INFORME | FIESTAS DE FIN DE AÑO | #229 DIC 2017

Las fiestas... ¿Noche de paz?

Lejos de su sentido religioso, la Navidad es socialmente vista como un momento de reunión, que debe vivirse con felicidad y sin conflictos, un ideal que no siempre se cumple. Cada vez son más las personas que, advertidas de esta situación, se las ingenian para salir de la rutina, de la tradición y de los mandatos familiares.

La Navidad es una celebración que trasciende su original sentido religioso, vinculado al nacimiento de Jesucristo, y se propone como un momento de encuentro. La presión cultural llevó a idealizar esta festividad como una reunión "en paz" y libre de conflictos, marcada por la felicidad. Sin embargo, esto no siempre sucede.

LA FELICIDAD COMO IDEAL

El psiquiatra y psicoanalista Juan Eduardo Tesone, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y de la Sociedad Psicoanalítica de París, afirma que "las festividades religiosas inherentes al cristianismo, en particular la Navidad, se fueron implantando en nuestra cultura como un momento de grupalidad festiva casi obligatoria, de manera independiente de la condición de creyente". La idealización de este momento, en el cual se supone que "las familias se reúnen en paz y sin conflictos, como si debiera alcanzarse una armonía perfecta, más próxima a la Sagrada Familia que a las familias reales, es algo que no se logrará, dado que los vínculos nunca son sin conflictos", señala Tesone.
Asimismo, el referente de APA sostiene que "el aspecto instituido de las fiestas es contrario a la festividad espontánea", lo cual a veces le confiere un "carácter imperativo". "Es elocuente los malabares que se deben hacer para reunirse, en particular en el caso de familias ensambladas, para que nadie se sienta excluido", explica el psicoanalista.
Tesone asegura que "la presión cultural del gran momento de felicidad que deberían ser las fiestas no deja de ser una forma de imperativo angustiante: '¡Tenés que ser feliz en Navidad!', como si un momento de felicidad, algo tan inmanente y subjetivo, pudiera alcanzarse de manera voluntarista en una fecha predeterminada". "La vida merece que uno tenga la disposición de festejar, no tanto de manera instituida sino de manera espontánea a lo largo del año", agrega.
Estas festividades son íconos relacionados con la infancia que dan cuenta del paso del tiempo y de la ausencia de seres queridos que no están más para festejar. "Señalan con agudeza la presencia de las ausencias que en otros momentos del año no suelen ser tan vívidas", remarca Tesone y agrega: "También afloran conflictos latentes que pueden, paradójicamente, revitalizarse ante expectativas desmesuradas".
Por otra parte, el referente de APA sostiene que las fiestas de fin de año, en particular el tránsito del año viejo al año nuevo, "suelen ser un momento de balance, de evaluación de aquello que se logró, pero también de frustración por lo que no pudo lograrse en el curso del año". "Así surgen proyectos de cambio y propósitos loables, como si el fin del año marcara en la persona un momento bisagra en sus deseos", explica el psicoanalista, para quien "los proyectos y deseos están pautados por tiempos internos y no por fechas de calendario".
Aquellas personas que se encuentran solas, sea por el motivo que fuere, y no viven su soledad de manera serena pueden experimentar un "sentimiento de exclusión de las festividades colectivas y, por ende, de la vida en sociedad, incrementando su vivencia de soledad angustiante". Tesone afirma que este sentimiento también se da en los niños en situaciones precarias de vida, pues se trata de un momento en el cual "las carencias, ya sean afectivas, económicas o ambas, se ponen en relieve. En ese caso, puede ser una magnífica oportunidad de festejar el encuentro solidario, puede ser un momento de generosa empatía para con el otro que quisiera festejar y no tiene con quién".

SALIR DE LA RUTINA

A las ilusiones no cumplidas también se suma el hiperconsumo en general y el estrés que gira en torno a esta celebración, en contraste con el espíritu solidario. Cada vez son más las personas que reconocen la idealización que gira en torno al "espíritu de las fiestas" y se las ingenian para salir de la rutina, de la tradición y de los mandatos familiares para evitar el tedio, la tensión y las obligaciones, con el objetivo de tener un cierre de año menos contracturado.
En el marco de los festejos tradicionales, la psicóloga Adriana Guraieb, miembro de la APA y la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA), observa "propuestas más versátiles y creativas", como variaciones en el menú, opciones gourmet y propuestas naturistas que hasta hace poco tiempo "era impensable incorporarlas".
Ante las tensiones familiares o la soledad, comer afuera es una opción que tiende a "neutralizar y evitar conflictos, pues se enmarca dentro de una situación que garantiza armonía y disminuye la responsabilidad de mantener un diálogo que interese al grupo", explica Guraieb. La "fiesta para dos" es una alternativa que implementan muchas parejas, que eligen "compartir esos momentos únicos en el año y brindar por ellos y su porvenir".
La referente de IPA señala que adelantar vacaciones o hacer un viaje corto es "una salida amable, no drástica, ni agresiva con la familia", donde se apela a "una distancia que le será funcional, sin dudas, a quien elija esa opción".
Si bien la fiesta con amigos ya es algo característico del año nuevo, se suman atractivos, como las fiestas de disfraces, que pueden ser "una opción divertida para grandes y chicos", apunta Guraieb.
"Y por supuesto, está la elección de recibir la fiesta en soledad, de hacer un brindis por la propia vida y tal vez por haberse liberado de ciertos costos pesados soportados por años, pagando precios emocionales muy altos por la ilusión de que estar con gente es sinónimo de estar acompañado, lo cual no siempre es así", remarca la psicóloga de la APA. Guraieb sostiene que las fiestas "son una celebración para algunos y un pesar para muchos", por lo que le da la bienvenida a "las nuevas tendencias para aligerar un poco la presión de fin de año".

