SALUD | FAMILIA | #243
Tiempo de vacaciones

Al llegar las altas temperaturas del verano, el año calendario presenta un tiempo de receso, de vacaciones, tanto para aquellos que están en etapa escolar como para los que llevan adelante una vida laboral.

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Diciembre, enero y febrero suelen ser los meses elegidos para hacer un parate, un limite entre años. Un espacio de descanso y de renovación.
¿Qué es lo que suele aparecer como generador de problemas en esta época? Aquí hay algunas de las cuestiones que si se pudieran evitar, nos acercarían a vacaciones más satisfactorias y deseadas.
Reflexionar sobre el sentido de las vacaciones que vamos a armar. Si nuestro objetivo es el descanso, es fundamental no diseñar un plan que implique grandes movimientos, levantarnos de madrugada o jornadas de recorridos extensos. Cada uno tiene que medir sus fuerzas y sus expectativas y saber que conocer un lugar novedoso, implica tener alguna rutina con horarios y la disponibilidad de cumplirlos. Si lo que necesitamos es dormir más y dejar por un tiempo las obligaciones, un lugar tranquilo y cómodo sería el indicado.
Como las vacaciones son un tiempo relativamente corto y anhelado, la proximidad de las mismas suelen generar una cuota variable de ansiedad. En general la ansiedad puede arruinar cualquier salida, ya que implica un malestar que distorsiona el tiempo en que vivimos nuestro período de descanso y no permite conectarnos satisfactoriamente con el buen momento. Si la ansiedad por las vacaciones es exagerada, tendríamos que reflexionar sobre que nos sucede en la vida diaria para estar tan desesperados por vivir un cambio. Las vacaciones tampoco son mágicas: si nuestros problemas son muchos, no los va a resolver tan fácil un tiempo de descanso. Probablemente tendremos que hacer foco en aquello que nos genera malestar en la vida cotidiana.
Si las vacaciones son a un lugar para conocer, para recorrer y aprender, tenemos que estar descansados y fuertes, algo entrenados para resistir jornadas de idas y vueltas, de caminatas o de paseos exigidos. No exigirnos y cuidarnos de los excesos con la comida, la bebida y el poco descanso, suele ser una buena decisión.
Un factor que es delicado es la compañía con la que planeamos compartir nuestras vacaciones. Si se trata de gente familiar sabemos a que atenernos. Los conocemos y nos conocen. Si hay niños pequeños en el grupo sabemos que hay cuidados fundamentales que tener presentes. Las comidas, los horarios de descanso y cierto confort son fundamentales para garantizar una buena estadía. Los niños marcan el norte de nuestras vacaciones ya que no son convenientes los lugares donde no se atiendan sus necesidades. Viajes con cierto grado de incomodidad, a la intemperie, con bajas o muy altas temperaturas, museos o galerías que impliquen horas para recorrerlas o ciudades muy populosas no son propicias para vivir buenos momentos con niños pequeños. Estos viajes quedarán para más adelante.
Si armamos un viaje con personas no tan conocidas en la convivencia, tenemos que saber que puede existir una cuota de lo que desconocemos de ellos que surja en el viaje y no nos resulte agradable, y viceversa, ya que también actitudes o costumbres nuestras pueden resultar desagradables para otros. Ante todo, paciencia y tolerancia son buenos ingredientes. Siempre es bueno, probar la compatibilidad del grupo en viajes cortos. Escapar unos pocos días a algún lugar cercano es un buen ensayo, que nos pondrá en alerta ante grandes conflictos que pudieran surgir.
Si por el contrario, nos toca quedarnos en nuestra ciudad, hay variadas actividades que pueden generar cambios en la rutina, para proporcionar momentos diferentes y poder despejarnos. Visitar lugares de la ciudad, cuando hay menos gente en ella es una buena alternativa: muchas veces vivimos en una ciudad que tiene lugares turísticos que no conocemos y que pueden resultar interesantes. Siempre que podamos pensar el momento que nos toca vivir, con creatividad , estaremos más cerca de la satisfacción. ©




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