SOCIEDAD | FAMILIA | #220 MAR 2017
Ni una menos

Certezas y horrores

Textos: Lic. Josefina Picón piconjosefina@gmail.com

Una frase que convoca, que moviliza, que nos pone en situación de tener que presenciar una triste realidad. Sin embargo, con toda la fuerza que arrastra, pareciera que aún no cesan las muertes. ¿Cuál será la causa de esta horrenda realidad? ¿Será que la Justicia no actúa como debería? ¿Será que no existen Leyes suficientes como para que abarquen la temática, tendientes a resolverla? O, tristemente reiterado, cargamos las tintas sobre las mujeres que "no hacen lo que deberían", traducido como: abandonar sus parejas agresivas, no volviendo a confiar en ellos.
Como dije al principio, hay certezas pero infinitos horrores en esto. La Justicia actúa; yo diría que cada vez más y mejor. Pero, ¿es suficiente? No, por cierto que nunca es suficiente. ¿Leyes? Si, las hay. Una Nacional – 26.485 – y también se dictaron leyes provinciales, que se suman a los tratados y pactos internacionales ratificados por Argentina.
Los Juzgados de Paz y de Familia otorgan medidas cautelares que detienen el hostigamiento, dando una suerte de respiro a quienes padecen la violencia a diario. Y las Fiscalías abordando las causas, cuando además de la violencia, se cometen delitos, tipificados en el Código Penal como las lesiones, amenazas de muerte y tentativas de homicidio, entre otras. ¿Alcanza? Lo cierto es que no. Y la causa fundamental, a la cual pareciera que no pudiese arribar ningún tipo de soluciones, tiene que ver con una confluencia de variables que dan como resultado la violencia doméstica que, entre todas las violencias hacia las mujeres, es la más común y, también, la más visibilizada.
Muchas veces, cuando hablamos de inseguridad, nombramos a todas las modalidades que a diario vemos, no sólo por los medios masivos de comunicación, sino como testigos o víctimas. Una de las "preguntas del millón" sería: ¿De dónde salen tantos ladrones? Me atrevo a reformular la pregunta: ¿En qué familia se criaron? ¿Con qué modelos construyeron su subjetividad estas personas? No podemos pensar que si un niño, desde muy pequeño, sostiene una cotidianeidad en donde las comunicaciones se generan a partir de la violencia verbal, los gritos, las burlas, el desprecio, los insultos y los golpes, crezca desconociendo todo aquello que lo acerque a la ternura, la paciencia y, por sobre todo, las risas espontáneas e indispensables en la vida de todos los seres humanos.
Hay quienes contemplan desde el inicio de su vida que existe un "líder" al que habrá que obedecer ciegamente, ya que todo aquello que no le guste provocará su ira e infundirá el miedo al resto de la familia. Ese "líder" también resulta "modelo a seguir". Y ellos van imitan su modelo a medida que crecen, a lo que habrá de sumarle el vínculo, pues los niños no juzgan, sólo aman incondicionalmente. Y es ahí donde surgen las identificaciones. Si papá lo hace, yo también. Él es mi ídolo y lo amo sin cuestionamientos.
¿Y si además sumamos el miedo? Los hijos temen a la figura paterna, al punto que no osarán jamás desobedecer o contradecir a su progenitor. Y el miedo en la mujer la conduce a no poder operar, a no resolver, a no decidir romper el vínculo y alejarse de su victimario. ¿Y cuáles son las razones que arguyen? Las que su pareja le impone, desde la palabra: "Si te vas, destruís la familia y tus hijos nunca te lo van a perdonar"; "Si te vas, te saco a los chicos. Vos no trabajas, entonces me los van a dar a mí"; "Te voy a denunciar por abandono del hogar y vas a quedar presa". Éstas y otras frases hacen que la mujer siga soportando todo.
¿Hablar? ¿Cómo? Hablar, como si fuera tan fácil. Hablar, con la inmensa vergüenza que eso conlleva. Hablar de todo lo que ocurre, cuando todo el mundo nos ve como una familia feliz. ¿Hablar? Si nadie me va a creer. A él, en cambio, todos lo quieren y lo respetan. Él es un grande, en cambio yo… Yo no soy nadie, por eso no puedo hablar.
El peor ataque que la mujer sufre es el detrimento de su autoestima. Y esto surge de la reiteración de los episodios de maltrato verbal, a las que son sometidas. El golpe surge como culminación y para reforzar el poder del victimario, pero la violencia verbal es la que destruye, corroe peor que un ácido, anula la razón y captura a la víctima hasta alcanzar la condición de esclava emocional. Y a un esclavo se lo vulnera quitándole sus dos expresiones máximas de dignidad: la libertad y el deseo. Su condición de libre pareciera ser que no existe, ya que necesariamente "debe pedir permiso" para realizar cualquier cosa que quiera o necesite. Como consecuencia, aparece la obturación del deseo. El esclavo no puede necesitar nada, ni querer, ni disfrutar, ya que debe atender las necesidades y deseos del resto, postergándose "in eternum".
Y ahora le damos el paso a la cultura. Estas costumbres que colocaron a las mujeres en el rol de amas de casa, acarreando con todas las responsabilidades que le fueran otorgadas, por el sólo hecho de haber nacido mujer. La crianza, el orden, la limpieza y las comidas quedaron bajo su esfera. Si bien, así como el mundo cambia, las costumbres no quedan atrás, aún existen resabios de esa cultura patriarcal que las demanda y las subsume a ocuparse de todos, restándose su propio bienestar.
Y para ir dando la última vuelta, regreso al principio. Hablando siempre desde la generalidad, si una persona lleva consigo un monto de energía negativa, de ira y odio acumulados en un quantum tan significativo como para llevar a cabo un asalto o, peor, un homicidio, es difícil imaginar que tuvo un hogar en donde primaba la alegría, el respeto al otro y el afecto brindado con amor. De ahí que, en general, la inseguridad tiene origen en una familia con relaciones violentas. Hay datos que hablan por sí mismos. De cada 10 llamados al 911 por auxilio, 7 son por conflictos por violencia. En los Juzgados de Familia, Juzgados de Paz y Fiscalías, la cantidad de denuncias superan la posibilidad de brindar la atención necesaria y por esa razón las demoras. No obstante, se llegan a resolver las medidas cautelares, con todas las contradicciones que conllevan.
A la hora de hablar de violencia doméstica, vemos que las teorías no alcanzan, las estrategias no resultan suficientes y el tan trillado "NI UNA MENOS" se vuelve a postergar. El flagelo no pareciera tener fin. ¿La solución? Concientizar y no bajar los brazos, ya que cientos de miles de Mujeres reclaman y merecen una vida digna y en Paz. ©


Fotos: Web I Textos: Lic. Josefina Picón piconjosefina@gmail.com

 

 
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