POSTALES | EL PLANETARIO | #229 DIC 2017

De otro planeta

Tras la puesta en valor con motivo de su 50° Aniversario, el Planetario Galileo Galilei reabrió sus puertas a fines de octubre con una propuesta que incluye realidad aumentada, pantallas interactivas, experiencias robóticas y simuladores.

Tres, dos, uno. El conteo finaliza y la nave espacial despega. Se produce una sacudida que atraviesa el cuerpo. La Ciudad de Buenos Aires queda atrás hasta el punto en que se vuelve imposible distinguirla. Nos adentramos en el espacio con destino a Marte para explorar la superficie del planeta rojo. La odisea espacial es única y forma parte de la nueva propuesta de realidad virtual del Planetario Galileo Galilei.
Aunque transcurrió mucho tiempo desde su inauguración, todavía hay quienes piensan que dentro del edificio ubicado en la Avenida Sarmiento y Roldán, en el Parque 3 de Febrero, hay un telescopio gigante para mirar las estrellas. En realidad, el gran atractivo del Planetario porteño radica en representar el cielo en su máximo esplendor, con su magia y enigmas, para despertar la curiosidad y los sentidos.

EL MILAGRO DE JENA

A comienzos de la década del treinta, numerosas personalidades e instituciones de Argentina se hicieron eco de lo que en Europa se denominó "El milagro de Jena": cuando en agosto de 1923 brilló el cielo artificial del primer instrumento planetario en el edificio de la empresa Carl Zeiss. En nuestro país, la Sociedad Científica, la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos (GAEA) y la Asociación Amigos de la Astronomía destacaron las ventajas que traería la instalación de un planetario para el desarrollo de la actividad cultural argentina.
En 1932 la Municipalidad de Buenos Aires designó una comisión integrada por Adolfo E. Holmberg, Carlos Della Paolera, Féliz Aguilar, Carlos E. Becker y Frank L. Soler, con el fin de estudiar el proyecto presentado por el primero, que consistía en dotar a la Ciudad de un acuario y de un planetario. La idea no llegó a concretarse.
Recién en 1958, por iniciativa del entonces secretario de Cultura de la Municipalidad, Dr. Aldo Armando Cocca, se designó una comisión asesora honoraria, integrada por Luis M. Igartúa, por la Sociedad Científica; Miguel Itzigson, por el Observatorio de La Plata; Walter A, Sonnhauser, por la Asociación Amigos de la Astronomía; José Luis Pena, por el Concejo Deliberante; y Teófilo M.Tabanera, por el Departamento Ejecutivo, para estudiar la adquisición y la futura ubicación de un planetario. El 17 de septiembre de 1959 ingresó al Concejo Deliberante el Proyecto de Ordenanza presentado por los concejales José Luis Pena, Roberto Etchepareborda y Armando P.U. Parodi. El 28 de diciembre de 1960 se aprobó el proyecto de resolución que autorizaba la adquisición de un planetario Zeiss modelo IV a la empresa Carl Zeiss de Oberkochen, Alemania.

