil. También estoy trabajando en un guión para una película que tendrá como protagonista a Alfonsín, por pedido de su nieto y cineasta, Ricardo. ©


TXT & Fotos: Grupo Editorial Metro

 


Las Maldiciones

"Alguien puede llegar a la política por muchos motivos. Unos más legítimos, otros menos. También por error, por desidia. O por no saber decir que no."
Román Sabaté entra al mundo de la política casi por casualidad, pero es allí donde se sella su destino. La permanente tensión entre la necesidad de trabajo de un joven de provincia y las ocultas intenciones del político que lo ha elegido como secretario privado es lo que mueve los hilos de esta novela: dos hombres en conflicto en una historia en la que hasta la paternidad está en juego. Magia, doble discurso o crimen, todo vale. Las maldiciones desnuda la verdad de la llamada "nueva política", basada en un pragmatismo absoluto que esconde la inescrupulosidad del engaño y la ambición sin límites.