ENTREVISTAS | INES ESTEVEZ | #227 OCT 2017

Musa artística

A los 52 años, Inés Estévez atraviesa una de las etapas
más intensas de su vida. Tras el reciente estreno de la serie El Maestro, la actriz y cantante trabaja en su próxima película y en una serie de conciertos.


-¿Cómo se inició en la actuación?
-Mi primera vocación fue la danza. Estudié danza clásica entre los cuatro y los trece años. En Dolores hay escuelas municipales de arte, donde enseñan pintura, escultura y danza. A mí me dio por la danza. La música fue algo que pobló mi infancia y mi adolescencia, porque a mi padre le gustaba mucho el jazz; a mi madre le gusta la opera; tenía dos hermanos a los que les gustaba el rock; y una hermana a la que le gustaba la música brasilera. Y la actuación fue algo que surgió muy naturalmente. Había una compañía de teatro en Dolores y muy rápidamente demostré tener ciertas aptitudes naturales para la interpretación. Hice teatro, hacíamos funciones, pero no estudié. Allá conocí a un director que era de acá, de Capital, Roberto Palandri, que fue mi padre artístico y me dijo: "Si un día venís a Buenos Aires, tengo una comedia musical para hacer". Él sabía que yo cantaba, bailaba y actuaba. Me vine a Buenos Aires y lo primero que hice fue Saltimbanquis, una comedia musical de Sergio Bardotti y Luis Bacalov. Luego, empecé a buscar trabajo en cine y en televisión. En televisión no me resultaba, no me llamaban, pero de cine sí. Empecé a hacer personajes pequeños en coproducciones, donde aprendí muchísimo.

-¿Cuáles fueron los trabajos que más la marcaron como actriz?
-No sé si como actriz, porque una cosa es lo que uno vive y otra cosa es el resultado del trabajo, pero hubo mojones en mi carrera: Zona de riesgo, que me valió mi primera nominación al Martín Fierro como relevación; Matar al abuelito, por la que gané mi primer Cóndor de Plata en Buenos Aires y mi primer premio internacional; La nave de los locos, que fue la primera película que protagonicé, saliendo del papel de jovenzuela, era una película más de texto, un personaje más maduro que la edad que yo tenía; Vulnerables, por la que gané dos Martín Fierro consecutivos; y El misterio de la felicidad, que fue la película con la que volví al ruedo después de nueve años de retiro, de la mano de Daniel Burman.

-En 2005 decidió retirarse de la actuación, ¿a qué se debió esa decisión?
-Hacía cinco años que había empezado a perder el amor por la profesión, producto de un fenómeno mundial. Yo me formé trabajando en cine y en teatro, que acá en Argentina no era la industria, estaban más cercanos al arte. La época en que empecé a trabajar fuerte en televisión coincidió con un momento social muy movido, en donde estalló el medio audiovisual y la hipercomunicación, empezó Internet, y se banalizó bastante la actuación. Yo empecé a sentir, conjuntamente con un éxito televisivo tras otro, que me erigía en un factor de venta y que padecía ese rol. A mí me gustaba la manifestación artística, no todo el circo alrededor. Estuve cinco años tratando de hacer sólo cine y teatro nuevamente, en un intento por recuperar el amor por la actuación. Cuando volví a la televisión, cinco años después de haber empezado a pensar en dejarla, tuve un accidente bastante grave grabando Criminal, una serie muy buena de Sebastián Ortega. Luego de eso, decidí que quería deja de actuar.

-¿A qué se dedicó durante ese tiempo?
-Comencé a explorar esos otros mundos que estaban postergados, que tenían que ver con la literatura, la dirección y la docencia. Así fue que publiqué mi primera novela, La Gracia; dirigí mi primera obra, Tape, en Ciudad Cultural Konex; y diseñé un nuevo sistema de actuación.
-¿En qué consiste ese sistema?
-Yo no tengo formación académica, no estudié, sino que aprendí trabajando. Entonces, lo que hice fue bajar a la teoría lo que yo aplico a la hora de trabajar. Son cuatro pasos muy simples, que equivaldrían un poco a la terapia sistémica, no porque sean terapéuticos. Aunque expresarse siempre es terapéutico, digo sistémico en el sentido de que atiende el hecho de destrabar los obstáculos y dedicarse a los problemas expresivos de cada quien. Hay un camino general claro, pero luego se trabaja en función de las necesidades y los objetivos de cada alumno.

