SALUD | AYUDA | #224 JUL 2017

Brindar calor. El frío como problema y oportunidad

La llegada de las bajas temperaturas afecta a quienes menos tienen pero también propicia la solidaridad. Hoy abordaremos los distintos modos de colaborar con aquellos que se encuentran en situación de riesgo.


Textos Lic. Marian Renoulin . mrenoulin@yahoo.com.ar


Para las familias que tienen recursos suficientes, el frío es propio de una estación del año que implica modificar algunas rutinas, como tener a mano ropa de abrigo, cuidarse de estar al aire libre si no se está bien abrigado, reforzar la ingesta de alimentos más calóricos, disfrutar menos tiempo del aire libre y buscar protección en las viviendas calefaccionadas, movilizarse más en vehículos cerrados y protegidos del frío,entre otras. Llegado el caso, algunas familias van a la nieve a pasar sus vacaciones o viajan a lugares tropicales escapando del frío.
Tambien hay que hacer frente a múltiples posibles enfermedades propiciadas por las bajas temperaturas, principalmente de las vías respiratorias (desde resfríos, gripe, faringitis o laringitis, pasando por bronquiolitis, hasta neumonía de mayor cuidado y gravedad). Resolver estas situaciones conlleva la supervisión de un adulto, la consulta a un médico y la utilización de medicamentos que se suman al reposo que se vuelve necesario. Estas experiencias son frecuentes y conocidas, muchas veces inevitables dado el contagio al que estamos expuestos sin saberlo.
Hasta aquí quedan planteados algunos de los problemas. Pero, ¿de qué se trata la oportunidad?
Es una posibilidad que tenemos siempre, pero quizás con el frío se vuelve más evidente: ser solidarios y, en la medida que podamos, colaborar para reducir en algo las dificultades de los que necesitan ayuda. Existen múltiples maneras de hacerlo, ya sea de forma directa y espontanea o más sofisticada.
Directa, si conocemos a alguien al que le falta puntualmente algún elemento para protegerse del frío, como ropa de abrigo, medicación y hasta alimentos. Seguro disponemos de alguna de esas cosas para aliviar esa situación. En general, solemos hacer acopio o tener reservas de ropa que no usamos (frazadas de mas, camperas, gorros y bufandas), remedios (desde analgésicos hasta antibióticos) y comida, sin olvidar un libro de cuentos o un juguete cuando se tratara de niños obligados a estar en cama por reposo.
Podemos compartir eso que es nuestro pero no necesario, que esta en buen estado pero no usamos frecuentemente y que soluciona la crisis del que se encuentra necesitando esa ayuda.
De manera indirecta, pero no menos efectiva, se puede colaborar de alguna forma con aquellos que ayudan organizadamente: pedir información y llegar a centros que se ocupan solidariamente de distintas necesidades. Hablamos de agrupaciones comunitarias que ofrecen comida, abrigo y otras soluciones para aquellos que por distintas razones necesitan la red social, es decir, comedores comunitarios, clubes, sociedades de fomento, parroquias y tantas otras. Nuestra colaboración puede ser múltiple, desde abrigo, alimento, dinero o tiempo nuestro en alguna tarea, según el caso (desde ayudar a cocinar en un comedor, como maestro para hacer apoyo escolar, hasta seleccionar y reparar abrigos para luego hacérselo llegar a quien va a utilizarlo).
No se trata de pretender resolver de forma completa las dificultades, sino de sumar una colaboración posible y real. Siempre es posible contribuir y respaldar a otros en la tarea comunitaria.
Es evidente el bienestar que genera en el que presenta una situación conflictiva, el hecho de poder recibir ayuda. Cualquier red solidaria, además de algunas soluciones, genera la circulación de confianza y esperanza. Pensando en el que colabora y participa de actos solidarios, podemos decir que tiene la gran oportunidad de ampliar su percepción de la realidad, dejar de lado (por un rato) sus propias preocupaciones y nutrirse positivamente con actos que generan un beneficio directo y concreto a otro que vive una necesidad. Su realidad psíquica tiene la posibilidad de ampliarse con el ejemplo de otros que, aún ante la adversidad, insisten en buscar una mejoría, en seguir adelante. Esto puede resultar siempre fuente de aprendizaje y reflexión.
También es muy bueno motivar a los que nos rodean en el ejercicio de la colaboración y la consideración, pensar en otros y no siempre en nosotros mismos y nuestro mundo, algo que suele tender al aislamiento y el vaciamiento de la diversidad propia de la realidad social.
Ocupémonos de brindar algo de calor, ya sea en la forma de un abrigo de lana o en la calidez y luz que aporta un gesto de cuidado y afecto solidario. En este ejercicio psíquico y emocional, estaremos contribuyendo también a construir en nosotros un ser más coherente y sensible con una realidad más amplia y genuina.
No nos olvidemos: siempre se puede. ©


Textos Lic. Marian Renoulin . mrenoulin@yahoo.com.ar