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POR EL MUNDO


Los países y culturas que celebran el Año Nuevo en otra fecha
En la mayor parte del mundo se festeja la llegada del año nuevo, aunque no para todos es igual,
ya que algunas culturas, como las del pueblo judío, los kurdos, el Islam y países como Etiopía y China, se rigen por su propio calendario para la celebración.

La celebración de Año Nuevo en Etiopía, el "Enkutatash" -significa "regalo de joyas" y, según una de las muchas versiones de esta festividad, se refiere a la bíblica reina de Saba-, es el 11 de febrero, salvo en los años bisiestos. El país africano se rige por el calendario copto, de trece meses, los doce primeros de 30 días y el decimotercero de cinco o seis días.

El Año Nuevo chino se recibe con fuegos artificiales y bailes de dragones y leones. La festividad es la más importante de China y se celebra en familia. Millones de personas vuelven a sus poblaciones de origen para pasar esos días y por la noche se abren todas las ventanas y puertas para que la suerte entre en las casas, mientras las luces permanecen encendidas para mostrar el camino a la buena suerte y ahuyentar a los malos espíritus. China se rige por el calendario lunar, por lo que el Año Nuevo se celebra siempre en una fecha diferente.

Por otra parte, los judíos celebran la llegada de un nuevo año con "Rosh Hashaná" en los dos primeros días del mes Tishrei del calendario judío. El 20 de septiembre de este año la comunidad judía celebró el comienzo del año 5778 del calendario hebreo. El nuevo año judío tiene cuatro acepciones: "Rosh Hashaná", que refiere al día de la creación; "Iom Ha Din", que se basa en la idea teológica de que mujeres y varones son juzgados por sus acciones; "Iom Ha Zikarón", que remite al recuerdo del propio ser, y "Iom Truá", que alude al despertar de la apatía para asumir las propias elecciones.

El Islam también celebra de un modo diferente. En año nuevo el pueblo recuerda la peregrinación del profeta Mahoma de la Meca a Medina en el año 662 D.C., momento en el cual comienza a contarse el tiempo. Los musulmanes festejan la llegada del año con instrumentos de viento tradicionales y la comida que se sirve tiene un significado particular: las bayas, manzanas, vinagre, ajo o dulces simbolizan la suerte, la salud y el bienestar. En 2017 el Año Nuevo islámico comenzó el 21 de septiembre.

El "Nowruz" es el año nuevo del calendario persa. Para los kurdos y otros pueblos de Oriente Medio y Oriente Próximo la fiesta, que se celebra el 21 de marzo, marca el primer día de la primavera y la renovación de la naturaleza. La celebración promueve los valores de la paz y la solidaridad entre generaciones y dentro de las familias, así como la reconciliación y la buena vecindad, lo que contribuye a la diversidad cultural y la amistad entre los pueblos y las diferentes comunidades. ©


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SUGERENCIAS PARA LAS FIESTAS

- No vivir las fiestas como un momento
obligado de reunión sino como una
ocasión más de encuentro grupal,
pero sin expectativas desmesuradas en
cuanto a la "perfección" de dicho momento.

- Me parece que lo importante en las fiestas es vivirlas serenamente, dándoles un contenido simbólico que permita lograr a la vez substancia y sentido.

- No esperar el fin de año para hacer balances de vida, sino ir haciéndolos en el curso del año, según sus propios deseos y no en función de mandatos externos que nos alienan.

- Tener en cuenta que las festividades suelen revelar estados de ánimo latentes, ya sea de tristeza o de alegría, una manera de tomar consciencia de un estado de ánimo que en otros momentos del año puede pasar desapercibido.

- Compartir las festividades de manera solidaria con aquellos que puedan estar solos o carentes enaltece a todos los protagonistas.

- Y si no se logró una fiesta "perfecta" y usted no fue "totalmente feliz" es porque usted es un ser humano que no logrará nunca la perfección, algo que, si se logra aceptar, es digno de ser festejado.

Juan Eduardo Tesone
Miembro titular de la Asociación
Psicoanalítica Argentina y de la
Sociedad Psicoanalítica de París.