-¿Cuándo decidió retomar la actuación?
-Volví nueve años más tarde, a instancia de Daniel Burman, que me llamó para hacer El misterio de la felicidad. Me propuso que me enfocara solamente en lo que me gustaba, que era actuar, y me liberaba de todo lo que tuviera que ver con la exposición y el circo alrededor. El mundo había cambiado bastante y yo estaba parada en otro lugar, me había diversificado y me sentía menos dependiente de la actuación. Y así fui recuperando el amor por esta profesión y adentrándome de a poco nuevamente. Ya no dependo ciento por ciento de ella, tengo otras actividades, y eso hace que la relativice y la tome de una manera más descansada.

-¿Cuándo comenzó a incursionar en la música?
-La música era algo que me venía de familia. Mi papá tocaba un par de instrumentos y cantaba de oído. También se juntaba con unos amigos a tocar jazz y me llevaba a mí desde que tenía ocho años a esas tertulias. En mi casa se estuchaba mucho esa música. Aprendí los estándares de jazz desde muy chica. Me gustan muchos tipos de música pero el jazz, y sus derivados, es el género musical que más me identifica. A instancia de mi ex pareja, Javier Malosetti, empecé a cantar en una formación que él armó, con un trío de piano, batería y contrabajo. Él tocaba guitarra y un poco el bajo, y cantábamos los dos, pero me puso al frente como voz de la banda. Cuando me quise acordar, habíamos hecho 50 shows con mucho éxito a lo largo de un año.

-Tras la ruptura, decidieron seguir juntos arriba del escenario.
-Cuando nos separamos, él me sugirió seguir con la banda, porque quería volver a su instrumento, que era el bajo, y la banda decidió continuar conmigo. Al comienzo no estaba muy segura. Luego, animada por la misma banda, empecé a armar un repertorio y comenzaron a hacer arreglos los mismo músicos. Estamos llevando una serie de conciertos a los clubes de jazz más importantes de Buenos Aires con las entradas agotadas, lo cual me tiene muy entusiasmada. Ahora, paramos porque estamos preparando un gran concierto para el 18 de noviembre en el ND Teatro, acondicionado especialmente para conciertos de música con 600 localidades, así que se me viene un show muy grande y una prueba muy interesante. De hecho, ya estuvimos ahí con el dúo y llenamos, así que ahora estoy programando ese concierto, que va a ser una fiesta. Es muy probable que grabemos el disco en vivo.

-Las giras implican otros tiempos, ¿cómo articula el trabajo y la maternidad?
-Empezamos a hacer giras hace muy poco. La verdad, no es lo más difícil de articular con la maternidad, porque tengo tenencia compartida con el papá de las niñas, que también hace gira de teatro. Así que nos repartimos los tiempos. Es más difícil el día a día, cuando están en casa y estoy filmando una película o grabando para televisión. Ausentarte diez horas de tu casa y dejar todo organizado, y no estar presente durante tanto tiempo es algo que me pesa más que irme un fin de semana. Pero lo acomodamos. Trato repartirme el tiempo lo mejor que puedo y optimizarlo cuando estoy con ellas. Los fines de semana que las tengo hago plazas y paseos, estoy mucho con ellas. La hora del baño, de dormirlas, de jugar previo a dormir o del desayuno son momentos muy lindos, de compartir mucho.

-¿Cómo fue la llegada de Cielo y Vida?
-Su llegada fue muy mágica, muy hermosa y muy abrumadora, porque son niñas que adoptamos y que sabíamos que tenían un retraso madurativo ambas, pero desconocíamos el alcance. Requerían de muchísima atención, por lo que los dos primeros años fueron de una entrega absoluta de nuestra parte y de una atención superior a la de cualquier estado de maternidad habitual.

