ARQUITECTURA INTERNACIONAL | SANT FRANCESC| #223 JUN 2017

Santa reforma

Tras su remodelación, la iglesia del convento de Sant Francesc de Santpedor, en España, se convirtió en un espacio cultural polivalente.

El conjunto del convento de Sant Francesc, ubicado en Santpedor, España, fue construido en el siglo XVIII por un grupo de padres franciscanos. Las obras se llevaron a cabo entre 1721 y 1729. El complejo tuvo un uso conventual hasta 1835. Tras años de abandono, el convento se derribó en el 2000, debido a la falta de mantenimiento y cuidado. Sólo se mantuvieron en pie la iglesia y parte del muro perimetral del convento.
En 2003 surgió la idea de restaurar la iglesia -de cualidad constructiva muy modesta-, la cual formaba parte indestriable del conjunto del convento. El proyecto elegido para poner en valor el antiguo templo fue el del arquitecto David Closes. Originalmente, la iglesia sólo tenía dos fachadas pero con el derribo del convento pasó a tener cuatro. "Cabe destacar que la construcción presentaba las cubiertas hundidas, el coro desparecido y las bóvedas de la nave y de las capillas parcialmente caídas y con una capacidad portante nula. Desde el exterior sólo presentaba el interés de mantener el perfil histórico del pueblo", detalló Closes. A pesar del "estado ruinoso", el interior de la iglesia presentaba "proporciones y cualidades especialmente interesantes". Los hundimientos de cubierta habían posibilitado el paso de luz natural al interior del recinto, confiriéndole un halo majestuoso.
El planteo principal del proyecto de intervención fue no alterar las dimensiones y la cualidad espacial de la nave de la iglesia. Al mismo tiempo, el proyecto buscaba mantener las importantes entradas de luz natural producidas por los hundimientos en los distintos puntos. La recuperación del edificio se desarrolló a través de la aplicación de un criterio de diferenciación entre los nuevos elementos construidos, con sistemas y lenguajes contemporáneos, de los elementos originarios y históricos de la iglesia. De ese modo, ambos estilos conviven para crear un espacio sin parangón. La decisión de preservar todos los aspectos del pasado del edificio llevó a dejar a la vista vestigios, heridas y cicatrices del derrumbe y el paso del tiempo.
La restauración también debió contemplar el modo en que la construcción de volúmenes para nuevos usos y requerimientos que nunca había alojado la iglesia, como escaleras para subir a las plantas altas, lavabos y salas de instalaciones, no alterara la la unidad y las dimensiones de la nave. Para preservar la amplitud y la unidad del interior, estos volúmenes fueron ubicados, en parte, en el exterior del edificio. El conjunto de escaleras y rampas construidas, no sólo aseguran el acceso a las plantas altas de la construcción, sino que también definen un recorrido circular por el conjunto del edificio, como si se tratase de un recorrido musealizado. Este recorrido circular permite visitar de forma completa el conjunto de la iglesia, mientras se aprecian sus valores desde puntos de vista singulares y diversos.
La intervención tenía por objetivo convertir el edificio en un equipamiento cultural. Las dos fases ejecutadas permitieron poner en uso la edificación como auditorio y espacio cultural polivalente. Está previsto que, en una tercera fase, las plantas altas de la capilla del lado sur pasen a tener un uso de archivo histórico. La intervención permitió preservar el legado histórico del edificio y añadir nuevos valores que lo realzan de forma contemporánea, sin borrar el proceso de deterioro y el hundimiento sufrido. ©




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