DIARIO DE VIAJE | PARIS | #234 MAY 2018

Del crepúsculo al atardecer

El viajero llega a la ciudad del amor atraído por su increíble historia, su cultura y su belleza arquitectónica. En la capital de Francia, el arte fluye por las calles y deslumbra en cada esquina.

París no sólo es una de las ciudades más importantes e influyentes del mundo, sino también una de las urbes más visitadas de Europa. Dos días no son suficientes para descubrir el encanto de la capital francesa, que parece diseñada para el disfrute del viajero. Sus calles, plazas, edificios, jardines y monumentos bien podrían haber sido diseñados con el fin de hechizar a quienes transitan sus calles con el deseo de volver.
El arte fluye en la Ciudad de las Luces, apodo que obtuvo por haber sido la primer localidad del mundo en iluminar sus calles y edificios con luz eléctrica. Para empezar su visita a lo grande, el viajero elije un símbolo de París, la Torre Eiffel. Construida y diseñada por el ingeniero francés Gustave Eiffel, la estructura fue pensada para presentarse en la Exposición Universal en Paris de 1889. A pesar de las duras críticas que recibió en los primeros años, se transformó en un ícono de Francia. Con una altura de 300 metros y un peso total de 7300 toneladas, el principal atractivo de la Torre es la vista única que ofrece desde sus miradores, a los que se accede por un ascensor o, en el caso de los valientes, por una escalera.  Dentro, el viajero encuentra restaurantes, tiendas de regalos e incluso un museo.
La tarde comienza a caer sobre la ciudad y el viajero se dirige al Barrio Latino, uno de los lugares más animados para cenar. Más tarde, sus pasos lo llevan a ver los monumentos iluminados. Los puentes del Río Sena lo conducen hasta Notre Dame, cuya visita queda pendiente para la mañana siguiente.  La Catedral es conocida por haber sido protagonista de un cuento para niños, pero su verdadera historia es mucho más interesante: Notre Dame es famosa por ser una de las catedrales de estilo gótico de mayor antigüedad de toda Francia. Fue construida por Pierre de Montruil, junto con Maurice de Sully, para homenajear a la Virgen María, de allí su nombre que significa "Nuestra Señora". El templo, cuya construcción comenzó en 1163 y finalizó en 1330, tiene 130 metros de largo y 35 metros de alto.
Parado frente a la imponente Iglesia, el viajero observa sus tres portales. Uno,  llamado "Portal del Juicio Final", alberga esculturas que representan ángeles, demonios y la resurrección de los muertos.  Tras fotografiar las gárgolas y subir a las torres, el viajero sale de Notre Dame y se dirige a la Plaza Louis Lépine, donde todos los días se celebra el mercado de las plantas.
La siguiente parada es el Museo del Louvre, que alberga expresiones artísticas de toda clase. Inaugurado en 1793, lo que antes era un palacio real, hoy es uno de los establecimientos más importantes de todo el mundo y más visitado en su tipo. Dentro del Museo, el viajero aprecia obras maestras, como la Gioconda de Leonardo Da Vinci, y numerosos trabajos pertenecientes a los siglos XIII, XV, XVII, XVIII, XIX y al Renacimiento. La increíble colección del Louvre es resultado del coleccionismo efectuado por la monarquía francesa  y los hombres de la Ilustración y la Revolución Francesa. Además, Louvre es un símbolo del traspaso de los museos exclusivos para las elites a los destinados para toda la sociedad.
Durante su tercer día en París, el viajero visita otro de los símbolos de la ciudad: el Arco del Triunfo. Ubicado sobre la avenida Champe-Élysées, fue construido por el arquitecto Jean Chalgrin en 1806 bajo la orden de Napoleón Bonaparte. La idea de este Arco, que posee 50 metros de alto y 45 metros de ancho, era rendirles homenaje a las tropas que ganaron la batalla de Austerlitz. El viajero observa la estructura con detalle. En lo alto de cada pilar del arco se ubica una estatua y  a sus pies se encuentra la tumba del soldado desconocido, acompañado de una antorcha simbólica. En las caras interiores del arco están escritos los nombres de 559 generales franceses y en las exteriores los de revolucionarios franceses y las victorias militares de Napoleón. Dentro de esta magnífica obra, que tardó 30 años en ser concluida, el viajero recorre el museo que cuenta su historia.
En Monmartre, conocido como "el barrio de los pintores", el viajero disfruta del arte, la gastronomía y la cultura a la vuelta de la esquina. También visita la Basílica del Sacre Coeur, dedicada al Sagrado Corazón de Jesús. La construcción del templo comenzó  1875 y finalizó en 1914, pero la Iglesia fue consagrada después de la Primera Guerra Mundial, en 1919.  Con 83 metros de longitud, 35 metros de ancho y una torre de 83 metros de altura, Sacre Coeur le ofrece otra bella panorámica de París. A la distancia, el viajero observa la figura de la Torre Eiffel, que sobresale del resto de los edificios.
Al final de la tarde, adquiere las entradas para ver un espectáculo de burlesque en el Moulin Rouge. El conocido teatro es su última parada en la ciudad del amor. ©



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