SALUD | HIJOS JOVENES | #234 MAY 2018
Hijos jóvenes

Recibo consultas de madres, padres y jóvenes que relatan, cada uno desde su ángulo de interés e implicación, sus inquietudes y padecimientos a la hora de convivir bajo el mismo techo. Abordaré aquellas situaciones en las que hay malestar, producto de enojos y diferencias de opiniones cuando madres y padres comparten el hogar con un hijo o hija que ya cumplió los 18 años.

Textos: Lic. Marian Renoulin . Contacto: 15-5975-5527

Existen múltiples situaciones y es difícil generalizar, pero, para muchas de ellas, la madurez de los mayores y de los jóvenes es un elemento de fundamental importancia.
Ejemplo de consulta: Mónica*, madre de una joven de 20 años (llamémosla Lara*), concurre a psicoterapia motivada por la angustia que le generan las múltiples peleas y enfrentamientos con su hija. El padre de Lara ya no vive con ellas, dado que el matrimonio se separó hace tiempo. Si bien hay comunicación entre los tres, el papá no comparte mucho tiempo con Lara, por lo que es con la madre con quien convive y se enfrenta en discusiones. A Lara le va bien en sus estudios, tiene un trabajo de unas pocas horas y de un ingreso muy bajo. Las peleas son en torno a las tareas de la casa, no porque Lara no colabore, sino porque no se ponen de acuerdo en la manera de hacerlo, "chocan por todo". Hay fastidio de la una hacia la otra, ya no se juntan a conversar, y Lara no habla de sus cosas con Mónica, parece siempre enojada. Mónica revela que está muy preocupada por las decisiones que pueda tomar Lara y pasa muchas horas de su día pensando en cómo ayudarla y se encuentra siempre interesada en saber lo que ella está haciendo. Después de varias sesiones, Mónica reconoce que tanto interés y atención sobre la vida de su hija, podrían resultarle una molesta persecución a la jóven, lo que probablemente haya generado el aislamiento y alejamiento. También explicarían su enojo, porque la actitud de Mónica suele ser la desconfianza y la duda al respecto de que Lara "maneje bien su vida", como dice la madre.
Avanza el trabajo analítico y obtenemos algunas conclusiones útiles:
Primero: estamos de acuerdo en establecer que Lara quiere y necesita aumentar su autonomía. Dada su edad y situación busca libertades, definir un estilo y diferenciarse de su madre y cuestiones donde el sello personal de Mónica impidan que emerja el estilo de Lara. Es necesario para ella diferenciarse y crear su propio estilo, para lo cual necesita que Mónica ceda, sin enojarse ni sentirse desvalorizada, algo de espacio.
Segundo: Mónica, sin tener plena conciencia de ello, estaba repitiendo su propia historia con su hija, la frase "que Lara maneje bien su vida" aportó la clave para entender un poco más la situación. Esta frase era repetida por la madre de Mónica, siempre preocupada por demás, metiéndose y manipulando en su momento la vida de Mónica, generándole inseguridades y debilitando su autoestima. Mónica sin proponérselo, repite con Lara ese modelo aprendido en su experiencia como hija, pero a la luz del análisis, puede reconocer que como hija ella misma se sintió muy mal con su propia madre, lo que la llevó a alejarse de ella para poder crecer.
Para Mónica, quien siente un profundo afecto por su hija y desea para ella lo mejor, es importante trabajar profundizando en la psicoterapia todo aquello que tenga que ver con reconocer que en la evolución y la construcción de la personalidad, los hijos toman aspectos de sus padres, pero también reniegan y revisan rasgos que les resultan desagradables. A su vez, siempre pertenecen a otros tiempos, a otra generación, con elementos que a nosotros, como padres, nos suelen resultar ajenos. Como padres, se trata de ofrecer elementos para crecer y acompañar, sin intervenir en lo sustancial que debe ser decidido por ellos. Se trata de una presencia tolerante, un espacio para que puedan surgir preguntas y donde quizá se puedan construir respuestas, pero nunca se debería imponer, mandar o manipular, dado que son justamente estas actitudes las que debilitan la personalidad de nuestros hijos y los aleja de poder sentirse seguros y potentes para crecer en aquello que les interesa.
Mónica quiere a su hija, pero tiene que revisar cuál es la implicancia de querer. Tiene que revisar sus creencias de cómo es ser una buena madre para esa hija que tiene, con una edad propia de alguien que necesita ser ella misma, y no tanto como su madre.
Con estas ideas para trabajar, Mónica mejora notablemente la convivencia. Cuando la actitud de la madre se relaja, la hija no se siente tan criticada ni observada, se acerca a Mónica y empieza a contarle cosas de su vida. Emergen diferencias que estaban escondidas, que revelan que Lara tiene para su porvenir planes diferentes a los que Mónica creía. Estos planes no son del agrado de Mónica, pero después de un tiempo de psicoterapia ella acepta que, a pesar de no ser de su agrado, son decisiones que correctamente tomó su hija de manera responsable y consistente con su propio deseo. Por lo que no le queda a Mónica más que aceptar (o no) pero ya no está ansiosa y angustiada, ni tiene la sensación de que es ella quien debe hacerse cargo de toda la situación. Mejora su estado de ánimo al comprender que las elecciones de Lara son buenas, primariamente, por ser de Lara. Mónica puede descansar en que su responsabilidad de madre ya no debe ser tan fuerte: Lara conduce su vida y, probablemente, hará bien las cosas y, si en algo se equivocara, también de los errores se aprende y tiene derecho a vivirlos.
Con el tiempo, inclusive, llega a aceptar los planes de su hija (mudarse sola más cerca de su facultad, para viajar menos y poder cambiar de trabajo) y a sentirse feliz y orgullosa por ella. Comienza ahora para Mónica la tarea de rediseñar su propia vida, para encontrar más vitalidad y alegría en su realidad cotidiana. ©



Textos: Lic. Marian Renoulin . Contacto: 15-5975-5527