POSTALES | TEATRO CERVANTES | #245

Por amor al Teatro

Casi un Siglo después de su inauguración, el Teatro Nacional Cervantes comienza a recobrar
el brillo y el encanto que sus dos creadores supieron brindarle a este espacio creado desde el amor.

En la esquina de avenida Córdoba y Libertad, se alza radiante la fachada del Teatro Nacional Cervantes. Este edificio comenzó como el capricho de una pareja de actores, pero los cambios políticos y económicos hicieron del Teatro una de las marcas más indelebles de las tablas argentinas.
La construcción fue inaugurada en 1921 y, como era usual en esa época, las partes de la edificación llegaron en barco desde diferentes regiones de España: los azulejos, de Valencia; las losetas rojas del piso, de Tarragona; las puertas de los palcos, de Ronda; los espejos, butacas, bancos, rejas, herrajes y azulejos, de Sevilla; las lámparas y faroles, de Lucena; y la pintura para el techo, de Barcelona. Desde Madrid vinieron los cortinados y el telón de boca, que representaba el escudo de armas de la Ciudad de Buenos Aires, bordado en seda y oro. Por fuera, la fachada del teatro reproduce con exactitud la universidad de Alcalá de Henares, de estilo renacentista.

Historia de teatro

A fines del siglo XIX, el teatro en España y las representaciones de los clásicos del Siglo de Oro estaban en pleno auge, y con ellos sus actores, que tenían gran éxito.
El caso de María Guerrero fue uno de los más novelescos, ya que esta actriz, gracias a los consejos de su padre, logró a la edad de 23 años convertirse en primera actriz del Teatro Español, al que luego quiso comprar para hacer reformas y convertirlo en el primer teatro de España. Este capricho de la actriz no tuvo incidencia en su entorno, pero fue más tarde que sus sueños tomaron una mejor forma.
Fernando Diaz de Mendoza era un aristócrata que se probó como actor, pero no lograba ganar fama. Sin embargo, al poco tiempo le llego una propuesta más tentadora: ser la pareja actoral, y luego en la vida real, de Maria Guerrero. Luego de casados, decidieron probar suerte en Buenos Aires, donde tuvieron fama.
Después de dos décadas de éxitos, en 1918 los actores comunicaron su gran sueño: construir un "gran teatro dotado de un escenario suntuoso y admirable", con la idea de convertirse no solo en una sala de espectáculos sino en un monumento de belleza del arte español.
El 5 de septiembre de 1921 toda la burguesía de la época se junto en el teatro, en donde la pareja representó a "La Dama Boba". De esta manera, empezó una intensa etapa para la compañía, pero las grandes deudas que se fueron acumulando y la escasa habilidad como administrador de Diaz de Mendoza hicieron que el Teatro entrará en una crisis.
En 1925 el Teatro fue sometido a remate e incluso se lo pensó usar como cabaret. Ante esa situación Diaz de Mendoza acudió a sus contactos y logró convertirlo en sede del teatro oficial. Ocho años después se creó la Comisión Nacional de Cultura y el Teatro Nacional de la Comedia Argentina y el Cervantes se convirtió en su sede. Luego de todo eso, el edificio se convertiría en un laboratorio-taller para el perfeccionamiento de sus actores y también víctima de un incendio que destruyó sus instalaciones y derivó en una reconstrucción en 1961.

El 5 de septiembre de 1921 toda la burguesía
de la época se junto en el teatro, en donde
la pareja representó a "La Dama Boba".




La reconstrucción de un hito porteño

El Teatro estuvo cerrado durante siete años y, desde aquellas épocas, nunca se había hecho una obra de restauración integral. La fase que concluyó en 2019 tiene que ver con la fachada y arrancó en 2016.
Luego de esta renovación, se buscará modernizar y refuncionalizar las instalaciones, como lo que tiene que ver con la seguridad y ascensores. El Teatro Nacional Cervantes, de a poco, vuelve a brillar como cuando se inauguró.
Este tipo de obras cuentan con la intervención de diversas áreas de gobierno. En este caso, fue licitada y contratada por la Dirección de Planeamiento y Diseño de Obra Pública; y dirigida por la Dirección de Ejecución de Proyectos Específicos. También contó con el apoyo de la Secretaria de Cultura del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología; y del Teatro Nacional Cervantes.

Escenario y salas

El escenario mide 16 por 28,5 metros y dispone de un disco giratorio de 12 metros de diámetro, el piso esta formado por tableros de madera que permiten la formación de desniveles. Delante del proscenio se encuentra instalado un escenario levadizo de 12 por 2,7 metros, que permite la prolongación del escenario principal, la composición del foso de la orquesta o la extensión de la platea.
El estilo es netamente español con predominio del plateresco, aunque con también bastante de herreriano. Los arquitectos fueron Fernando Aranda Arias y Emilio Repetto.
El edificio cuenta con tres salas para representaciones teatrales como de otras ramas artísticas. La sala principal lleva el nombre de su donante "Maria Guerrero", con capacidad para 860 espectadores. Luego esta la sala "Oreste Caviglia" con una capacidad para 150 personas. Por último, la sala "Luisa Vehil" no tiene escenario, ni platea, lo que permite adaptarla según las necesidades.

El brillo sigue intacto

Actualmente, el actor y dramaturgo Alejandro Tantanián es el director del Teatro. Él fue quien llevó a cabo toda la restructuración de la fachada del mismo en los últimos años. Actualmente, si se pasa por la puerta deslumbra al igual que cuando fue inaugurado hace muchos años atrás.
El Cervantes sigue brillando intacto y majestuoso en el presente del escenario porteño, con la misma impronta que alguna vez María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza soñaron: la de convertirse en el gran sueño de glamour y esplendor de Buenos Aires.
El Teatro Nacional Cervantes invita a recorrer las instalaciones del antiguo edificio con una original propuesta: la visita de los Guerrero. En esta visita guiada por actores que interpretan a Maria Guerrero, su esposo y sus dos hijos se cuenta la historia de la construcción del edificio. También los visitantes pueden recorrer las salas, el foyer, el salón dorado, los camarines y los espacios donde se guardan escenografía y vestuario. ©


TXT: Grupo Editorial Metro I FOTOS: GEM



MAS FOTOS