SALUD | ARTES | #223 JUN 2017

Actividades artísticas
Una gran oportunidad creativa y de crecimiento

Consideraremos las virtudes de las actividades creativas y artísticas para tenerlas en cuenta,
en el caso de necesitar poner nuestra atención en una tarea estimulante de la propia inspiración.


Textos Lic. Marian Renoulin . mrenoulin@yahoo.com.ar

Las tareas o actividades artísticas pueden ser muy diversas: cerámica, dibujo, pintura, mosaiquismo, tejido, telar, tallado en madera, escultura, grafiti, carpintería, ebanistería, teatro, expresión corporal, canto, aprender el uso de un instrumento musical, taller de poesía, entre otras. Tanto para niños como para adultos, ofrecen una gran oportunidad de ocupar el tiempo productivamente en el aspecto psíquico y desplegar recursos subjetivos muy gratificantes.
Toda actividad artística permite expresar aspectos de la personalidad de quien la realiza, por lo que es siempre una oportunidad de que emerja lo más auténtico y esencial de nosotros mismos; lo que, en general, suele ser satisfactorio, dada su originalidad; y, también, muchas veces esclarecedor (si expresan impulsos y pasiones desconocidas hasta ahora por su creador), por lo que debemos valorar su riqueza liberadora. Por ejemplo, una joven asume su estado de tristeza y enojo cuando, en las clases de pintura a las que concurre, repite dibujos con colores oscuros, rostros trágicos y muy sombríos. Se le hace evidente su propia y constante angustia, por lo que decide iniciar psicoterapia para destrabar su malestar.

Entre las virtudes de estas tareas se encuentran:
 
- Siempre que se trate de una actividad recreativa y artística que se realice en grupo, es una oportunidad de integrar un grupo nuevo, donde se puede compartir, aprender de pares y socializar. Siempre que esté bien guiado, podemos enriquecer y enriquecernos en el intercambio con los otros que también cumplen un proceso creativo. La tarea  funciona aquí como excusa para un nuevo lazo social.

- Poder realizar un acto creativo nos devuelve una idea grata de nuestra persona, nutre nuestra autoestima y nuestro ser se identifica con aquel que genera aquello producido en la creación (ya sea un dibujo, una vasija, un telar, un grafiti, un baile, un personaje teatral, un poema o una canción).

- Aquello que producimos es un elemento comunicativo, tiene algo o mucho de nuestra subjetividad. Ese objeto es un puente comunicativo y, al mismo tiempo, es un objeto concreto, para dar, ver o regalar, que puede servir para adornar (una escultura, una pintura, un mosaico), abrigar (unas medias tejidas o una bufanda) o disfrutar (un baile, una poesía o una canción). Siempre es muy positivo sentirse útil.

- Se trata de una circunstancia donde podemos aprender, en el quehacer creativo, un proceso con etapas sucesivas. Debemos tener la paciencia y el control necesario para respetar sus pasos, una espera que nos ayuda a controlar la ansiedad y a aceptar la frustración de aquella tarea que se realiza con deseo. La organización externa de la propia tarea  se internaliza y favorece la organización intrapsíquica.

- Siempre que los profesores o guías en las tareas  sean capaces, se  estimula la creatividad de cada uno, con las fortalezas personales. También es un ejercicio que permite pensar y aprender a tolerar la frustración que puede surgir en la diferencia entre lo ideado y lo concretamente alcanzado en la realidad.

Para que el proceso creativo genere un resultado, es necesario dejar fluir nuestra inspiración, conectarnos con nuestro gusto  pero, a la vez, es necesario seguir y aceptar algunas normas y limites, que van desde el tiempo y espacio de reunión, hasta cumplir con los materiales propuestos y los códigos o estrategias comunicacionales propias de cada especialidad. Aceptar estos límites es un ejercicio que para muchos resulta muy productivo, pues favorece la aceptación de reglas y ayuda manejar el control de impulsos.   
Por ejemplo, un niño de 5 años, muy inquieto y disperso, mejoró notablemente su concentración, al seguir técnicas que le permitían hacer figuras con arcilla y, luego, pintándolas con los colores elegidos por él, respetando cada parte y prestando atención a la mezcla y manipulación de los colores. Durante estas clases de cerámica, el niño modificó su actitud corporal, ya no laxo y "desparramado", sino controlado y focalizado en la actividad creativa que quería lograr. También estaba muy orgulloso del objeto que había fabricado: un lapicero de arcilla, pintado con los colores de su equipo favorito de fútbol y que era un regalo para su abuelo. Conclusión: un objeto para dar, único y representativo del niño y de su esfuerzo personal, que le permitió aprender a manipular elementos concretos y que expresa su espíritu generoso y su amor a su abuelo.
Por todo este bienestar que nos espera: ¡Cuerpo, mente y espíritu a la obra! ©     




Textos Lic. Marian Renoulin . mrenoulin@yahoo.com.ar