DIARIO DE VIAJE | DUBROVNIK | #223 JUN 2017

Paraiso en la tierra

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979, la ciudad de Dubrovnik es uno de los principales destinos de Croacia. Su bella muralla, sus magníficas construcciones y sus playas de ensueño la hacen dueña de un encanto particular.

Conocida como la "Perla del Adriático", Dubrovnik es la capital del condado Dubrovnik-Neretva. Ubicada a 495 kilómetros de la capital de Croacia, Zagreb, es reconocida mundialmente por sus preciosas playas de piedra, su exquisita oferta cultural y la elegancia de sus edificios. La palabra Dubrovnik significa "Robledal", nombre que describe la cantidad de árboles de este tipo que existieron en la zona.
El primer contacto del viajero con la ciudad -declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979- es la gran muralla que la rodea, la cual alberga 16 torres que ofrecen vistas únicas del lugar. El viajero no pierde tiempo y accede a ella por la entrada situada en la zona norte, cerca de la iglesia de St. Spasa, que le ofrece un recorrido de hora y media. Desde allí, la perspectiva de Dubrovnik es única y especial. Las murallas datan del Siglo X, aunque fueron restauradas en el siglo XVII. En total, suman 1.940 metros, con una altura de 25 metros.
Tras observar la panorámica de la ciudad, el viajero está preparado para descender hacia la Puerta de Pile -erigida entre los siglos XIV y XV-, abierta en un bastión semicircular, que le permite acceder a una amplia rúa de piedra, la Placa, la cual lo conduce a la zona más aristocrática. En ese sitio gobernaba la República Ragusea, la élite más aristocrática que dominó la ciudad desde 1358 hasta la entrada de Napoleón, por lo que son comunes los palacios simétricos de estilo barroco. En la Plaza Luza se alzan algunos de los edificios emblemáticos de la ciudad, como el Palacio Sponza, notable por su columnata de su atrio y preciosas tallas de piedra; la iglesia de San Blas o Sveti Vlaho, construida entre 1706 y 1715, y diseñada por el arquitecto Gropelli en base al modelo la iglesia de San Mauricio de Venezia.
Otro de los monumentos importantes de Dubrovnik es el Palacio de los Rectores, sede del gobierno y del rector en los tiempos en que fue una república independiente, y la espectacular Catedral de Velika Gospa, construida en 1192. En el interior del templo destacan una imagen de la asunción del Vergine di Tiziano (1552) y un relicario en oro y plata de San Biaggio. Luego de pasar bajo los pórticos de los claustros de San Domingo y San Francisco, el viajero se dirige al Museo Ron Brown, donde diversas fotografías de guerras lo invitan a la reflexión.
Tras visitar la Fuente de Onofrio, construida en el siglo XV para conmemorar el término de los trabajos de construcciôn del nuevo acueducto que servía para dotar a la ciudad de agua desde la fuente de Riieka Dubrovacka, y probar el agua potable y fresca que sale por las bocas de las figuras esculpidas, es hora de hacer un alto en el camino. El viajero degusta la gastronomía de Dubrovnik. Al tratarse de una ciudad costera, los platos de influencia mediterránea son un clásico. El aceite de oliva y el buen vino en la mesa son dos ingredientes indispensables que acompañan cada plato.
Por la tarde, el viajero se da un baño en la playa Gradska Plaza, ubicada junto al Lazareto, detrás de la Puerta Ploce. Las playas en Dubrovnik se caracterizan ser de arena gruesa, ya que se trata de una zona es muy escarpada y rocosa.
Al día siguiente, el viajero visita el valle de Konavle, situado al sur de la ciudad. Allí disfruta de las tradiciones y costumbres de la zona. En el mercado le permite conocer de primera mano los productos artesanales de Croacia y deleitarse con el folclore en estado puro. Konavle es una puerta para descubrir las tradiciones de antaño aún vigentes y un puente hacia su próximo destino. ©




TXT: Grupo Editorial Metro I FOTOS: María Lucía Trezza

 

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