DIARIO DE VIAJE | SPLIT | #233 ABR 2018

La ciudad de Diocleciano

El viajero se adentra en Split, la ciudad marítima e histórica que encierra más de una sorpresa, para conocer más sobre la cultura croata y sus tradiciones.

Caminar por las callecitas de Split es como viajar en el tiempo. Esta ciudad, ubicada en las costas del Mar Adriático, es la segunda más poblada de Croacia,
después de Zagreb. Sus costas descansan sobre un puerto pesquero, centro cultural y turístico de ensueño. La economía no sólo está basada en el turismo, del que se nutre en los últimos años, sino también de la industria naval, de la viticultura y numerosas empresas que hacen que esta ciudad sea un importante centro administrativo.
Para el viajero resulta bastante difícil encontrar alojamiento en Split, ya que en muchos de sus hoteles se hospedan refugiados y el negocio del alquiler en casas privadas, que se hundió durante la guerra, todavía está intentando remontar. Se puede llegar en avión o en tren desde Zagreb, en autobús desde cualquier punto del país y en ferry desde muchos puertos del continente y de las islas, incluyendo Dubrovnik, Hvar y Korcula.
Ya dentro de la ciudad, su arquitectura medieval es lo que llama la atención por excelencia. El núcleo de toda la belleza que encierra Split se encuentra en el palacio del emperador romano Diocleciano (245 DC). El edificio se encuentra muy bien conservado y parece una gran fortaleza que se alza entre las construcciones más importantes. En este lugar, tanto en sus calles como en su parte subterránea, se filmaron escenas de la serie Juego de Tronos, lo que cautiva al viajero que va en busca de la historia mediática de tan admirable ciudad.
El Palacio de Diocleciano tiene una estructura con planta cuadrada, típica de la época romana, que junto a sus murallas hacían del monumento un lugar impenetrable. Se puede ingresar por varias puertas, aunque, en general se accede por la Puerta Aurea para continuar por una calle denominada "Cardo", donde se observa la residencia con mármoles italianos, granito rojo, incluso esfinges egipcias. Por ello, el palacio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979.
Otras edificaciones importantes de la metrópoli son el Templo de Júpiter y el Mausoleo de Dioclesiano, que luego se convirtió en la Catedral de San Diomo. Allí se puede ver el altar ornamentado y el campanario de estilo románico-gótico, mezcla de estilos reservada para aquellos amantes de la arquitectura. Otra majestuosa obra es la que realizó el arquitecto Buvina en la puerta de la Catedral, donde se observa la representación de la vida de Jesús.
Split es, sin duda, el lugar ideal para perderse, pues sus caminos se asemejan a interminables callejuelas de un laberinto que mezcla diferentes estilos arquitectónicos. Caracterizada por un inconfundible aroma a salitre de mar, la ciudad transporta al viajero a distintas épocas. En esas calles, también se encuentran iglesias como la de SV Nicola y Gospa od Zvonika y algunos museos que albergan obras de uno de los artistas más reconocidos de Croacia, Ivan Mestrovik. Algunos de estos edificios son el Museo Marítimo, ubicado en el interior de una fortaleza del siglo XVII, donde se conservan numerosos artilugios pesqueros, así como cartas de navegación de la época.
Cuando llega el horario del almuerzo, el viajero se dirije a Varos, el barrio de pescadores, a los pies de la colina Marjan. Es el lugar perfecto donde probar las delicias de la cocina dálmata. El aceite de oliva, las hierbas, el ajo y las aceitunas son la base de sus productos, pero las estrellas indiscutidas son dos: el pescado y el marisco adriático.
Luego, el viajero se relaja en la playa de Bacvice, ubicada en el centro de la ciudad. El descanso va de la mano de un paisaje soñado, donde las calas y aguas transparentes son protagonistas. Además, el verano en Split ofrece multitud de actividades que van desde música en vivo hasta deportes.
A la hora de buscar tranquilidad, el viajero se dirige a la playa Kasjuni. Agua azul, alrededores llenos de naturaleza, montes y arena blanca son sólo algunas de las características del lugar, al que se accede a pie o en autobús desde el centro de la ciudad. La mejor vista se encuentra sobre el sur-occidental de la colina de Marjan.
En esas mismas playas, el viajero practica Picigin, un deporte inventado en Split. Las reglas básicas son muy simples: cinco jugadores a poca profundidad (10-20 cm), distribuidos en pentágono y a una distancia entre sí de 6-7 cm, se tiran la pelota uno al otro golpeándola con las manos y tratando de mantenerla en el aire y fuera del agua la mayor parte del tiempo posible. Lo más interesante del juego son los saltos acrobáticos para mantener la pelota en el aire.
Llega la noche y la magia se hace presente en cada rincón. El viajero camina por las callecitas llenas de bares y restaurantes que se entremezclan con los murallones de la ciudad. Para tomar unas copas, se dirige a la Calle Majstora Jurja, una de las zonas con más animación, locales y ambiente festivo en época de verano. Es obligatorio degustar una buena cerveza croata o el tradicional licor "rakia", símil brandy.
En un bar típico de la ciudad, escucha a cantantes croatas entonar el conocido estilo "kapla", parte del folklor del país, que consiste en un canto a capella normalmente sin instrumentos, aunque hay algunas excepciones.
Repleta de historia, aromas y costumbres, Split es una de las grandes ciudades que representa la época medieval y, a su vez, refleja en cada paso el gran cuidado que tienen los croatas de su patrimonio. Es un destino que merece la pena conocer. ©



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