SALUD | CARACTER | #248
La personalidad como un rompecabezas


En muchos casos existe el malestar y no hay conciencia clara de cual es la causa emocional que lo generan. Quienes buscan aliviar esas angustias inician el camino hacia el análisis de la propia personalidad, de aquello que los enoja y los vulnera.

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Frecuentemente recibo en mi consultorio a personas que buscan aliviar el sufrimiento, el dolor, las ansiedades, angustias y sus miedos. En muchos casos existe el malestar, y no hay conciencia clara de cual es el elemento anímico o la causa emocional que lo generan.
Es en este momento, donde se inicia el camino hacia el análisis de la propia personalidad, de las reacciones, de aquello que nos enoja y nos vulnera. Cabe destacar que sumergirse en la experiencia del auto conocimiento es, en si mismo, un valiente paso para dar. Frecuentemente tenemos una idea general de nosotros mismos, y solemos creer que somos buenas personas, con buenas intensiones y sin grandes errores o mezquindades guiando nuestras acciones.
Por lo tanto, empezar a echar luz sobre aquellas circunstancias que nos generan malestar, es también quedar nosotros mismos expuestos en aquellas reacciones que invisibilizamos y que probablemente impliquen comportamientos egoístas, productos del odio o de la propia intolerancia. Requiere valentía y tolerancia a la frustración sacar conclusiones más justas y realistas sobre los motivos más oscuros de nuestras acciones.
Integrar esas reacciones negativas a lo que sabemos de nosotros mismos es, al comienzo, incomodo y perturbador, pero indudablemente más justo y realista. También nos acerca a la posibilidad de tener una percepción más acertada de las reacciones de nuestro entorno, como también a la posibilidad de cambiar situaciones.
Un ejemplo para entender como funciona a veces el conocimiento pobre y limitado de nosotros mismos es el caso de Javier, que inicia terapia porque está desganado y triste, pero no sabe con exactitud la razón de dicho malestar. Javier tiene una idea limitada de su personalidad, dado que no suele reflexionar sobre sus sentimientos, y tampoco está acostumbrado a pensar sobre si mismo ni a conversar con nadie de su entorno sobre sus sentimientos.
Es en general una persona amable y callada, que aguanta silenciosamente las contrariedades de su vida cotidiana, hasta que, según él se satura y "revienta". Concurre a terapia porque se siente cada vez peor y teme estar padeciendo de depresión. Durante las sesiones, Javier comienza a pensar y a expresar sus sentimientos, al principio sorprendido e incómodo, ya que no tiene muchas respuestas sobre sus acciones, está acostumbrado a no relatar sus emociones.
Con el paso del tiempo comienza a acostumbrarse y a sentir alivio de poder expresar en palabras aquello que lo angustia. Comienza a verbalizar afectos y manifiesta que controla mejor sus impulsos y sus enojos. A su vez, se hace entender mejor y su entorno más próximo, sus familiares, reciben mejor sus explicaciones.
Como Javier, son muchas las personas que en el trabajo de psicoterapia logran develar aspectos ocultos de su personalidad, y una vez que comienzan a entender estas cuestiones y elaborar también aquello que estaba perdido o negado, surge un sentimiento de vitalidad que creían perdido.
Ganar responsabilidad sobre nuestros sentimientos y acciones nos acerca a la verdadera libertad. ©

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