DIARIO DE VIAJE | METEORA | #219 FEB 2017

Colgados del cable

Declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, los Monasterios de Meteora son uno de los grandes atractivos de Grecia. El viajero llega a la región para intentar descubrir el secreto de las magníficas construcciones, que parecen estar colgadas de las montañas.

Ubicada en el corazón de Grecia, la ciudad de Kalambaka es la puerta de entrada a uno de los sitios más bellos y extraños del mundo: Meteora, donde gigantescos pilares de arenisca emergen del suelo para alcanzar alturas prácticamente inaccesibles. A partir del siglo XI, los monjes anacoretas comenzaron a asentarse en estas "columnas del cielo". Primero se instalaron en cuevas y vivían como ermitaños en las montañas.
En 1344 Athanasios Koinovitis, miembro del monasterio del Monte Athos, fue expulsado y emprendió un viaje que lo llevó a descubrir las grandes pilastras de Meteora. Junto con un grupo de seguidores, fundó el Monasterio de Meteoron, cuyo único acceso era una escalera que sus habitantes podían retirar cuando no querían ser molestados. De este modo, podían vivir completamente aislados del mundo y más cerca de dios, pues el recinto se encuentra ubicado a unos 600 metros de altura.
El renacimiento del ideal eremítico en el siglo XV generó como consecuencia la edificación de veinticuatro monasterios, pese a las increíbles dificultades que demandó su construcción. Cada uno tenía bellas pinturas bizantinas y reliquias religiosas. Lo que demostraba la prosperidad que gozaba en esos años.
Agrupados al borde del abismo, los cenobios fueron erigidos de forma casi inverosímil, en la cima de imponentes rocas, subiendo los materiales a pie o en cestas con poleas. Declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988, los Monasterios de Meteora fueron construidos como un modo de protegerse de ataques y asedios de los turcos. Su emplazamiento también permitió preservar tradiciones religiosas griegas, protegiendo un reducto de la cultura helénica durante siglos.
El viajero parte de Kalambaka hacia los monasterios de Meteora, los cuales parecen literalmente suspendidos en el cielo, para vivir una experiencia mística, producto del conmovedor paisaje y el encanto del interior de los conventos, donde aguardan bellísimas pinturas al fresco e iconos originales trabajados por los propios monjes. El trayecto es a través de una empinada ruta curvilínea, la cual ofrece imágenes de ensueño. Mientras asciende, el viajero observa cómo los aficionados a la escalada trepan por estas gigantescas rocas verticales, desafiando a la gravedad.
Durante la Segunda Guerra Mundial los ejércitos del Eje llevaron a cabo toda una campaña en África y Grecia. Los soldados griegos buscaron refugio en los monasterios y, como consecuencia, varios de los monasterios fueron destruidos y sus tesoros perdidos o robados. El pueblo de Kalambaka, el más cercano a los monasterios, también fue atacado por los bombarderos y destruido parcialmente. A pesar de ello, tanto el pueblo como los monasterios fueron reconstruidos.
En la actualidad, de la veintena de monasterios sólo quedan seis, uno de los cuales es habitado sólo por monjas. A la entrada de las construcciones, un cartel exige que los visitantes lleven ropa que les cubra lo máximo posible y prohíbe el ingreso con pantalones en el caso de las mujeres.
Luego de visitar dos de los monasterios más famosos, el viajero continúa su camino rumbo a Atenas. En su paso por Termópilas se detiene a contemplar la estatua del Rey Espartano Leónidas I y sus 300 hombres. ©

 




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A unos cuatro kilómetros de Meteora, a los pies del Monte Koziakas, se encuentra la famosa Cueva de Teopetra, ubicada en el extremo oeste del valle. Su entrada tiene forma de arco y su interior no mide más de 500 metros cuadrados, pero es muy importante desde el punto de vista de la antropología, ya que en su interior se encontraron restos humanos que tienen entre 130 y 140 mil años.
Junto a la puerta de entrada de la cueva se encuentra la pared más antigua del mundo, que data de hace unos 23 mil años, por lo que se estima que fue construida durante la última glaciación con el fin de resguardar a los humanos del crudo frío.
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