-En distintas oportunidades remarcó la importancia de la inclusión e hizo hincapié en que "todos somos diferentes". En ese sentido, ¿cómo ve al sistema educativo, en particular, y a la sociedad argentina, en general?
-Creo que el sistema socio-educativo y socio-cultural, al menos lo que veo en este país, tiene mucho camino por recorrer todavía. Incluso, las instituciones especializadas en chicos con capacidades diferentes terminan siendo dogmáticas y muy de manual. Por ejemplo, mi hija menor no tiene una patología definida, sino una condición producto de una vivencia desafortunada que tuvo que transitar cuando era muy bebé. Esa condición hace que sus características no entre dentro de un colegio para hipoacúsicos, para autistas ni para niños con síndrome de Down. Terminé encontrando un espacio que pudo albergarla, porque acoge niños con capacidades diferentes, es una población de gran diversidad de problemáticas. Pero costó, costó mucho. No estamos capacitados para asimilar las singularidades, ya no hablemos de incapacidades o discapacidades. La sociedad no está educada para interactuar con personas que salgan de la media, sin que eso genere rispideces. El famoso bullying, que ahora lo denominan así, pero existe desde siempre y, en general, se aplica a personas que tienen singularidades, a veces superadoras de la media. No estamos preparados, no hay una educación. Hay ciertas corrientes, gracias a Dios, pero no hay una educación general desde los hogares ni desde las conciencias de los padres y las madres, y tampoco de los colegios y de los maestros que contemple a conciencia esa singularidad.

-Hace unos días se estrenó El maestro. ¿Qué la atrajo de la propuesta?
- La propuesta me interesó desde el principio. Primero, porque es un unitario de Pol-ka, que todos sabemos que reviste una calidad ya probada; segundo, porque era trabajar con Julio Chávez, con quien hicimos algo solamente una vez, hace muchos años; tercero, porque es el mismo equipo con el que hice todos los unitarios en los que me fue también; y cuarto, porque dirigía Daniel Barone, que es amigo y director por excelencia de los unitarios de Pol-ka. Daniel tiene una capacidad increíble como director y, humanamente, es una delicia de persona.

- ¿Cómo definiría al personaje de Paulina?
-El personaje es quebrado, muy reñido. Tiene características que no son lineales ni previsibles y posee un amplio rango expresivo, que es lo que a mí siempre me gusta explorar y me parece más grato y más lúdico.

-¿Tiene propuestas laborales para lo que resta del año?
-Estoy haciendo una película, que se llama Dolores y se va a estrenar, probablemente, el año que viene. Estoy muy enfocada en la música, con la banda estamos organizando unas cuantas giras en el interior. También sigo con las clases. A eso se suma el primer capítulo de la primera miniserie que Netflix filma en Argentina, Edha, dirigida por Daniel Burman. Así que tres proyectos actorales, uno musical y muchas ganas de seguir avanzando en ambos rubros. ©


Clases de actuación con Inés Estévez:
formacionactoral@gmail.com


TXT: Grupo Editorial Metro I Fotos: Prensa Inés Estevez

 



PERFIL

Inés Estévez nació el 26 de noviembre de 1964 en la ciudad de Dolores, provincia de Buenos Aires. Su primera vocación fue la danza clásica, disciplina en la que se formó durante ocho años. Criada en un ambiente donde la música siempre estuvo presente, también incursionó en el mundo de la actuación de manera autodidacta, desarrollando una trayectoria de veinticinco años como actriz.
Partió a la Ciudad de Buenos Aires a los dieciocho años, llevando consigo una breve experiencia teatral y muchas ganas de crecer. El teatro y el cine, donde rápidamente obtuvo papeles secundarios, la formaron en el oficio. Entre 1993 y 1999, mientras pisaba fuerte en el cine, comenzó a adentrarse en el medio televisivo, sin descuidar el teatro.
En 2005, desenamorada de la profesión, se distanció de la actuación para explorar otros mundos. Dirigió teatro, creó un nuevo método de aprendizaje para la interpretación basado en su experiencia profesional y se metió de lleno en la literatura. No sólo publicó su primera novela, La Gracia, sino que también participó del libro de cuentos Grandes Chicos; publicó poemas que integran del libro de fotografías Señores de la Tierra; y escribió artículos en las revistas Wipe y Negra.
En 2015 volvió al cine con El misterio de la felicidad, de la mano de Daniel Burman. Tras nueve años de retiro, se reencontró con la actuación, una de sus tantas pasiones. También participó de la serie Guapas.
Luego de dos años de pareja y varios shows en vivo con Javier Malosetti, ahora Estévez canta junto a Magic 3, los músicos que tocaban con el dúo. Tras el estreno de la serie El maestro, Estévez trabaja en su próxima película y ensaya para los conciertos que brindará de cara a fin de año. Pero, en verdad, las exigencias del trabajo se amoldan a su verdadera pasión: sus dos hijas, Cielo y Vida.

Ines está preparando un gran concierto para el 18 de noviembre en el ND Teatro con orquesta y grabación de disco en vivo. Entradas a la venta
en plateanet.