EN LA RUTA | SAN ANTONIO DE ARECO | #249
Alma gaucha

Es uno de los pueblos más antiguos del país. Los pagos de Ricardo Güiraldes
y su Segundo Sombra nacieron por una promesa hecha a un santo.
Hoy es considerado el santuario de las tradiciones gauchescas.

A principios del siglo XVIII existía, entre los primeros pobladores del interior de Buenos Aires, la costumbre de levantar una capilla en honor a San Antonio si se salvaban del ataque los malones que arrasaban cada tanto. Así fue que el terrateniente Ruiz de Arellano construyó en 1714, un pequeño oratorio en su Estancia del Río Areco, que luego se transformaría en una capilla que puso bajo la advocación de San Antonio de Padua, alrededor de la cual comienza a formarse un pequeño poblado que con los años fue conocido como los pagos de Areco, por el río que lo atraviesa.
A simple vista, el carácter rural de Areco podría no diferir mucho de cualquier otro pueblo del interior de la pampa. Sin embargo, su impronta gauchesca está más allá de su vieja plaza rodeada de adoquines.
En Areco, la tradición es una cuestión ineludible, que viene desde el tiempo de los Ruiz de Arellano. Uno de sus descendientes fundó la estancia La Porteña, que cumpliría un papel importante en el perfil del pueblo. En ella vivió Ricardo Güiraldes desde 1912, y el capataz de esa estancia era un ignoto gaucho llamado Segundo Ramírez… Con el tiempo sería inmortalizado en las páginas de Don Segundo Sombra.


La tradición criolla está siempre presente. No es raro ver pasar gauchos a caballo y algún sulky llevando turistas a un paseo rural.


El "Puente viejo" es, sin dudas, la postal clásica de Areco. Fue construido en 1858 y todavía se encuentra en pie sobre el río Areco. Se levantó con el aporte privado de los vecinos que durante cincuenta años cobraron peaje para recuperar el costo inicial. Cuando se construyó el nuevo puente río abajo, al anterior se lo comenzó a llamar Puente Viejo. En 1936 se construyó un tercer puente.
Del otro lado del puente, se extiende el Parque Criollo Ricardo Güiraldes, un predio de 90 hectáreas en el cual se encuentra el Museo Gauchesco con el mismo nombre, y la pulpería
La Blanqueada, un edificio de ciento cincuenta años construido con ladrillos de media cal asentados en barro. De ella parte y hacia ella vuelven Don Segundo y Fabio, en la novela.
Otros sitios que merecen ser visitados son el centro cultural y museo de la Vieja Usina, instalado en el edificio que ocupó la primera usina de generación eléctrica en 1901; la Estación del Ferrocarril, que funcionó desde 1878 hasta que se levantó el servicio de trenes y hoy alberga a una escuela de enseñanza media; la antigua Casa Municipal, donde hoy funciona el Consejo Deliberante; la nueva Casa Municipal, una señorial residencia que perteneció hasta 1966 a la familia Laplacette, y por supuesto, la Iglesia Parroquial, germen del pueblo de Areco. La iglesia actual es la tercera que se construyó en ese lugar. La capillita original de Ruiz de Arellano fue suplantada por una nueva en 1792, que también fue reemplazada por ésta en 1870.
El pueblo tiene una arraigada cultura artesanal en la que sobresalen más de cien plateros, sogueros, ceramistas y talabarteros. Están nucleados en una asociación de artesanos que otorga a cada pieza un certificado de autenticidad y organiza anualmente la Semana de la Artesanía Arequera.
La tradición también está presente en la gastronomía. Muchos de sus bares y restaurantes alguna vez fueron pulperías. En esa hora en que el sol empieza a caer, es un verdadero placer cerrar la tarde en cualquiera de ellos, imaginando que en cualquier momento Don Segundo Sombra puede entrar a despuntar el vicio. ©


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