ESTILO ARQUITECTÓNICO

El proyecto arquitectónico del Planetario Municipal estuvo a cargo del arquitecto Enrique Jan, miembro de la Dirección General de Arquitectura y Urbanismo de la Municipalidad. El predio destinado a la construcción del edificio era un solar con historia propia, donde función el primer campo de deportes del Buenos Aires Cricket Club, según recuerda un monolito colocado por la Comisión Nacional de Monumentos y Lugares Históricos.
El Planetario se estructuró en cinco niveles a partir de un módulo triángulo equilátero. "La elección arquitectónica de esta figura geométrica encierra un simbolismo que fue buscado expresamente. Es la superficie plana más perfecta que se puede realizar con un mínimo de lados iguales, encerrando en sí misma un principio simbólico de unidad primigenia", explicó Jan en 1969. A partir de esta idea básica, las partes y el todo quedaron regidos por ángulos de 60º y 120º, en vinculación con la semiesfera.
Una plataforma con baldosas, que cruzaba por sobre un espejo de agua de forma hexagonal de 43 m de diámetro, daba acceso al Planetario. De ese espejo de agua formado por una olla artificial surgen los volúmenes del edificio. Para Jan, ese puente era la comunicación de dos espacios diferentes: el propio del visitante (la ciudad terrestre) y el del que se visitaba (la bóveda celeste). De allí la importancia de atravesar un espejo de agua para ingresar a este espacio diferente que constituye el Planetario.
Una vez cruzado el ingreso, el universo cambiaba: regía el módulo triangular de 60 cm de lado, a partir del cual se continuaba en un módulo de grados angulares. Jan no sólo ordenó estructural, sino también conceptualmente el conjunto mediante el casquete, que "crea un límite expresivo debajo del cual rige el módulo triangular, y encima, todo se ordena por el módulo de grados angulares". Desde la planta de ingreso se accedía a la sala de exposiciones, ubicada en el primer piso, y a la de proyecciones, emplazada en el segundo, y a los dos subsuelos: el primero dedicado a biblioteca, administración y dirección, y el segundo a sala de máquinas y depósitos.
El primer piso, de planta triangular, contenía el museo y se relacionaba visualmente con el nivel de ingreso mediante un vacío –cilindro de cristal- por donde se proyectó la circulación de un ascensor hidráulico, rodeado por una escalera helicoidal que vinculaba a todos los pisos entre sí. Al mismo tiempo, el museo se conectaba con el anillo de exposiciones del segundo piso y con la planta baja mediante tres juegos de escaleras dobles para uso del público.
Con capacidad para 360 espectadores sentados en butacas reclinables, la sala de proyecciones, de planta circular y techo semiesférico, se rodeó por una galería acristalada para exposiciones, el famoso anillo de Saturno. Para cubrir la sala se creó una doble cúpula de bóveda cáscara de hormigón de 6 cm de espesor: la exterior, con 23 m de diámetro, y la interior, con 20 m, revestida en aluminio perforado para concentrar el sonido y pintada de blanco para que actuara como pantalla para las proyecciones. El tratamiento acústico de la sala se logró mediante la instalación de pantallas de acero colgadas en el espacio entre las dos cúpulas y la adhesión de un colchón de lana de vidrio a la cúpula exterior. La aislación se complementó con el revestimiento interior de las paredes de la sala en madera hasta los 3 m de altura.
La transparencia fue parte fundamental del proyecto de Jan: el primer piso con el museo; el anillo de exposiciones que rodea a la cúpula y permite abarcar la extensión del parque circundante desde una galería totalmente vidriada; y el cilindro contenedor del ascensor tendían a poder "apreciar la fuerza expresiva del casquete triangular abovedado". La carpintería que permitía este aspecto de "talla de cristal" debió fabricarse especialmente, dada la dificultad de la modulación que generaba ángulos de 120º, 60º y 6º. Para resolver estos encuentros se proyectaron perfiles especiales, de aluminio extruido con contravidrios fijados a presión –para reducir al mínimo los tornillos a la vista-.
Con una altura total de 24 m desde el nivel del terreno, esta pieza única de la arquitectura mundial tiene una superficie cubierta de 6.440 m2. En la ejecución de la obra, a cargo de la Compañía Argentina de Construcciones Civiles S.A., se emplearon 2.990 m3 de hormigón, con un peso de 198 toneladas.
Desde su concepción, el Planetario fue un edificio singular. La manera de apoyar la cúpula en el suelo mediante el casquete triangular no sólo fue una audacia estructural, sino también una innovación formal en la arquitectura. La continuidad entre interior y exterior de los planos de hormigón a la vista; la ausencia de dinteles en la línea de carpintería; y la perfilería delgada, que sigue las curvas del casquete triangular esférico y permite vistas largas e ininterrumpidas, ejemplifican las mejores características del pensamiento vanguardista de la época.

PLANETARIO GALILEO GALILEI

El 8 de octubre de 1963 el entonces intendente municipal, arquitecto Alberto Prebisch, decretó que el futuro Planetario en construcción se llamaría Galileo Galilei, en homenaje al matemático, físico y astrónomo italiano. Para reforzar esta decisión, se colocó un sobre relieve de mármol blanco con la efigie de Galileo en el sendero que conduce al edificio desde la Avenida Sarmiento.
Luego de cuatro años de obra, el Planetario fue Inaugurado el 20 de diciembre de 1966. El primero en encender las estrellas fue su director, el profesor de geografía y matemáticas Antonio Cornejo. La primera función se realizó el 13 de junio de 1967 para un grupo de estudiantes que contempló el cielo estrellado proyectado por el reluciente Planetario Zeiss modelo IV. Con sus 5 metros de altura y 2,5 toneladas de peso, el instrumento se imponía con su presencia en el centro de la sala. Era imposible no sorprenderse y detenerse a admirarlo.
Tras la inauguración, se sumaron otros elementos al entorno del edificio. El 1 de agosto de 1970 se instaló un reloj de sol, donado a la Municipalidad de Buenos Aires por el ingeniero japonés Tokutaro Yabash, frente a la rampa de acceso al Planetario. El 6 de mayo de 1973, en conmemoración del quinto centenario del nacimiento del astrónomo, matemático y filósofo polaco Nicolás Copérnico, la colectividad polaca en la Argentina inauguró un monumento, ubicado a la izquierda del acceso principal.
El meteorito metálico encontrado en Chaco en 1965 y la roca lunar traída a la Tierra por la misión Apolo XI y regalada al país por el Presidente norteamericano Richard Nixon se convirtieron en dos de los grandes tesoros del Planetario, que en 2006 fue declarado "bien de interés histórico artístico" por el Congreso de la Nación, a través de la Ley 26.203.
Con el fin de ofrecer una experiencia superadora, en 2011 el Planetario Zeiss se reemplazó por un Planetario modelo Megastar II A, de 32 lentes y lámparas LED, que muestra estrellas de hasta una 11° magnitud, 140 cúmulos, nebulosas y la Vía Láctea. Dos años después, se inauguró un espacio en el anillo del segundo piso para que los visitantes puedan ver el antiguo instrumento Zeiss restaurado para su exposición.

