DIARIO DE VIAJE | LIMA | #222 MAY 2017

Ciudad de Reyes

Fundada por Francisco Pizarro en 1535, Lima es una ciudad fascinante y un tesoro de la historia latinoamericana. El viajero llega para explorar los antiguos sitios arqueológicos incas, las magníficas catedrales y los opulentos palacios que datan de los tiempos de la colonia española.

Capital de Perú, Lima es conocida como la "Ciudad de los reyes", título —impuesto por su fundador, Francisco Pizarro— que la destacó como centro político y administrativo del Virreinato del Perú. Lima respeta su pasado y logra la armonía perfecta entre la tradición y la arquitectura contemporánea. Recorrer sus calles es admirar sus iglesias, sitios arqueológicos y casonas con balcones que conviven con modernos edificios. En 1991 su Centro Histórico fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad: sus monumentos artísticos debían ser protegidos.
El viajero llega a la capital de Perú, una ciudad con linaje, fundada el 18 de enero de 1535. Sus playas, bañadas por las aguas del Océano Pacífico, son perfectas para los surfistas, mientras que en sus malecones la suave brisa refresca paseos en bicicleta y caminatas.
Su recorrido comienza en la Plaza Mayor de Lima, también conocida como Plaza de las Armas, diseñada por Francisco Pizarro en 1536. En su perímetro se encuentra el Palacio de Gobierno, la Municipalidad Metropolitana de Lima, la Catedral, el Palacio Arzobispal, la Casa del Oidor y el edificio del Club de la Unión, mientras que en la parte central se alza una pileta de bronce del siglo XVII. Su primera parada es la Basílica Catedral, ubicada en el mismo lugar donde se encontraba la primera iglesia mayor de Lima.
El interior es austero, aunque alberga verdaderas joyas históricas, como la sillería del coro de Baltasar Noguera, diversos altares laterales y los restos de Francisco Pizarro. Desde allí se conduce al Museo de Arte Religioso, donde aprecia una importante colección de lienzos, esculturas, cálices y casullas.
Luego, visita el Palacio de Gobierno, construido sobre el terreno de Taulichusco. Residencia de Francisco Pizarro (1535), desde entonces fue el centro del poder político del Perú. Una vez dentro, el viajero recorre sus numerosos patios y salones dedicados a personajes insignes de la historia peruana, cuidadosamente decorados con piezas de arte. Cada día, a las 11:30, el Patio de Honor es escenario del cambio de guardia a cargo del Regimiento de Caballería, un espectáculo digno de apreciar.
Por la tarde, la Iglesia y Convento de San Francisco, uno de los complejos religiosos más extensos de Lima, le propone ahondar en el aspecto religioso de la comunidad peruana. Construido en la segunda mitad del siglo XVI, el complejo combina los estilos barroco, mudéjar y manierista en su fachada. El claustro posee notables detalles arquitectónicos: su cúpula mudéjar en la escalera principal, la sala capitular y la sala De profundis, que posee 12 cuadros de la escuela de Rubens que representan la Pasión de Cristo. Allí, el viajero recorre las catacumbas descubiertas en 1951.
Por último, se adentra en la Casa de la Gastronomía Peruana, que le ofrece un recorrido de 500 años de historia gastronómica y mestizaje de sabores. La cocina peruana, considerada como una de las más privilegiadas del mundo, heredó de la historia su ingenio, su mestizaje y su sabor. La variedad de sus platos nació a medida que el mestizaje crecía o mientras los migrantes llegaban al puerto del Callao. Del mestizaje resalta el inigualable anticucho de corazón, mientras que el tacu-tacu y la carapulcra tienen herencia africana. Las nutritivas pastas llegaron por migrantes italianos, cuyas adaptaciones dieron como resultado platos caseros como tallarines verdes o rojos. El ceviche, plato bandera peruano, nació por la fusión con la cocina nipona.
Al día siguiente, el viajero recorre la ciudad de Miraflores, cuya historia se remota desde los vestigios más antiguos encontrados en la zona arqueológica de la Huaca Pucllana, antiguo centro ceremonial de la Cultura Lima (200 a 700 d.C.), hasta la modernidad. En sus líneas arquitectónicas se une el encanto solariego de antiguas mansiones y quintas que hablan del esplendor de su pasado, con modernos centros comerciales, clubes y restaurantes. Desde sus malecones y miradores naturales, el viajero aprecia la majestuosidad e inmensidad del mar. ©




TXT: Grupo Editorial Metro I FOTOS: María Lucía Trezza

 

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