SALUD | AMISTAD | #233 ABR 2018
El valor de la amistad

La buena amistad es un vínculo de amor, que provee compañía, que genera pertenencia y bienestar. Pero ¿qué pasa cuando esa relación, por algun motivo, se termina?

Textos: Lic. Marian Renoulin . Contacto: 15-5975-5527

En la nota anterior, escribí algunas consideraciones sobre el amor de pareja, y el dolor y los traumas que genera la ruptura de ese vínculo. Como es frecuente comenzar una psicoterapia ante la angustia que genera la separación, me pareció un buen tema para reflexionar.
Recibí muchos comentarios y uno en especial me llamó la atención. Alguien me dijo que se sentía identificado con lo que había leído y que, además, le gustaría leer sobre la ruptura de otro vínculo que para él había sido muy impactante y generador de perplejidad y tristeza: cuando se rompe un vínculo de amistad.
En el espacio de terapia muchas veces surgió como tema a trabajar la pérdida de una amistad o las dificultades y crisis en un vínculo de esta clase de amor.
Tanto jóvenes como adultos penan cuando sufren una desilusión amorosa en lo que respecta a una relación de amistad que creían duradera o fuerte.
Es frecuente escuchar el relato de la tristeza vivida ante la desilusión de no haber sido acompañados en circunstancias difíciles. También mis pacientes relataron mucho sufrimiento y angustia ante la mudanza de amigos muy queridos o ante perdidas por fallecimiento. Es evidente que la compañía de un ser que nos ofrece amistad es de gran ayuda y amparo psíquico, dando respaldo y contención.
La buena amistad es, indiscutiblemente, un vínculo de amor que provee compañía y genera pertenencia y bienestar. Suele tender al crecimiento de aquellos que participan en la relación.
La amistad se puede generar por simpatía surgida al compartir una tarea, al vivir la colaboración y el amparo que el otro ofrece. También puede ser por identificación, cuando hay cosas en común que permiten creer que el otro vive y siente cosas parecidas o, simplemente, por admiración, cuando uno reconoce en el otro aspectos admirables o valorables que inspiran a vivir experiencias nuevas. Muchas veces es la complementaridad lo que se observa entre dos personas que viven una amistad.
Este lazo se aprecia y se disfruta en todas las edades, y ayuda a entender y a elaborar las experiencias nuevas que vamos viviendo.
Como se trata de un vínculo elegido, al no haber obligación como en otros vínculos, predomina la espontaneidad y la alegría. Las obligaciones son menores y esto permite que se genere una compañía para toda la vida.
Por estas razones surge dolor cuando la amistad se rompe. Y hay mucho para pensar, aceptar y elaborar.
Las causas que suelen generar la pérdida de una amistad difieren según la edad y las circunstancias.
Cuando los jóvenes terminan el secundario, es frecuente escuchar que las amistades pasan por momentos de crisis. Como se trata de una época de grandes cambios, en las tareas, las rutinas, estas situaciones impactan en todos los sentidos y pueden alejar a los amigos, por cambiar el ámbito de encuentro de manera rotunda.
La falta de comunicación también es una razón frecuente de ruptura. Cuando alguno de los amigos no se siente considerado o cuidado y no lo llega a expresar para evitar enojos, esperando que el otro se de cuenta y modifique su actitud desacertada. Esto no sucede y, luego, se da el alejamiento.
También puede ocurrir que la amistad tenga muchos años y en la actualidad no haya afinidad ni valoración mutua, pero siga vivo el recuerdo feliz de tiempos pasados. Esto no siempre alcanza para permitir que la amistad continue.
Por supuesto, que cada amistad es diferente según la necesidad subjetiva y la particularidad de aquellos que participan en el vínculo. Hay personas más exigentes, otras más tolerantes, más presentes, más sinceras, más reservadas, más demandantes y así cada uno tendrá su medida para la buena amistad. Sea como fuere, es claro que disfrutamos y necesitamos ser amigos y tener amigos. Es por esto que la pérdida de tal lazo es un tema fuerte y delicado, que probablemente merezca el espacio de psicoterapia.
"Hermano del alma", "tíos de corazón", "padrinos" de nuestros hijos, son importantes roles que ejercen esas personas especiales, con quiénes se genera un lazo fuerte de amor. Nos permite armar una red familiar más acorde a nuestra realidad que los vínculos sanguíneos.
Con distintas modalidades, la amistad enriquece nuestras vidas. ©



Textos: Lic. Marian Renoulin . Contacto: 15-5975-5527