DIARIO DE VIAJE | JUJUY | #231 FEB 2018

Viaje al Norte

El viajero llega a Jujuy atraído por los colores del Carnaval de la Quebrada de Humahuaca, una celebración única en el país donde las tradiciones traídas por los españoles se fusionan con los ritos de los pueblos originarios a la Pachamama.

El diablo espera el Carnaval para volver a estar suelto por la Quebrada de Humahuaca. La celebración comienza el sábado anterior al fin de semana de Carnaval, cuando grupos de comparsas llegan a las laderas de los cerros que rodean los pueblos jujeños para desenterrar al diablo que fue enterrado al finalizar el Carnaval del año anterior.
El Carnaval de la Quebrada de Humahuaca es el más antiguo del país y su origen se remonta cinco siglos atrás, cuando los pueblos originarios adaptaron las fiestas de carnaval traídas por los españoles y le sumaron sus ritos a la Pachamama. El resultado fue un carnaval único, donde los llamativos colores de las caras pintadas contrastan con las tonalidades ocres del paisaje jujeño, y se suman el talco, el papel picado, la serpentina y la espuma.
Una vez desenterrado el diablo, suenan bombas de estruendo y la comparsa, donde muchos están disfrazados de diablo, inicia su descenso hacia los pueblos al ritmo de músicas tradicionales. Después de desfilar por las calles de los pueblos, las murgas se reúnen en puntos específicos, denominados "fortines", donde se arman peñas con música y baile hasta el amanecer. Tras varios días de baile y festejo, la fiesta termina el domingo de Carnaval con el entierro del diablo. Entonces, las comparsas regresan a las laderas de los cerros para enterrar un muñeco con ofrendas en el mismo sitio donde empezó el festejo y dan por finalizado el Carnaval con bombas de estruendo.
Atraído por la mística del Carnaval de la Quebrada de Humahuaca, el viajero llega a Jujuy para vivir la experiencia. Desde San Salvador de Jujuy toma la Ruta Nacional Nº9 con dirección al norte de la provincia y luego de recorrer 63 kilómetros empalma con la Ruta Nacional Nº52 hasta llegar al pueblo de Purmamarca, una pequeña población ubicada al pie del imponente Cerro de los Siete Colores. De origen prehispánico, el pintoresco poblado fue declarado Lugar Histórico Nacional.
El trazado urbano de Purmamarca gira en torno a la iglesia principal. El viajero visita la feria donde se ofrecen productos típicos: ponchos de lana de vicuña y llama, bufandas y gorros tejidos, tapices, sonajeros de semillas, collares y pulseras de alpaca y plata, entre otros suvenires. Luego visita el pequeño Cabildo y la Iglesia, declarada Monumento Histórico Nacional. Al salir del templo observa el centenario e histórico algarrobo, donde el último cacique de los purmamarcas, Viltipoco, acogió con un vaso de chicha al primer evangelizador castellano.
Al día siguiente, el viajero recorre 126 kilómetros hasta llegar a las Salinas Grandes, una de las mayores depresiones de la provincia con más de 12 mil hectáreas de sal a cielo abierto que parecen infinitas y encandilan a todos los visitantes que llegan. Ubicado en la región de la Puna, Salinas Grandes es un desierto que divide Salta y Jujuy.
Por la tarde, el viajero se dirige a la Quebrada de Humahuaca, un extenso valle montañoso de 155 kilómetros de longitud que funcionó como permanente vía de interacción territorial y cultural. En 2003 la Quebrada de Humahuaca fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en la categoría Paisaje Cultural. El viajero decide hospedarse allí y visitar los diferentes puntos de la Quebrada y sus alrededores.
Por la mañana, el viajero recorre la plaza principal de Tilcara, donde funciona la feria artesanal. Muy cerca se encuentra la Iglesia Nuestra Señora del Rosario, el Museo Arqueológico "Eduardo Casanova", el Museo de Pinturas "José Antonio Terry" y el Museo de Bellas Artes "Hugo Irureta". Tras un agradable paseo entre las calles del pueblo y la visita a distintos museos, la noche de Tilcara le propone disfrutar del calor de las peñas del norte.
A un kilómetro del centro del pueblo se alza Pucará de Tilcara, el yacimiento arqueológico más importante de Argentina, que funcionó como defensa y asentamiento de los habitantes precolombinos de la Quebrada. El pucará fue instalado en una zona estratégica por el cruce de antiguos caminos para vigilar y controlar los accesos a diferentes regiones del noroeste. Las ruinas fueron descubiertas por el etnógrafo Juan Bautista Ambrosetti, quien comenzó con la obra de recuperación del lugar en el año 1908. Luego, el trabajo continuó a cargo de Salvador Debenedetti.
Las 15 hectáreas que comprenden la zona arqueológica están diferenciadas por sectores: las viviendas, los corrales, el centro ceremonial y el cementerio. El viajero explora aquellas tierras por donde caminaron los pueblos originarios, mientras aguarda con ansia la llegada del Carnaval. ©



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