PUESTA EN VALOR

Con motivo del 50° Aniversario del Planetario, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires propuso hacer una puesta en valor de este ícono porteño. El proyecto comenzó a mediados de 2016 y se estructuró en tres ejes: interno, externo y tecnológico. El director General de Ciencia y Tecnología de la Subsecretaría de Innovación y Ciudad Inteligente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Javier Cuello, explicó que el Planetario tenía "un rol muy vinculado a la cultura y la formación, pero le faltaba más vinculación con la ciencia".
Con el foco puesto en la innovación, los trabajos incluyeron la restauración de la infraestructura, la actualización de los contenidos y la modernización de los servicios.
En términos de infraestructura, el valor patrimonial fue respetado por un equipo de restauradores especializado que realizó un reacondicionamiento de la fachada, tanto de la cúpula como de las patas del edificio. "Todo el proyecto lo trabajamos codo a codo con la Comisión de Museos, Lugares y Bienes Históricos. Ellos nos asesoraron en cada pieza y con cada restaurador, desde la limpieza de la piedra hasta el mobiliario de las oficinas", detalló Cuello en diálogo con Metro. El director General de Ciencia y Tecnología indicó que se trató de "un trabajo muy detallado" y agregó: "En toda la obra no se hizo un solo agujero con un tornillo. Todos los extractores nuevos cuentan con ventosas que se ajustan a la herrería original, porque quisimos respetar la idea estética y el espíritu del Planetario original".
Además, en el interior del edificio, declarado patrimonio histórico y cultural de la Ciudad, se sumó un nuevo tendido eléctrico, se restauró el mobiliario de los diferentes sectores y se incluyeron accesos y espacios para personas con movilidad reducida.
En cuanto a la faceta tecnológica, se realizó un convenio con la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), que fue la encargada de brindar asesoramiento sobre qué tecnología aplicar en cada espacio. En el domo se sumaron butacas con efectos especiales y la calidad de imagen se cuadruplicó hasta llegar a una resolución de 8K, convirtiéndolo en uno de los 25 planetarios en todo el mundo, de los 1148 que hay, y el primero en Latinoamérica con esa definición.
En el anillo de Saturno se colocaron pantallas LED que brindan información de lo que ocurre en la Ciudad, desde el clima hasta el estado del tránsito. A su vez, las pantallas funcionan en conjunto con un mapping en la cúpula, que proyecta distintos contenidos relacionados al universo. También se sumó una astro-galería con muestras fotográficas en grandes pantallas y en la Plaza Astronómica se instaló un "Selfie point" para sacarse fotos, jugar con astro filtros y lograr imágenes que se proyectarán en las pantallas del anillo.
Las obras en la cúpula se completaron con la instalación de 350 luces, nuevos reflectores LED de última generación y un Sistema de Telegestión, que permite monitorear y comandar a distancia los colores y efectos que se le quiera dar a la esfera. De esta forma, el Planetario se ilumina de diferentes colores en sintonía con el Obelisco, el Monumento de los Españoles, la Pirámide de Mayo, el Puente de la Mujer, la Floralis Genérica y la Torre Monumental.
En el primer piso, Galibot, el robot interactivo del Planetario, recibe a los visitantes y responde sus preguntas antes de que recorran el nuevo museo, que propone realizar una misión a Marte a través de la experiencia de realidad virtual Odisea Espacial 360º y un viaje vertiginoso en el espacio y en el tiempo con el simulador 4D. El museo también cuenta con juegos interactivos y de realidad aumentada, y una biblioteca científica con pantallas touch.
Los contenidos fueron realizados especialmente para el Planetario por la empresa Lumma, que trabajó con el astrónomo e investigadores de la institución. "Más allá de ser un edificio histórico y un lugar icónico para la Ciudad de Buenos Aires, el Planetario es el centro de divulgación científica por excelencia. Es el lugar ideal para fomentar y generar preguntas en los visitantes, por eso lo pensamos como un complemento a la educación formal", dijo Cuello.
Además, el nuevo Planetario cuenta con un sistema de venta de entradas online, que permite planificar y ahorrar tiempo a los visitantes. Asimismo, las boleterías clásicas se restauraron y se incorporaron tres pantallas de 47 pulgadas en cada una. Las visitas al museo duran una hora y tienen un cupo de 80 personas para disfrutar de las experiencias (duran 3 minutos cada una) sin hacer fila, mientras que la función dura 23 minutos y la sala cuenta con 256 butacas.
La renovación fue acompañada por un reacondicionamiento de la plaza y las inmediaciones del Planetario Galileo Galilei, para terminar de resaltar la experiencia exterior. Se amplió el hexágono de cemento que conforma la explanada de acceso, se restauraron y renovaron los senderos y caminos interiores del parque, donde también se instalaron luces de piso, nuevas luminarias, mobiliario urbano y señalética a lo largo de todo el predio.
Tras nueve meses de obras, la inauguración oficial del Planetario se realizó el 25 de octubre y el 31 de octubre de 2017 reabrió sus puertas al público. Realidad aumentada, pantallas interactivas, experiencias robóticas y simuladores ya forman parte de una propuesta que busca difundir el universo de un modo atractivo e interactivo. ©


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