DIARIO DE VIAJE | RODAS | #228 NOV 2017

La séptima maravilla

El viajero llega a la famosa isla de Rodas, unas de las más bellas de toda Grecia, atraído por el recuerdo del Coloso erguido en honor al dios del Sol, Helíos. Allí descubre el encanto de un pueblo costero con miles de años de historia, donde las tradiciones se conservan intactas.

Capital del archipiélago del Dodecaneso y punto de encuentro entre el mar Mediterráneo y el Mar Egeo, Rodas es una de las más bellas islas griegas. Según la mitología, fue fruto de la pasión entre el dios del Sol, Helios, y la diosa marina Rodo, hija de Afrodita y Poseidón. En la antigüedad, la isla hospedó una de las siete maravillas del mundo: el Coloso de Rodas,una estatua de unos 40 metros de altura que representaba a Helios, cuya figura sostenía en la mano una gran antorcha que servía de faro y guía a los barco que buscaban en la oscuridad la entrada al puerto de Mandraki de Rodas. Hoy, del Coloso sólo queda el recuerdo. Según la leyenda, la estatua se derrumbó a causa de un terremoto y sus trozos fueron robados por unos piratas sarracenos en el siglo VII a lomos de 900 camellos. En su lugar, se alzan dos famosas columnas, desde las cuales dos ciervos vigilan la entrada del puerto de Mandraki.
En la actualidad, Rodas es el conjunto urbano medieval más extenso de Europa y perderse por sus laberínticos callejones es como retroceder en el tiempo. Los viejos molinos sobre el muelle y las murallas de la ciudad medieval le dan la bienvenida al viajero.
La isla, igual que las otras del archipiélago, cambió de manos a lo largo de la historia, pero fueron los Caballeros de la Orden de San Juan quienes dejaron una huella profunda y edificaron la ciudad amurallada que aún pervive. La restauración, llevada a cabo por los italianos que ocuparon las islas entre 1912 y 1948, le devolvió el antiguo esplendor, en especial a las señoriales construcciones del barrio de los Caballeros. Desde las murallas, el viajero evoca el asedio otomano de 1522, dirigido en persona por el sultán Solimán el Magnífico, que terminó con la expulsión honrosa de los monjes guerreros, que acabaron refugiándose en la isla de Malta.
La ciudad medieval de Rodas es sin duda uno de los atractivos turísticos más importantes de la isla.
En el interior de la muralla, el viajero explora la calle de los Caballeros, que lo conduce hasta el Palacio del Gran Maestre, el Hospital de los Caballeros -actual Museo Arqueológico de Rodas-, el bello puerto de Mandraki y las impresionantes ruinas de la Catedral del Burgo. Los numerosos recintos arqueológicos, yacimientos y ruinas que se encuentran en la isla son un recuerdo de su historia.
Pero Rodas no es sólo la ciudad. El viajero se adentra en el interior, tapizado por montes boscosos, y alcanzar la costa oriental para visitar Lindos, el pueblo blanco que se asienta en la falda de un promontorio que se adentra en el mar, sobre el que se erigen las ruinas del templo de Atenea Lindia. El casco antiguo de Lindos está conformado por un entramado de estrechas callejuelas llenas de tiendas, tabernas y casitas encaladas. Las "casas de los capitanes" presentan una arquitectura ecléctica, mezcla de estilo gótico y oriental.
Para llegar a la Acrópolis de Lindos el viajero sigue las empinadas callejuelas del pueblo hasta un estrecho sendero, donde encuentra unas largas escaleras de piedra. Poco a poco, asciende entre las altas murallas de piedra al interior de la fortaleza. ¡La experiencia es realmente magnífica! Desde aquí divisa las famosos playas de Lindos, situadas a los pies de la ciudadela.
La isla posee decenas de kilómetros de costa y playas de locura y ensueño para todos los gustos. Desde la señorial Rodas también es fácil desplazarse hacia otras islas vecinas para descubrir el encanto del archipiélago y las maravillosas costumbres de sus pueblos. ©



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